La antigua civilización egipcia se destaca en nuestra memoria como una de las culturas más avanzadas para su época. En su momento, desarrollaron estructuras y sentaron las bases para conocimientos cuyo legado aún somos capaces de identificar. Específicamente, uno que vale la pena mencionar ahora es el que sustentó las pruebas de embarazo del Antiguo Egipto, cuya exactitud compite con la de muchos sistemas actuales.

El Antiguo Egipto marcando la pauta

Los sistemas de detección de posibles embarazos no son el único avance relacionado con la maternidad que desarrollaron los egipcios. De hecho, según lo reportado por Medium, las investigaciones de la Universidad de Chicago han demostrado que las mujeres egipcias fueron muy cautelosas con la lactancia y la nutrición adecuadas de sus hijos.

Debido a eso, se colocaron por delante de otras civilizaciones contemporáneas que no habían desarrollado ese nivel de cuidados aún. Como complemento, el Antiguo Egipto también creó las pruebas de embarazo que eran capaces de predecir el sexo del bebé.

Conocimiento milenario

Por lo que se sabe, el secreto del éxito de las pruebas de embarazo estaba en el uso de dos tipos de cultivo: el trigo y la cebada. Cuando las mujeres orinaban en ellos, dependiendo de su reacción, era posible saber si estaban embarazadas o no.

En su momento, la prueba de embarazo del Antiguo Egipto llegó a ser un 70% acertada. En consecuencia, tenía un porcentaje de certeza que incluso supera algunas de las pruebas que tenemos en la actualidad.

Eso además de que sentó las bases que relacionaron los cambios en la orina con el embarazo. Un conocimiento que posteriormente se pasó a los griegos y los romanos, llegando luego a la Edad Media y, finalmente, hasta nuestros tiempos.

La acertada prueba de embarazo del Antiguo Egipto

Actualmente, sabemos que los cambios en la composición de la orina pueden revelar si una persona está embarazada o no. La información ya no nos sorprende y se han hecho infinidad de estudios científicos que lo compruebas. Ahora, la simple lógica fue lo que llevó a los egipcios a hacer esa misma relación hace más de 3.500 años.

Contrato de métayage. Papiro, escrito en escritura demótica en el año 35 de Amasis II (es decir, 533 a. C., 26ª dinastía). Vía Wikimedia Commons.

Con su nuevo conocimiento, utilizaban el trigo y la cebada como un tipo de doble prueba. De acuerdo a un papiro antiguo que revelaba parte de los conocimientos médicos de la época, si alguna de las dos cubetas con trigo o cebada comenzaba a dar brotes luego de que la mujer orinara en ella, entonces ella estaba embarazada.

Ahora, dependiendo de cuál cultivo brotara primero se podría predecir el sexo del futuro bebé. Aparentemente, si el brotaba la cebada, la descendencia sería un niño, mientras que si brotaba el trigo, entonces habría que esperar una niña.

¿Por qué no seguimos usando el método del Antiguo Egipto?

Como ya lo mencionamos, la prueba de embarazo del Antiguo Egipto era altamente funcional y tenía una exactitud del 70%. En consecuencia, podríamos pensar que su uso debería haberse mantenido hasta la actualidad. Eso sobre todo considerando que algunas de las alternativas desarrolladas más recientemente no tienen el mismo nivel de certeza.

Sin embargo, el detalle está en las diferencias biológicas que se han generado en nuestro organismo desde hace más de 3 mil años. Según se sabe, las mujeres de la época podían tener una composición hormonal diferente, con niveles de estrógeno mayores. Debido a eso, su orina podría haber reaccionado de forma más fuerte con los cultivos.

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