La naturaleza suele servir de inspiración para la ciencia. Por ejemplo, recientemente informamos sobre una nueva forma de imprimir imágenes a color con tinta transparente basada en la forma en que algunos animales nos muestran sus colores. Ahora los científicos presentan la estructura voladora más pequeña jamás construida inspirada en la forma en que los árboles dispersan sus semillas.

Un equipo de la Northwestern University en Illinois desarrolló un microchip volador que es más apenas más grande que un grano de arena. Sin embargo, esto no se compara con su enorme utilidad. Según indican en su artículo en Nature, este podría servir para monitorear diferentes entornos y recolectar datos.

Sistemas electrónicos pequeños capaces de volar

El objetivo inicial de los científicos era convertir los sistemas electrónicos pequeños en estructuras voladoras con alas incorporadas que les permitieran permanecer en el aire el mayor tiempo posible.

La utilidad es diversa, pero siendo concisos, los microchips voladores servirían para monitorear el entorno con diferentes fines; por ejemplo, para la búsqueda de señales de contaminación, vigilar a ciertas poblaciones e incluso para hacer seguimiento a enfermedades.

Un microchip volador capaz equipado con tecnología sofisticada para monitoreo

El microchip volador más pequeño del mundo.
Microchip volador diseñado para monitoreo de entornos. Crédito: Northwestern University.

Incluso el microchip volador más pequeño puede equiparse con tecnología en miniatura especialmente diseñada para cumplir un propósito específico. Hablamos de sensores, fuentes de energía, antenas para el intercambio de señales de forma inalámbrica y en diferentes altitudes. ¿Y por qué no una memoria integrada de almacenamiento de datos? A final de cuentas, su principal función será la recolección de los mismos.

En un contexto de derrame de petróleo, donde es tan difícil monitorear el avance debido a los riesgos del contacto humano con los contaminantes y la imposibilidad de llegar a ciertas zonas, contar con ellos sería muy útil. También podría ser útil para rastrear los niveles de contaminación atmosférica a diferentes altitudes. Bastaría con dejarlos caer en masa a cierta altura y dispersarse tal y como cuando las semillas de los árboles son arrastradas por el viento.

Una nueva forma de contaminación

Y aunque el diseño es sumamente atractivo, hay una realidad que merece atención aún. La dispersión masiva de estos microhips voladores tan diminutos también podría suponer un nuevo tipo de contaminación ambiental.

Por el momento no hay una solución para este obstáculo, pero hay ideas en juego. Entre ellas, construir los microchips voladores con materiales biodegradables o que se desintegren sin causar mayor daños alrededor.

Microchip volador sobre los dedos de una mano humana.
Crédito: Northwestern University.

“Se deben considerar cuidadosamente los métodos eficientes de recuperación y eliminación”, escriben los autores. “Una solución que evita estos problemas explota los dispositivos construidos con materiales que se reabsorben naturalmente en el medio ambiente a través de una reacción química y/o desintegración física en productos finales benignos”.

Esta parece ser la opción más idónea por el momento. John A. Rogers , quien dirigió el desarrollo del nuevo dispositivo, la está explorando en su laboratorio, donde desarrolla componentes electrónicos transitorios que se disuelven en agua después de cumplir su función o al dejar de funcionar. De modo que el próximo paso será encontrar materiales adecuados que puedan proveer esta característica al microflier.

Referencia:

Three-dimensional electronic microfliers inspired by wind-dispersed seeds. https://www.nature.com/articles/s41586-021-03847-y

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