La contaminación de las aguas es un problema que no nos es ajeno. Por años, hemos escuchado cómo la situación causa problemas de salud graves para los animales, aumentan la oportunidad de que se propaguen enfermedades e, incluso, afecta el equilibrio económico mundial. Para contrarrestarla, se han tomado infinidad de medidas preventivas, pero ni siquiera ellas pueden garantizarnos que el agua que bebemos es realmente segura.

De hecho, según la investigación, realizada por Paul J. Ferraro y Carsten Prasse, lo más probable es que no lo sea. Para explicar su planteamiento, publicaron en Nature Sustainability su estudio realizado en Estados Unidos.

Riesgo latente: no toda el agua que bebemos es realmente segura para nosotros

En la actualidad, sabemos que beber agua que no esté filtrada, o de purificadores sin mantenimiento, no es la decisión más segura de todas. Asimismo, estamos conscientes de que se desarrollan mecanismos cada vez más eficientes para detectar microbios y otros contaminantes en el agua.

Agua en vaso sobre fondo negro.
Vía PxHere.

Sin embargo, tal como lo ha mostrado el reciente estudio de los miembros del Environmental Working Group, eso no nos exonera de que, incluso tomando todas las previsiones, no nos estemos exponiendo a agua contaminada con químicos peligrosos. Un detalle que se refuerza con el hecho de que las actuales leyes reguladoras de la contaminación acuática solo cubren un pequeño abanico de químicos y no los elementos que se pueden producir cuando reaccionan entre ellos.

Para proteger el agua potable, debemos ir más allá de analizar los contaminantes por partes y, en cambio, centrarnos en las mezclas químicas que circulan e interactúan entre sí y dejan a los consumidores en riesgo”, afirmó Prasse.

MiAMI, el nuevo método para medir la seguridad del agua

Para poder contrarrestar la situación actual, los investigadores desarrollaron un nuevo sistema al que llamaron MiAMI (Mixture, Assay, Measure, Innovate). Básicamente, su propuesta implica enfocar los análisis del agua en las mezclas hasta ahora no detectadas que los químicos individuales pueden formar en ella.

De esa forma, se podrá determinar con mucha más claridad si el agua es o no segura para consumir. Asimismo, en caso de que no lo sea, el sistema MiAMI aprovecha las capacidades de su inteligencia artificial para sugerir posibles alternativas con las que reducir la contaminación en la zona.

Agua azul.
Vía Pixabay.

Como si fuera poco, el sistema MiAMI funciona con un enfoque único para cada cuerpo de agua o sistema de acueductos que analiza. En consecuencia, los diagnósticos que ofrece están “personalizados” y permiten tanto a los ingenieros como legisladores contar con una fuente de información fiable en base a la que tomar decisiones.

La diferencia clave

Claramente, MiAMI no es el primer sistema diseñado para determinar qué tan segura es el agua de una zona. Sin embargo, el método tiene una cualidad que lo diferencia sistemáticamente de todos sus predecesores: su enfoque en las mezclas.

El enfoque en las mezclas es clave, porque enfocarse en productos químicos individuales a veces fomenta sustituciones que no son menos tóxicas y también pueden aumentar los costos económicos del tratamiento del agua. Igual de importante es el hecho de que centrarse en las mezclas reconoce la formación de sustancias químicas potencialmente tóxicas que a veces ocurre durante el proceso de tratamiento del agua”, comentó Prasse.

Gracias a esa perspectiva, será posible medir la toxicidad acumulativa del agua como nunca antes. Algo que a la larga nos ayudará a determinar su seguridad con más precisión. Eso además de desarrollar planes más completo con los que disminuir paulatinamente los niveles de contaminación causada no solo por los químicos individuales, sino por sus reacciones.

Referencia:

Reimagining safe drinking water on the basis of twenty-first-century science: https://doi.org/10.1038/s41893-021-00760-0

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