Si bien el análisis de muestras nasofaríngeas fue la forma más confiable de detectar o descartar la infección con coronavirus, su carácter invasivo y desagradable ha causado ciertos incidentes a lo largo de la pandemia. Por ejemplo, un hombre que se realizó una prueba de COVID-19 experimentó una secreción nasal persistente que resultó ser una fuga de líquido cefalorraquídeo.

Inicialmente, pensó que se trataba de alergias, pero nueve meses después una consulta médica le reveló la verdad. Los investigadores describieron el caso en JAMA Otolaryngol Head Neck Surg.

Secreción nasal durante 9 meses

Después de haber tenido contacto con una persona con COVID-19, un hombre en República Checa se sometió a una prueba de frotis nasal para determinar si había contraído también la infección. La prueba se realizó en marzo de 2020, y por fortuna, el resultado fue negativo para el coronavirus; sin embargo, tras realizarla, el paciente experimentó una secreción en la fosa nasal derecha.

El síntoma persistió durante meses, hasta que en diciembre de 2020, el hombre decidió ir a consulta, donde ordenaron hacer una tomografía computarizada de su cráneo. Las imágenes mostraron una lesión en la placa cribiforme, un hueso que separa la nariz y el cerebro, la cual estaba causando una fuga de líquido cefalorraquídeo (LCR), sustancia transparente que circula a través del cerebro y la médula espinal.

Una fuga de líquido cefalorraquídeo aumenta el riesgo de meningitis

La afección es poco común y puede surgir por una lesión en la cabeza o una cirugía cerebral o de los senos nasales. Sin embargo, tener consecuencias graves más allá de la pérdida del líquido vital para el funcionamiento cerebral. La fuga de líquido cefalorraquídeo aumenta el riesgo de meningitis, una infección de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal.

Curiosamente, a pesar de su gravedad, la fuga ocurre por un solo lado de la nariz. Además, los pacientes pueden experimentarla durante años antes de que desarrollen problemas graves, y su confusión con secreción nasal puede retrasar su diagnóstico.

La prueba de COVID-19 pudo ser la causa de la fuga de líquido cerebral

En este caso, la fuga de líquido cefalorraquídeo probablemente fue consecuencia de la prueba de COVID-19. Como muchos saben, la toma de muestra se realiza introduciendo un hisopo en lo más profundo de la nariz, donde la cavidad nasal se conecta con la parte superior de la garganta.

Hisopos y sensores para muestras y pruebas de COVID-19.

En una oportunidad previa hablamos de un caso similar, pero en general, estos se consideran extremadamente raros ya que las pruebas ni siquiera deberían causar dolor.

El riesgo parece aumentar cuando las personas tienen condiciones preexistentes; sin embargo, este nuevo informe parece ser el primer caso de un fuga de líquido cefalorraquídeo luego de una prueba de detección de COVID-19 en un paciente sin defecto craneal alguno.

Cirugía para cerrar la lesión

Para solventarlo, los médicos llevaron a cabo una cirugía con el objetivo de cerrar la lesión, luego de lo cual recetaron antibióticos para prevenir infecciones. Y aunque se recuperó bien, tres semanas después informó que no podía percibir olores por la fosa nasal derecha.

Aunque siguen siendo un estándar, las pruebas nasofaríngeas se han turnado con otros tipos de test desarrollados para acelerar y facilitar el trabajo del personal sanitario. Sin embargo, reportar este tipo de casos de importante para que los encargados de la toma de muestras y los pacientes vulnerables tomen las previsiones necesarias.

Referencia:

Cribriform Plate Injury After Nasal Swab Testing for COVID-19. https://jamanetwork.com/journals/jamaotolaryngology/fullarticle/2784128

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