Si hablamos de personajes insólitos e increíblemente importantes en la historia, definitivamente no podemos dejar de lado a Hildegarda de Bingen. Esta monja de la Edad Media influyó fuertemente en el cristianismo medieval y, al mismo tiempo, su legado se convirtió en la primera expresión feminista de la historia.

Nació en 1098 Bermersheim vor der Höhe, Alemania, en el seno de una familia noble de diez hijos, de los cuales ella era la más joven. Mucho antes de que naciera, ya sus padres habían decidido el futuro de Hildegarda: al ser la décima sería considerada el diezmo para Dios, así que se la entregaron a la Condesa Jutta de Spanheim para que ella le enseñara a tomar los hábitos.

La condesa la acogió durante más de una década y la instruyó en todo lo que necesitaba saber para convertirse en una monja. A sus 14 años, finalmente ingresó al convento de Disibodenberg, en donde fue instruida con una educación monástica basada en enseñanzas de lengua latina, lectura de la Sagrada Escritura y canto gregoriano.

A partir de entonces vivió una vida no menos que insólita para cualquier persona en la Edad Media, empezando por el hecho de que no fue condenada por brujería luego de admitir que había estado teniendo visiones desde los tres años, algo que sí le ocurrió a otros personajes históricos, como a Juana de Arco. Por el contrario, luego de que lo reveló por fin, el clero se puso a su servicio.

La autora Ángeles Caso en su libro “Las olvidadas” asegura que Hildegarda de Bingen había sabido manejar la situación a su favor:

Fue no solo inteligente, sino astuta y manipuladora cuando le convino. Y al igual que otras muchas mujeres a lo largo de la historia, disimuló su talento y su sabiduría detrás de un discurso aplacador de las posibles iras masculinas”.

Aseguraba que las visiones venían como una especie de luz acompañada de música, y que estas no le hacían perder el sentido ni sufrir éxtasis. Hildegarda decía que las vivía constantemente, así que prácticamente eran parte de su día a día.

Mensajes divinos

Retrato de Hildegard von Bingen

Sin embargo, hubo una época en su vida en la que las visiones empeoraron y se hicieron muy constantes. Durante este tiempo, Hildegarda de Bingen sintió que le había sido encomendado escribir sobre sus visiones que tuviera a partir de ese entonces.

Así lo hizo, y poco tiempo después publicó su primera obra, ‘Scivias’, la cual sería cuestionada fuertemente por los eclesiásticos más poderosos. Sin embargo, Hildegarda obtuvo el apoyo inesperado del Papa Eugenio III, quien la investigó para asegurarse de que sus afirmaciones eran reales. Tal fue la impresión del Papa que incluso fomentó la lectura de la obra entre sus propios colegas.

De esta forma, Hildegarda se convirtió en la sibila del Rin y comenzó a ser considerada una pieza clave para la Iglesia en la región, al punto que personas de todo el mundo iban a visitarla para conocer la verdad tras sus visiones. Para la época, su posición política y religiosa era muy respetada a pesar de ser mujer, lo cual era insólito para la época.

Contra algunos escépticos

Como es de esperarse, muchos no se fiaban de la palabra de Hildegarda, pero esta desconfianza se incrementó a partir de un suceso relacionado con un caballero que había sido excomulgado.

Ocurrió luego de la muerte del caballero, el cual había sido sepultado en suelo santo y, por lo tanto, debía ser exhumado y reubicado en otro suelo diferente. Hildegarda se negó rotundamente, lo cual le conllevó un castigo en el cual se le prohibía tener misa y cantar salterio.

En vista de esto, Hildegarda, que para entonces ya era abadesa, decidió componer nuevos textos sagrados para poder cantarlos y mantener su devoción religiosa. En total compuso 78 nuevas obras musicales que se convirtieron en cantos muy valiosos para la Iglesia.

Sexóloga y filósofa

Como si fuera poco que una mujer monja se convirtiera en escritora, compositora y vidente durante la Edad Media, Hildegarda de Bingen también dio su propio punto de vista acerca de la liberación sexual femenina.

Como la abadesa era muy buena con las palabras y lograba transmitir su mensaje sin despertar la ira de los eclesiásticos, nunca hubo ningún tipo de sanción luego de que explicara que la mujer también sentía placer en el acto sexual. A pesar de ser virgen, Hildegarda escribió detalladamente en su libros ‘Cause et cure’ cómo ocurría un orgasmo en las mujeres:

Cuando la mujer se une al varón, el calor del cerebro de ésta, que tiene en sí el placer, le hace saborear a aquél el placer en la unión y eyacular su semen. Y cuando el semen ha caído en su lugar este fortísimo calor del cerebro lo atrae y lo retiene consigo, e inmediatamente se contrae la riñonada de la mujer, y se cierran todos los miembros que durante la menstruación están listos para abrirse, del mismo modo que un hombre fuerte sostiene una cosa dentro de la mano”.

Y además de tales afirmaciones, Hildegarda también dio su propia interpretación del Génesis con respecto a la historia de Adán y Eva. La abadesa trató de devolverle la dignidad a la mujer asegurando que había sido injustamente tratada pues, según su criterio, Eva no tenía la culpa de que Adán mordiera la manzana, sino que todo había sido planificado por el Diablo para engañarlos a ambos, quien había hecho que para ellos fuese imposible abstenerse a probar el fruto divino.

Luego de una vida de grandes aportes, Hildegarda falleció en 1179 a los 81 años, una edad increíblemente avanzada para una época en la que la esperanza de vida era de apenas 40 años.

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