La metacognición, es decir, la conciencia que tenemos sobre nuestros propios pensamientos y sobre las decisiones que tomamos, ha sido intrigante desde hace mucho tiempo. Desde finales de 1970 se convirtió en un campo de estudio relativamente innovador, pero complejo, y cuánto más considerando lo poco reflexivas que son muchas personas sobre su comportamiento.

Y aunque pocos presten atención a ello, la realidad es que esta capacidad de reflexionar sobre nosotros mismos es muy importante. Gracias a ello podemos sentirnos más o menos seguros sobre las decisiones que tomamos, e incluso aprender cuando estas no hayan sido las más acertadas. Pero, ¿cómo se ve nuestro cerebro mientras lleva a cabo este proceso? Y más importante aún, ¿cómo sabe cuándo vale la pena hacerlo?

No todos son buenos en la metacognición (ni en la toma de decisiones)

En teoría, cuando nuestro cerebro genera un pensamiento, sentimiento o toma una decisión que conlleva una acción, los cientos de miles de millones de células que hicieron conexión también dejan una especie de calificación. Porque, aunque no sea evidente, todos los procesos que ocurren en esta máquina intrigante están en monitoreo constante. Podríamos decir que esto es la metacognición.

Pero no todos son buenos en ello. Además, quienes la practican (incluidos quienes lo hacen pero no saben que se llama así), no siempre hacen uso de ella. Es por ello que algunas personas pecan de confiadas, mientras que otras parecen dudar de cada paso que dan en su vida sin importar cuán pequeño sea. Esto también explica por qué algunas que suelen tomar malas decisiones siempre se sienten muy seguras de sí mismas.

El cerebro tiene que verse a sí mismo

Si lo analizamos, la tarea no es particularmente sencilla. Pensar en nuestros propios pensamientos, juzgar nuestras propias decisiones, es decir, hacer que nuestro cerebro se vea a sí mismo, no es sencillo y esta capacidad cuesta desarrollarla.

Se sabe que este proceso inicia durante la niñez y la adolescencia, y su déficit se ha relacionado con trastornos psicológicos. Por ello, resulta tan necesario desarrollar herramientas y enfoques educativos que fomenten su desarrollo. Pero lograrlo tomará años de investigación y pruebas porque aún hay aspectos que no se comprenden.

Para ello, primero es necesario separar la actividad cerebral relacionada con el proceso de juzgar con la actividad cerebral relacionada con sentirse seguro de algo. Y es tan complejo como suena, pero los científicos ya se han puesto en marcha.

Actividad del cerebro durante la toma de decisiones

Secuencia de la actividad cerebral en la corteza durante la tarea de juzgar decisiones propias.
La actividad cerebral en la corteza durante la tarea. Tarry XYZ , 
Fourni par l’auteur.

Uno de sus experimentos consistió en medir la actividad cerebral de los participantes mientras tomaban decisiones con base en una secuencia de imágenes sucesivas. Por ejemplo, les mostraron una línea casi vertical y les preguntaron si estaba inclinada hacia la izquierda o hacia la derecha. Luego, se les preguntaron cuán seguros se sintieron de lo que decidieron.

Algunos participantes se comprometieron con su decisión antes de ver las imágenes. En estos casos, la actividad cerebral relacionada con la toma de decisiones se reducía, pero continuaba.

Cuando vieron las imágenes, no las usaron para tomar una decisión, sino para evaluar su confianza. En estos casos, la actividad cerebral relacionada con la decisión se terminaba, por lo que la observada correspondía a la confianza. Así lograron separar ambos procesos.

De este modo, pudieron ver lo que ocurría en el cerebro de las personas en el proceso. Los investigadores descubrieron actividad relacionada con la confianza en áreas del cerebro que también están asociadas con el comportamiento impulsado por objetivos. Fue analizando este resultado que surgió otra duda: ¿cuándo hay que hacerlo?

Pensar antes de tomar una decisión

La conclusión final fue sorprendente. En general, se cree que nuestro cerebro primero toma una decisión y luego evalúa si hay suficiente evidencia como para sentirse seguro de ella. De forma más simple, primero pensamos, y luego pensamos en pensar.

Sin embargo, el patrón de actividad cerebral relacionado con la confianza en este experimento evolucionó antes de que los participantes tomaran su decisión. Esto quiere decir que no solo nos basamos en la confianza, sino también en la incertidumbre para mejorar el comportamiento futuro.

Capacidad de juzgar decisiones propias en todo momento

Los investigadores también destacan una posibilidad adicional muy interesante: puede que nuestra misma confianza nos ayude a deliberar sobre si necesitamos más evidencia o si tenemos suficiente para actuar. Es decir, la falta de seguridad no tendría por qué ser la desencadenante de mejores decisiones.

De hecho, el resultado de un experimento separado apoya esta idea. Durante el mismo, los participantes con mejor metacognición también sabían cuándo era momento de dejar de deliberar y tomar finalmente una decisión.

El cerebro es la máquina más eficiente. Al parecer, su capacidad de juzgar sus propias decisiones está en ejercicio en todo momento, lo que le permite monitorear y evaluar su propio desempeño.

Referencia:

What happens when your brain looks at itself? https://theconversation.com/what-happens-when-your-brain-looks-at-itself-167938

Escribir un comentario