Los cambios del clima en los territorios que cuentan con los cuatro cambios estacionales (primavera, verano, otoño, invierno) vienen de la mano con claras modificaciones en el estilo de vida de las personas para adaptarse a las nuevas condiciones. Ahora, nosotros no somos los únicos que nos preparamos para esos momentos. Como un claro ejemplo de eso, podemos ver cómo algunos animales cambian su comportamiento cuando se acerca el otoño.

Para poder abordar el tema, contamos con el escrito realizado por Elizabeth Duncan, profesora asociada de zoología, y Thomas Dally, becario de investigación postdoctoral, ambos miembros de la Universidad de Leeds. Dentro de su texto, que se publicó en el portal The Conversation, se aborda la forma en la que el clima y el comportamiento de animales invertebrados, como los insectos, parecen estar entrelazados.

El comportamiento de los insectos cambia cuando llega el otoño

Sabemos bien que los animales suelen reaccionar con anticipación a los cambios ambientales, ya que pueden percibirlos antes que nosotros. En el caso de los insectos, eso es particularmente cierto puesto que son altamente vulnerables a las modificaciones de su entorno. Por lo que, en consecuencia, deben poder reconocerlas y adaptarse rápidamente a ellas para asegurar su supervivencia.

Es por eso que algunas especies como las mariposas pintadas deciden volar a climas más cálidos, pasando el otoño y el invierno en el Norte de África. Por su parte, otros insectos que no pueden o quieren moverse tan lejos, simplemente activan un proceso conocido como “diapausa”.

Básicamente, es un tipo de “hibernación” que les permite a los insectos simplemente encontrar un sitio seguro en el que refugiarse y simplemente esperar a que lleguen climas más cálidos. Asimismo, otros simplemente generan proteínas “anticongelantes” que los ayudan a hacer frente al frío como un reemplazo para la sangre caliente que no tienen.

Pero… ¿cómo lo hacen?

Temporada de otoño en la naturaleza, afectando el comportamiento de los animales.
Vía Pixabay.

En primer lugar, el comportamiento de animales como los insectos puede cambiar porque sienten con antelación la llegada del otoño. Según explicaron los profesores para The Conversation, uno de los primeros factores que alerta a las criaturas podría ser la luz.

A diferencia de nosotros, y de otros animales vertebrados, los insectos no tienen solo un par de ojos. De hecho, tienen todo un sistema de visión mucho más complejo e interconectado. Como consecuencia, pueden detectar cambios en los niveles de luz que para nosotros serían imperceptibles.

En consecuencia, pueden comenzar sus procesos para mantenerse a salvo de las temperaturas bajas. Lo que implica iniciar su viaje, comenzar a buscar o fabricar un refugio para el invierno o iniciar la producción de proteínas anticongelantes.

Todo en perfecto equilibrio

La desaparición, muerte o mudanza temporal de los insectos podría hacernos creer que hay menos de ellos cuando el verano está terminando. Sin embargo, todo es parte de un equilibrio perfecto. Eso debido a que el comportamiento de los animales durante el otoño no solo los favorece a ellos, sino que ayuda a mantener el equilibrio de sus ecosistemas.

Con menos competencia, las crías de abejas y abejorros que serán las próximas reinas de nuevas colonias tienen más oportunidad de recolectar polen y, sobre todo, azúcar. En ese punto, el comportamiento de las avispas es el que suele volverse particularmente afanado. Lo que, al final, termina favoreciendo a las últimas flores de la temporada, que entonces viven un intenso proceso de polinización.

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