Recientes estudios analizando encuestas psicológicas han revelado un sesgo cultural que podría llevarnos a subestimar el dolor de los más pobres. Debido a él, tendemos a creer que aquellos con un nivel socioeconómico menor tienen una mayor “tolerancia” al dolor y, en consecuencia, también a las afecciones que lo causan.

Claramente, esa perspectiva no tienen ninguna base científica, pero igualmente parece estar arraigada en nuestro subconsciente. En ocasiones anteriores se había mencionado su existencia, pero solo es ahora que se ha estudiado en profundidad la existencia (y potencia) del sesgo.

Para realizar la investigación, se unieron Kevin M. Summers, Jason C. Deska, Steven M. Almaraz, Kurt Hugenberg y E. Paige Lloyd. En conjunto, realizaron una publicación que se ha dado a conocer recientemente a través del Journal of Experimental Social Psychology.

Sesgos en la interpretación del dolor

El dolor, a pesar de ser una sensación universal, no puede ser medido de forma estandarizada. En general, su percepción y entendimiento depende de perspectivas subjetivas tanto de los ciudadanos comunes como de los profesionales de la salud.

Como consecuencia, la interpretación del dolor ajeno puede ser fácilmente modificada por sesgos arraigados en nuestra cultura. Según se explicó en el estudio, elementos como el sexo y el color de piel suelen hacer también la diferencia a la hora de marcar cómo se interpretan episodios dolorosos.

Vía Wikimedia Commons.

Por ejemplo, se suele subestimar el dolor tanto de las mujeres como de las personas de color. En consecuencia, el sufrimiento de una mujer de color podría ser desestimado en comparación con el de otros grupos.

Ahora, la investigación más reciente se dedicó a determinar si la percepción de dolor también podía ir ligada al estatus socioeconómico de la gente. Fue así como determinaron que las personas tenían una mayor tendencia a subestimar el dolor de los pobres, sin importar su género o su color de piel.

Un sesgo podría hacernos subestimar el dolor de las personas pobres

Para poder determinar la existencia y el alcance del sesgo sobre el estatus socioeconómico (SES) de las personas, se realizaron 10 experimentos con encuestan. En total, se contó con la participación de 1.500 voluntarios.

Los resultados revelaron que cuando las personas no sabían sobre otros detalles más que la “herida” hipotética de la persona y su estatus socioeconómico tedian a medir su dolor de forma proporcional al su nivel económico. Fue así como los participantes calificaron como menor el dolor de un camarero ante el de un abogado, aunque en ambos casos se haya descrito exactamente la misma herida.

El simple hecho de conocer el estado socioeconómico de un amigo o extraño (que según las investigaciones se puede inferir fácilmente a partir de sutiles señales verbales y no verbales) puede influir en la cantidad de dolor que se les atribuye y, por lo tanto, en la cantidad de apoyo que se les ofrece”, dijo el psicólogo Summers, de la Universidad de Denver.

Por su parte, los experimentos que incluyeron información adicional como el sexo y el color de piel mostraron que las mujeres o personas de color de bajo estatus social tuvieron más episodios en los que su dolor fue subestimado. Sin embargo, de igual forma el factor más determinante fue el SES, incluso sobre los otros sesgos.

¿Y de dónde ha salido tal sesgo?

Según los resultados de las encuestas realizadas, los participantes solían justificar su sesgo al pensar en las circunstancias de vida de los afectados. En general, si las personas eran pobres, el sesgo ayudaba a subestimar su dolor al hacer pensar a los participantes que su vida de carencias los había “fortalecido”. De esa forma, deberían ser más “resistentes” contra los dolores que alguien que hubiera tenido una vida más cómoda.

Observando en profundidad, se determinó que tal sesgo estaba incluso entre los profesionales de salud. Un detalle que preocupó enormemente a los investigadores. Eso debido a que, si no un doctor llega a subestimar el dolor de un paciente, entonces le ofrecerá menos tratamientos y medicamentos para tratarlo.

Algo que, a la larga, perjudicará la calidad de vida de las personas. De allí que los investigadores hagan hincapié en la importancia de hacer notar la existencia del sesgo, de forma que los profesionales de salud puedan estar conscientes de él y entrar en consciencia de su existencia. Todo para que, a la hora de realizar un diagnóstico, puedan mirar más allá de él.

Referencia:

Poverty and pain: Low-SES people are believed to be insensitive to pain: https://doi.org/10.1016/j.jesp.2021.104116

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