Nuestra sociedad, cultura y mundo están enfrascados en un constante proceso de evolución. A medida que la ciencia y la tecnología avanzan y desbloquean nuevos conocimientos, la humanidad muta para adaptarse a las nuevas comodidades y realidades. Una corriente de pensamiento indica que todos esos cambios terminarán llevándonos a disfrutar de las ventajas de algo conocido como “transhumanismo”.

De acuerdo a dichos planteamientos, el movimiento cultural impulsado por la unión entre la tecnología y los humanos nos llevará tarde o temprano a trascender las barreras de lo “natural”. Un detalle que podría llevar a la humanidad a otro punto evolutivo en el que el cambio no está impulsado por nuestra biología, sino por nuestra mente.

En la actualidad, existen infinitos debates sobre el transhumanismo, las ventajas que promete y los problemas nuevos que podría causar. Para entender un poco más de toda esa situación, paseémonos por lo que implica tal concepto, cuáles son las promesas que hace y qué miedos despierta entre sus detractores.

¿Qué es el transhumanismo?

Desde la década de los cincuenta, el concepto de transhumanismo ha rondado nuestra sociedad. De hecho, se estipula que nació específicamente en 1957, luego de que el biólogo evolutivo, escritor y humanista, Julian Sorell Huxley, escribiera un artículo en el que introdujo por primera vez el término.

A partir de entonces, tanto el término como el movimiento cultural, intelectual y científico que representa han ido evolucionando. Para mediados del siglo XX, parecía presentar una idea de un futuro lejano demasiado influenciado por la ciencia ficción. Ahora, a inicios del siglo XIX, nos plantea una realidad que podríamos empezar a vivir más pronto que tarde.

Inicialmente, el transhumanismo representa una corriente de pensamiento que ve el concepto de lo “natural” como algo problemático. En ese sentido, afirma que el deber moral de la humanidad es utilizar su intelecto y herramientas que tenga a mano (como la tecnología) para mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie.

De esa forma, se estarían aplicando nuestros nuevos conocimientos, habilidades y herramientas para eliminar aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana. Como algunos ejemplos se habla entonces de la posibilidad de reducir pobreza, enfermedades, discapacidades y malnutrición en el mundo.

Pero, de forma general, el transhumanismo ofrece como sus tres principales ventajas el abordar y mejorar la longevidad, la inteligencia y el bienestar humano. Todo eso a través del desarrollo de métodos para evitar el envejecimiento, la enfermedad y el dolor. Al mismo tiempo, se procuraría la obtención constante de placer o satisfacción y el aumento de la inteligencia a través de ayudas como medicamentos, nuevos gadgets tecnológicos y demás.

Polémica y perspectivas encontradas

A pesar de que, en esencia, pareciera que el transhumanismo solo busca aumentar las ventajas que la humanidad puede conseguir a través de la tecnología, no todas las personas están entusiasmadas con la idea. De hecho, incluso ahora existe un eterno debate sobre lo que realmente representa la “fusión” de los humanos con las máquinas y cómo eso podría afectarnos en el futuro.

Por ejemplo, podemos ver al conocido politólogo estadounidense, Francis Fukuyama, asegurando que el transhumanismo es la “la idea más peligrosa del mundo”. Eso mientras que, en paralelo, el editor de ciencias de la revista Reason y acérrimo defensor del transhumanismo lo ve como “una de las más valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad”.

Esa diferencia tan notoria de perspectivas depende del cristal con el que se vea la llegada del transhumanismo. Por ese motivo, analizaremos tanto las ventajas como desventajas del movimiento, de forma que manejemos toda la información como para sacar nuestras propias conclusiones.

Una sociedad que supera los límites de lo natural

Con la finalidad de estudiar primero las ventajas del transhumanismo, podemos apoyarnos en la investigación realizada por el Visionary Innovation Group. Gracias a su trabajo, podemos analizar más de cerca los elementos que posiblemente cambien más en las próximas décadas y de qué forma la perspectiva transhumana pueda alterarlos.

Cuerpo y mente estarán en todo un nuevo nivel

Para empezar, no podíamos dejar de nombrar los cambios que tanto nuestro cuerpo como nuestra mente podrían tener a mediano plazo. Por un lado, todas nuestras capacidades físicas podrían verse mejoradas a través de la tecnología.

