Los bebederos de agua parecen haber pasado a la historia en las escuelas del distrito Chapel Hill-Carrboro en Carolina del Norte, donde los estudiantes recibirán botellas que podrán llenar sin necesidad de acercar su boca a la fuente como se hacía tradicionalmente. La estrategia forma parte del plan de regreso a clases de forma segura para prevenir la transmisión de la COVID-19 en entornos escolares.

Las fuentes no se removerán ni reemplazarán por dispositivos nuevos, sino que se equiparán con llenadores de botella que limitarán el contato directo. Pero, ¿es realmente esto necesario? ¿Los bebederos de agua pueden aumentar el riesgo de contraer el coronavirus en una escuela?

El riesgo es bajo, pero es mejor ser cautelosos

Un estudio publicado por Cambridge University Press en marzo de este año arrojó algo de evidencia al respecto. Los investigadores a cargo recolectaron 25 muestras de equipos de juegos y de bebederos de agua, específicamente del botón de dispensación y del grifo de las fuentes.

Mano de una persona usando un bebedero de agua público.

El experimento abarcó seis ciudades del centro de Israel, donde había una “alta prevalencia general de la enfermedad”. Entre las 25 muestras, solo una dio positivo para presencia del coronavirus, a pesar de muchas personas contagiados pudieron haber tocado dichos sitios.

Con base en ello, Rachel Graham, profesora asistente de epidemiología en la Escuela de Salud Pública Global UNC Gillings, afirma que, hasta ahora, los bebederos de agua escolares no presentan una vía de contagio directo de la COVID-19. Sin embargo, el riesgo “no está completamente ausente”, por lo que este tipo de medidas sí parecen necesarias.

Lo que pasa si un niño con COVID-19 usa una fuente de agua

Graham explica que los niños pueden tener cargas virales significativas “en la la superficie de las mucosas, es decir, en la nariz, quizás también en la boca”. Si al contagiarse con el coronavirus entran en contacto con una fuente de agua, pueden dejar estos fluidos en su superficie y exponer a otros niños que también la usen luego.

El riesgo es bajo, pero si lo analizamos en un contexto más amplio, la medida es más que acertada. Existen muchos otros patógenos, además del coronavirus SARS-CoV-2, que pueden transmitirse a través del agua o del uso compartido de bebederos escolares. Entre ellas, el virus de la influenza, o bacterias que causan diarrea. Y contraer una de estas infecciones puede aumentar la vulnerabilidad de los niños a la COVID-19.

Una medida preventiva que aplica para otros entornos

Niño en edad escolar bebiendo agua de una botella personal.

Eric Allen, director ejecutivo senior de operaciones del distrito de escuelas, dijo que la decisión de modificar los bebederos de agua escolares va en seguimiento de las pautas presentadas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Carolina del Norte para evitar la transmisión de la COVID-19.

“Al cerrar la capacidad de beber directamente de las fuentes, reducimos la (posibilidad) de que alguien beba de la fuente después de que otra persona la haya tocado con los labios o la saliva”, dijo.

Por lo tanto, aunque el riesgo es bajo, en el contexto actual la prevención es lo primero. La recomendación no aplica solo a estudiantes, sino a todo aquel que acostumbrara usar fuentes de agua compartidas, como las de los gimnasios u oficinas. Lo mejor es llevar una botella para recargarla y evitar acercar las vías orales y respiratorias.

Referencia:

Do school fountains spread COVID? Why one district is giving students water bottles. https://medicalxpress.com/news/2021-09-school-fountains-covid-district-students.html

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