Las personas que piensan que existe algún tipo de “gran conspiración” detrás de algo en nuestras vidas nunca han sido escasas. Sin embargo, la situación de pandemia parece no solo haber aumentado la cantidad de individuos que se interesan en ellas, sino también la intensidad con la que lo hacen. De allí que, ahora, incluso los terapeutas deban empezar a pensar cómo pueden abordar las teorías conspirativas durante sus sesiones.

Ahora, gracias al escrito de Rebecca Ruiz para Mashable, sabemos que la solución para los terapeutas no es tan sencilla, ya que pone en juego una multitud de variables. A continuación, te contaremos lo más resaltante de ellas y cómo podrían actuar los psicólogos en base a ellas.

Las teorías conspirativas han extendido su alcance hasta las sesiones de terapia

Según el testimonio de algunos profesionales como Allen Lipscomb, que tiene un doctorado en psicología y ejerce como trabajador social clínico especializado en el tratamiento de hombres de color, sus pacientes han dado cada vez más paso a las terorías conspirativas dentro de sus sesiones.

De acuerdo a lo que relató para Mashable, antes los encuentros solían rondar sobre temas como las microagresiones relacionadas con la raza, el manejo del estrés, el cumplimiento de sus roles en el trabajo y el hogar, entre otros. Actualmente, aunque esos temas no han desaparecido, deben compartor los reflectores.

De ese modo, los terapeutas se han encontrado con la necesidad de lidiar con teorías conspirativas sobre el COVID-19 y las vacunas, entre otros. Unas creencias que además se alimentan de la desconfianza ante las instituciones de salud que este sector de la población ya tiene.

Según Lipscomb el problema con dichas teorías es que, en lugar de brindarles un sentido de estabilidad a sus pacientes, los hacen más desconfiados y paranoicos. En consecuencia, las personas se hacen “más susceptibles a la ansiedad, y luego, debido al nivel de ansiedad o paranoia, [sus condiciones] se vuelven debilitantes”, disminuyendo su calidad de vida.

El dilema de los terapeutas y las teorías conspirativas

De acuerdo a lo escrito por Ruiz, en ese mismo espacio donde las teorías conspirativas se vuelven de algún modo “perjudiciales” para la vida del paciente es que los terapeutas deberían intervenir. Sin embargo, no pueden hacerlo de forma directa o confrontacional, ya que podrían terminar dañando su relación con el paciente.

Es por eso que actualmente la psicología se planea un dilema con respecto al abordaje de ese tipo de creencias. Por un lado, creer en teorías conspirativas no es una enfermedad mental, por lo que los terapeutas no pueden ni deben tratarla como si lo fuera.

Terapeutas escuchando sobre teorías conspirativas.
Crédito: Wavebreakmedia. Vía Getty Images

Por eso, la psicología deberá encontrar un punto medio, un equilibrio perfecto entre no confrontar al paciente y no ofrecer tampoco apoyo a sus teorías. Claramente, aún no se ha hallado, pero se están haciendo intentos.

No todas las personas responden del mismo modo a las teorías conspirativas

Otros doctores como Ziv Cohen, quien es el fundador y director médico de Principium Psychiatry en la ciudad de Nueva York, también compartieron sus experiencias con Mashable. Según él ha podido observar, el número de pacientes que traen teorías conspirativas para hablarlas con sus terapeutas ha ido en aumento desde antes de la pandemia.

Específicamente, en su caso, ha visto que el cambio se dio luego de los trágicos eventos del 11 de septiembre. Por ese motivo, ha tenido la oportunidad de observar con un poco más de detalle las diferentes formas en las que las teorías conspirativas pueden manifestarse en la vida de sus pacientes.

Por ese motivo, la labor del terapeuta, más que confrontar, al final sería escuchar y entender por qué una teoría conspirativa caló con tanta intensidad en la narrativa de vida de una persona. Según explica, existen individuos que creen que “la narrativa oficial no es la narrativa real”. Pero, en su día a día, simplemente no piensan mucho en ello.

Del otro lado, están las personas que se obsesionan con las teorías y que comienzan a llevar a cabo sus propias “investigaciones”. En consecuencia, muchas veces pueden terminar cerrándose y alejando a sus círculos más cercanos. Algo que deja a la persona en una posición mentalmente más vulnerable y falta de un círculo de apoyo.

El problema aquí es que son escépticos de todo excepto de sus teorías de conspiración”, comenta Cohen.

Entonces… ¿qué pueden hacer los terapeutas para abordar las teorías conspirativas?

Según la Asociación Estadounidense de Psicología y la Asociación Estadounidense de Psiquiatría dijeron a Mashable, actualmente los terapeutas no tienen ningún lineamiento oficial sobre el que basarse para abordar las teorías conspirativas en sus sesiones. Por eso, cada uno está realizado sus propios intentos individuales. Pero que son orquestados con un norte general: el bienestar mental del paciente.

Por ejemplo, a inicios del año se presentó un resumen de estrategias basadas en la “curiosidad, la compasión, la empatía y la paciencia”. Ellas fueron publicadas por la organización educativa sin fines de lucro Psychotherapy Networker.

Asimismo, psicólogos como Lipscomb han desarrollado otros métodos como su ‘Enfoque BRuH’ de la terapia. Él se sustenta en cuatro principios: vinculación, reconocimiento, comprensión y curación. En otras palabras, primer busca potenciar la empatía con el paciente, para reconocer la necesidad psicológica que lo llevó a creer en una teoría conspirativa.

Luego, usa esa información para dar herramientas a los pacientes con las que lidiar mejor con los problemas de ansiedad, angustia y desconfianza que suelen ser comunes. Algo que va un poco de la mano con la experiencia que ha reportado el doctor Cohen sobre el tema.

En su caso, su propuesta es también desarrollar una terapia basada en la empatía que haga énfasis en la “soledad, depresión o ansiedad de un paciente”. Según ha visto, al dar las herramientas adecuadas a las personas, algunas llegan solas a la conclusión de que deben dejar las teorías conspirativas atrás. Otras, simplemente mejoran su salud mental, incluso si siguen creyendo en ellas.

Realmente necesitamos tratar las teorías de la conspiración como un problema de salud pública”, comentó Cohen.

Eso ya que solo así se podrán desarrollar los lineamientos necesarios para tratar con una situación cada vez más común en las terapias.

Escribir un comentario