Como bien sabemos, nuestro astro regente es, en este momento, clasificado como un gigante rojo, ya que se trata de una estrella vieja en las últimas etapas de su vida. Sin embargo, ese no es el último estado que alcanzará durante su existencia. En un futuro, la “muerte” del Sol podría convertirlo una enana blanca, lo que podría cambiar definitivamente su dinámica con los planetas que lo orbitan.

Recientemente, un descubrimiento compartido en la revista Nature nos ha permitido entender mejor ese posible futuro de nuestro sistema solar. Algo que, contrario a lo pensado, nos ha dado esperanzas de que el equilibrio orbital no se pierda, incluso cuando el Sol se convierta en un “caparazón” de lo que solía ser.

La observación que nos ha permitido dar un vistazo al futuro

Recientemente, un estudio realizado uno de los telescopios terrestres más poderosos de la actualidad reveló la existencia de un sistema solar único: en él, un exoplaneta rondaba a una enana blanca.

Como ya mencionamos, las enanas blancas son la fase final de la vida de las estrellas –que no se transforman en agujeros negros–. Cuando se llega a ese punto, el astro ya ha quemado todo el hidrógeno de su núcleo y, en consecuencia, no puede producir más energía. Debido a eso, su brillo suele ser casi nulo, al igual que su campo magnético.

Crédito: Mark A. Garlick.

Por ese motivo, aunque se había teorizado que los planetas podrían seguir orbitando una estrella muerta, nunca se había logrado comprobar del todo, hasta ahora. De hecho, algunas de las suposiciones indicaban que los cuerpos planetarios podrían terminar a la “deriva” al liberarse de la órbita creada por el campo gravitacional de la estrella.

Ahora, según se ha visto en el sistema recién identificado. Un planeta gaseoso tan grande como los de nuestro sistema solar podría sobrevivir la muerte de su estrella y continuar orbitando alrededor de ella.

Lo que hemos aprendido del descubrimiento

En particular, las observaciones del sistema exoplanetario ubicado en la Vía Láctea nos permitieron hacer algunos paralelismos con nuestro sistema solar. Por ejemplo, se vio que el gigante exoplanetario estaba dentro del rango de tamaño de Júpiter –teniendo una masa de 1,4 veces mayor–.

Además de lo anterior, también se estimó la distancia que el gigante exoplanetario podría tener con respecto a su enana blanca. De acuerdo al primer autor del estudio y miembro de la Universidad de Tasmania, Joshua Blackman:

Predecimos que este planeta tiene una distancia [de la enana blanca] de entre 2,5 y seis veces la distancia de la Tierra al sol, que es similar a la de Júpiter”.

Con esa información, los investigadores que pertenecen a un equipo internacional pudieron hacer variadas aproximaciones para lo que podría pasar en otros sistemas solares a lo largo de la galaxia, incluyendo el nuestro.

El futuro de los planetas tras la muerte del Sol no está escrito en piedra

De acuerdo a lo recalcado por The Guardian, Blackman y sus colegas, esta es la primera vez que se identifica un sistema exoplanetario que podría ayudarnos a ver el futuro de los planetas después de la muerte del Sol.

Según Blackman, el final de la vida de nuestro astro rey podría darse dentro de cinco o seis mil millones de años. Por lo que parece, para ese momento, los planetas interiores (como Mercurio, Venus) podrían quedar destruidos por las últimas llamaradas del gigante rojo. Por su parte, la Tierra podría sobrevivir como estructura, pero ya no sería habitable.

Del otro lado de la moneda, otros planetas gaseosos más lejanos como Júpiter y Saturno podrían tener la misma suerte del exoplaneta recién identificado. Por lo que, podrían terminar orbitando una estrella muerta sin mayores cambios.

Referencia:

A Jovian analogue orbiting a white dwarf star: https://doi.org/10.1038/s41586-021-03869-6

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