La interacción entre personas y máquinas se hará cada vez más común a medida que la tecnología avance. Debido a eso, se hará más importante entender cómo el intercambio entre humanos y robots puede influir en nuestro comportamiento y toma de decisiones.

A través de un simple experimento, los investigadores del Instituto Italiano de Tecnología (ITT) lograron poner a prueba una posible realidad en la que los robots nos “devuelvan la mirada”. Las observaciones de Marwen Belkaid, Kyveli Kompatsiari, Davide De Tommaso, Ingrid Zablith y Agnieszka Wykowska luego se publicaron en la revista Science Robotics.

La mirada robótica y cómo puede afectar el comportamiento de los humanos

iCub (ITT).

Básicamente, los investigadores buscaron entender cómo la mirada de los robots podría influenciar el comportamiento humano a la hora de tomar decisiones. Para eso, trabajaron con un grupo de 40 voluntarios que accedieron a jugar contra un robot humanoide conocido como iCub.

Durante la partida del juego, conocido como ‘Chicken’, se monitoreó la actividad neuronal de los participantes con una electroencefalografía. Gracias a ella, fue posible observar los diferentes procesos que se desataron en el cerebro dependiendo de si el robot los miraba o no.

iCub (ITT).

Al final, la investigación reveló que, aunque sentirse observados por los robots no alteró o influenció la decisión final de las personas, sí logró ralentizar el proceso. Es decir, aquellos individuos que pudieron tomar decisiones en el juego sin sentirse observados por los robots tendieron a responder más rápido que aquellos que hicieron contacto visual con iCub.

Si el robot te mira durante el momento en que necesitas tomar una decisión sobre el próximo movimiento, tendrás más dificultades para tomar una decisión”, resumió Wykowska, neurocientífica cognitiva del ITT.

¿Por qué nuestro cerebro presta atención a la mirada de los robots?

De acuerdo con nuestra hipótesis, las respuestas retardadas dentro de los sujetos después de la mirada mutua pueden sugerir que la mirada mutua implicaba un mayor esfuerzo cognitivo, por ejemplo, al provocar un mayor razonamiento sobre las elecciones de iCub, o un mayor grado de supresión de la mirada (potencialmente distractora) estímulo, que era irrelevante para la tarea”, teorizaron investigadores.

En otras palabras, los científicos consideran que el encontrarse “cara a cara” con iCub, pudo desatar procesos cognitivos más complejos que requieren de un proceso de pensamiento más elaborado y energéticamente demandante. Como consecuencia, las personas que se sintieron “observadas” por el robot, debieron esforzarse más por ignorarlo y enfocarse en la tarea de decisión que tenían enfrente.

iCub (ITT).

El hecho de que nuestro cerebro no ignore a iCub podría deberse a sus rasgos humanoides. Nuestra mente está diseñada para encontrar e identificar rostros rápidamente y en donde sea. Como consecuencia, a veces puede terminar viendo caras e identificando emociones en objetos inanimados.

Sin importar lo que hagamos, ese mecanismo está siempre activo y se disparará cada vez que nuestro cerebro identifique un rostro. Por eso, cuando vemos a iCub, nuestra mente podría reaccionar con procesos que deberían estar reservados para otros humanos o seres vivos. Algo que, en consecuencia, termina modificando nuestro comportamiento, incluso cuando estamos conscientes de que quien nos mira es solo una computadora.

Referencia:

Mutual gaze with a robot affects human neural activity and delays decision-making processes: https://doi.org/10.1126/scirobotics.abc5044

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