La frase “todos los caminos llevan a Roma” ha hecho su lugar en nuestra memoria colectiva. Dicho antiguo refrán se usa incluso en la actualidad y su contexto es fácilmente entendible. Pero… ¿qué tan cercana a la realidad es tal proclamación?

La ciencia finalmente se ha dedicado a estudiarlo, pero no ha obtenido una respuesta definitiva al respecto. De hecho, al estudiar las caminerías construidas por los romanos por todo su territorio –que iba desde el Peñón de Gibraltar hasta Mesopotamia– se han descubierto otras aristas que hacen imposible decir que el refrán es o no fiel a la realidad.

¿Los caminos de la actualidad también llevan a Roma?

De acuerdo a lo reportado por Live Science, uno de los primeros elementos que llamó la atención de nuevo sobre las caminerías romanas fue un particular mapa realizado en el 2015. Detrás de él estuvieron tres investigadores del Moovel Lab, un equipo de diseño urbano alemán actualmente inactivo.

El trío se propuso crear una cuadrícula uniforme con casi 500 mil puntos aleatorios marcados en un mapa de Europa. Luego, trataron de observar qué vías cercanas a cada punto ayudarían a llegar a Roma.

El mapa que analizaba las mejores formas de llegar a Roma utilizando caminos modernos.
El mapa que analizaba las mejores formas de llegar a Roma utilizando rutas modernas. Creado por Moovel Lab. Crédito: Benedikt Groß, Raphael Reimann y Philipp Schmitt.

Al final, como podemos ver en la imagen, acabaron obteniendo un mapa con forma de árbol cuyas ramas se extienden por toda Europa que convergen luego en un solo “tronco”: Roma. Mientras más gruesas se ven las líneas, más transitada es esa vía en particular de camino a la ciudad italiana.

La particular imagen nos hizo pensar que, en efecto, “todos los caminos llegan a Roma” era más que un simple refrán. Sin embargo, la realidad es que, incluso después de una investigación como la anterior, aún no es posible afirmar algo como eso.

¿Todos los caminos llevan a Roma?

No, pero una buena parte sí. En el mapa del 2015 es posible observar cómo varios de los caminos que llevan a Roma conectan a la ciudad con otras grandes metrópolis como Londres, Constantinopla (actual Estambul) y París. Por ende, vemos que las caminerías deliberadamente conectan grandes asentamientos sin importar las distancias.

Pero eso no implica que sea un fenómeno que solo ocurra con Roma. De hecho, si se hubiera hecho el mismo ejercicio con otras ciudades como Moscú o Berlín, lo más probable es que se creara un “árbol” de caminos bastante similar.

Según Philipp Schmitt, quien participó en la creación del mapa, el detalle más importante de su estudio no fue el determinar que todos los caminos llevaban a Roma, sino mostrarnos el razonamiento de los romanos detrás de sus caminerías y cómo gran parte de ellas sentaron las bases para las rutas que utilizamos hoy.

Mapa de la antigua Roma y su imperio.
Vía Shutterstock.

Eso último debido a que, al hacer comparaciones, se notó que muchas de las antiguas vías romanas marcaron el lugar o el camino por el que se construirían las nuevas calles. Gracias a eso, incluso bajo el asfalto, podemos disfrutar de un legado que dejó atrás el imperio Romano.

Ahora, aunque los caminos de Roma hayan marcado la pauta para nuestro presente, es poco probable que fueran los más usados siempre. Después de todo, si se iniciaba el viaje desde los territorios más lejanos, las rutas marítimas terminaban siendo mucho más veloces y eficientes para transportarse.

La conexión por mar fue mucho más útil porque era más rápida y barata”, dijo. “Si quisieras ir desde el oeste de Iberia a Roma, por ejemplo, probablemente tomaste un bote y no un caballo y un carro”, acotó César Parcero-Oubiña, arqueólogo paisajista del Instituto de Ciencias del Patrimonio de Madrid, España.

¿En qué estaban pensando los romanos?

De acuerdo a Parcero-Oubiña, es muy posible que su razonamiento fuera muy similar al que utilizamos actualmente. De ser posible, crearon carreteras principales lineales que conectaran las grandes ciudades de sus territorios conquistados. Así, sus soldados y mercaderes podrían moverse con más rapidez y libertad entre provincias.

Mientras los territorios no estuvieron totalmente dominados, se hicieron carreteras alternas, menos rectas y más seguras para viajar entre ciudades. Pero, una vez todo estuvo asentado, también se hicieron otras caminerías menos elaboradas y cortas que conectaran los pueblos entre sí –sin que tuvieran que pasar por Roma–.

Actualmente, si sacamos de la ecuación la parte de la conquista, también creamos carreteras lo más directas posibles para conectar un punto con otro. En general, ellas son las que tienen una mayor afluencia de vehículos, pero definitivamente no son las únicas y existen otras alternativas para viajar sin pasar por ellas.

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