Durante mucho tiempo se ha creído que las escuelas autónomas también son públicas, es decir, que están abiertas a todos los estudiantes. Sin embargo, esta afirmación parece distar mucho de la realidad.

El profesor e investigador Kevin Welner ha publicado un artículo en el que expone los hallazgos más resaltantes que demuestran que hay diferencias significativas. Estos se presentaron en un libro titulado “Elección de la escuela”.

Lo que diferencia a las escuelas autónomas de las públicas

Según la Alianza Nacional de Escuelas Autónomas Públicas, la inscripción de estudiantes en escuelas autónomas aumento un 7% en del período 2019-2020 al 2020-2021. Esta misma afirma que este incremento es el mayor registrado en media década.

Niño con uniforme de escuela autónoma. Frente a él, un escritorio, libros, lápices de color, reloj y lentes,

Estos datos no necesariamente sirvan como evidencia de que la escuelas autónomas son también públicas. En su nuevo libro, los autores describen 13 enfoques diferentes que utilizan estas instituciones para atraer a ciertos estudiantes y descartar a otros. Entre ellos, la implementación de estrategias de marketing bien diseñadas y dirigidas a un público objetivo; la aplicación de pruebas adicionales y muy específicas; padres voluntarios como requisito para la inscripción, ademas de disciplina dura y tradicional.

Estrategias de marketing

Las escuelas autónomas suelen usar estrategias de marketing dirigidas a un público en cuestión, enviando un mensaje de que buscan un perfil particular de estudiante. De este modo, su proceso de captación atrae a algunos, pero desanima a otros, algo que va en contra de la educación pública.

Por ejemplo, Mueller Charter Leadership Academy en San Diego afirma que “todos los estudiantes elegibles son bienvenidos a postularse”. Pero al mismo tiempo, advierte que su programa “es muy avanzado y exigente”, por lo que “puede que no sea apropiado para todos”.

Algunos enfoques pueden estar dirigidos a ciertos grupos étnicos, omitiendo a otros. Por ejemplo, la Academia LISA en Little Rock, Arkansas, en 2016 envió correos de reclutamiento omitiendo tres códigos postales correspondientes a partes de la ciudad mayoritariamente pobladas por personas afrodescendientes y latinas.

Exámenes condicionales

Algunas escuelas autónomas solicitan a sus prospectos estudiantiles aplicar a varios ensayos como condición para la inscripción inicial o continua. Como ejemplo, Roseland Accelerated Middle School en Santa Rosa, California, que solicitó cinco ensayos cortos más una autobiografía usando “una estructura variada y bien construida”.

Se requiere que los padres de los estudiantes sean “voluntarios”

Aunque parezca incleíble, algunas escuelas autónomas requieren que los padres se ofrezcan como voluntarios durante una cierta cantidad de tiempo; en caso de no poder, pueden sustituir el trabajo voluntario con dinero.

La inscripción a Pembroke Pines Charter High School en Florida requería que cada familia completara 30 horas de voluntariado por año. A pesar de ello, permitió la compra de 20 de esas horas, lo que supone una carga adicional, tanto de tiempo como de dinero, para las familias, en especial las que pasan por dificultades económicas.

Disciplina estricta y anticuada

Históricamente, los estudiantes de escuelas autónomas se han educado a partir de disciplina dura. Incluso infracciones menores como masticar chicle o no mantener la vista hacia el educador durante la clase han ameritado castigos severos. En ciertos casos, recurren incluso a suspensiones que interrumpen la dinámica familiar.

El impacto de los enfoques aplicados en las escuelas autónomas

Con base en estos y otros enfoques detallados en la obra, los investigadores afirman que las escuelas autónomas funcionan más bien como escuelas privadas y no como escuelas públicas, aunque mucha gente piense lo contrario.

Como ya explicamos, estas estrategias de captación de ciertos perfiles estudiantiles influyen en la segregación. Además, afectan la equidad de la financiación, en especial en lo que respecta a los estudiantes con necesidades especiales.

En el estado de Pensilvania, por ejemplo, el sistema actual proporciona a las escuelas autónomas “el mismo financiamiento para cada estudiante con una discapacidad, independientemente de la gravedad de la discapacidad de ese estudiante”.

Autobús escolar.

Un informe de la Comisión de Financiamiento de Educación Especial legislativa bipartidista del estado advierte las consecuencias de esta dinámica. Esto “crea un fuerte incentivo para sobreidentificar a los estudiantes con discapacidades menos costosas y para identificar insuficientemente (o inscribir menos) a los estudiantes con discapacidades más graves (o más costosas)”. De forma simple, es una forma práctica de conseguir más fondos pero sin destinarlos a quienes más los necesitan.

Además, los enfoques descritos en el libro también asoman otras diferencias significativas entre las escuelas autónomas y las escuelas públicas más tradicionales administradas por un distrito escolar.

Hasta ahora, no se han observado diferencias significativas en la calificación promedio de las pruebas para los dos tipos de escuelas, pero esto no necesariamente refleje la realidad; es probable que la forma en que se han hecho las comparaciones no sean las más adecuadas. Por ejemplo, el sistema de “selección” de estudiantes de las escuelas autónomas puede darles una ventaja injusta en comparación con las públicas, que sí aceptan a todo tipo de estudiantes.

Referencia:

Why charter schools are not as ‘public’ as they claim to be. https://theconversation.com/why-charter-schools-are-not-as-public-as-they-claim-to-be-168617

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