En 1922, el adolescente Leonard Thompson, de 14 años, había recibido una sentencia de muerte para la época: padecía de diabetes mellitus tipo 1. Pesaba tan solo 30 kilos y estaba a punto de sufrir un coma cetoacidótico, lo que lo conduciría a un inminente fin. La última esperanza para él era ser inyectado con un medicamento experimental recientemente desarrollado. Casi milagrosamente, Thompson logró recuperarse, y todo gracias a la invención de la insulina.

Los responsables del desarrollo de la insulina fueron Frederick Banting, profesor de la Universidad de Toronto, y su alumno, Charles Herbert Best, pero su descubrimiento no hubiera sido posible sin estudios previos de otros científicos.

Celebrando 100 años de insulina | Lilly LATAM
Leonarf Thompson, primer paciente diabético tratado exitosamente con insulina.

Por ejemplo, en 1889 los investigadores alemanes Oskar Minkowski y Joseph von Mering encontraron que, cuando se le removía el páncreas a un perro, este fallecía luego de desarrollar síntomas de diabetes. Así determinaron que las “sustancias pancreáticas” eran fundamentales para la supervivencia.

Sin embargo, no fue sino hasta 1910 que Sir Edward Albert Sharpey-Shafer decidió investigar las células pancreáticas llamadas conocidas como los islotes de Langerhans para descubrir que las personas desarrollaban diabetes debido a que su páncreas no producía cierto químico, la hormona “insulina”, nombre que provenía del latín “Insula” que significa “isla”.

Esta hormona se encarga de metabolizar los hidratos de carbono. Cuando el organismo deja de segregar insulina, aumenta la proporción de glucosa en la sangre en niveles peligrosos, lo cual se traduce en la enfermedad de la diabetes.

Diez años más tarde, Banting y Best lograron remover la insulina del páncreas de un perro. Posteriormente, lograron mantener vivo a otro can con diabetes severa durante 70 días, el cual falleció solo cuando ya no había más extracto.

Charles Herbert Best y Frederick Banting
Charles Herbert Best y Frederick Banting

De esta forma, y gracias a la colaboración de sus colegas J.B. Collip y John Macleod, lograron desarrollar una forma de insulina más refinada y pura a partir del páncreas del ganado.

Pero el joven Thompson no se convirtió en el primer individuo en ser salvado por la insulina. Antes que él, la perra Marjorie se había convertido en el primer ser vivo en ser tratado con dicha sustancia, y debido a que su caso había sido un éxito, se hicieron finalmente las pruebas en los humanos.

El 11 de diciembre de 1921 se hizo la primera prueba en humanos, pero esta falló. La fórmula se modificó y se hizo la siguiente prueba en Thompson, quien dejó de tener síntomas en las 24 horas después de que se le administró el medicamento.

Tal hazaña hizo que en 1923 Banting y Macleod recibieran el Premio Nobel de Medicina, el cual compartieron con Best y Collip. Poco después, la firma Eli Lilly comenzó con la producción masiva del medicamento con el objetivo de cubrir el continente americano. 

Con el paso del tiempo, las fórmulas fueron mejorando. Al inicio la insulina extraída de vacas y cerdos causaba alergia a algunos de los pacientes, hasta que en 1978 se produjo la primera insulina “humana” sintética a partir de la bacteria E. coli. 

Actualmente existe una gran variedad de insulina para cada tipo de paciente. Gracias a décadas de investigaciones, la diabetes pasó de ser una sentencia de muerte a una condición bastante común que, con el tratamiento adecuado, no le impide al paciente disfrutar de una vida plena.

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