Eso implicará no solo el uso de implantes, prótesis y gadgets para satisfacer carencias, sino para aumentar nuestras habilidades. De ese modo entrarán en nuestras vidas elementos como lentes de contacto que nos permitan tomar fotografías, traductores implantados en la oreja para entender cualquier idioma y hasta exotrajes para mejorar todas nuestras habilidades físicas.

Como si fuera poco, el uso de la edición genética en el futuro podría traducirse en nuevas generaciones de humanos mejorados. Es decir, con menor posibilidad de desarrollar enfermedades congénitas y con una mayor salud en general.

Por otra parte, finalmente podríamos vivir una realidad en la que nos movamos a la velocidad de nuestros pensamientos. Con cualquier otro medio, ya sea escrito o hablado, solo podemos comunicarnos a la velocidad que nos permitan nuestra boca o nuestras manos.

En un futuro donde abrazamos el transhumanismo, podrían desarrollarse aparatos que nos permitan transmitir pensamientos de forma directa. Todo gracias a mecanismos como los chips cerebrales implantables que empresas como Neuralink, Facebook y DARPA, que ya intentan desarrollarlos.

Cambiará nuestra forma de ver e interactuar con el mundo

Como si lo anterior fuera poco, otra de las ventajas que vendrán con el transhumanismo será una forma mejorada de interactuar con nuestro entorno. Por un lado, se desarrollarán más estrategias de “gamification” diseñadas para convertir procesos posiblemente tediosos en experiencias entretenidas y hasta divertidas que ofrezcan algún tipo de gratificación a quien las realiza, como cuando jugamos un juego que nos gusta.

Por otro lado, con la proliferación de tecnologías como las de realidad virtual (VR) y aumentada (AR) nuestra forma de ver el mundo podría cambiar. Ese tipo de herramientas podrían utilizarse para hacernos más empáticos, y entender con más facilidad las situaciones complicadas de personas en riesgo en el mundo, ya que la VR podría “llevarnos” hasta allí para vivir todo casi en carne propia.

transhumanismo.

Sumado a todo lo demás, también nos encontraremos con un nuevo nivel de personalización. En él, ya no solo importarán nuestras opiniones o comportamientos en la web, sino que incluso se podrían tomar en cuenta nuestras respuestas emocionales. De esa forma, los algoritmos podrían aprender cómo nunca antes qué disfrutamos y qué no, para poder adaptarse acorde a cada caso.

Transhumanismo: la delgada línea entre una solución y otro problema

A pesar de todas las ventajas que el transhumanismo parece ofrecernos como especie, no viene sin su propia carga de debates filosóficos y morales. Por ejemplo, se plantea que,  una vez busquemos llevar nuestras capacidades “más allá de lo naturalmente posible” dónde podremos poner el límite de lo que podemos considerar aún humano o propio de nosotros como individuos, cultura o especie.

Adicionalmente, según las observaciones del Visionary Innovation Group, también se plantea otro posible debate con respecto a las diferentes percepciones de la humanidad sobre lo que sería “mejor” para nuestra evolución transhumanista.

Como ejemplo, se habla de la posibilidad de que un país decida que la súper inteligencia será su prioridad y cómo eso podría dejar al resto de las naciones en un dilema: ¿deberán seguir el ejemplo del país pionero y apostar por la súper inteligencia? ¿o podrían optar por otro enfoque en el que su meta sea el máximo bienestar y la eliminación de las enfermedades?

De elegir la última opción, otras naciones podrían empezar a preguntarse si deben seguir el ejemplo de uno solo de los países, de ambos o simplemente desarrollar otro rumbo totalmente distinto. Al final, el transhumanismo no podría estar unificado, ya que cada cultura podría entenderlo y ejercerlo de forma distinta.

Además de lo anterior, otras preocupaciones también van de la mano con lo planteado por Thelma Peón durante su Charla TED de 2019. Según su perspectiva “lo que nos hace humanos es que disfrutamos el proceso” de desarrollo o transformación que nos lleva a adquirir una habilidad o nuevos conocimientos.

Con el transhumanismo, ese detalle desaparecería por completo detrás de la posibilidad de usar una píldora o una herramienta que hará todo por nosotros. Algo que terminará por difuminar aún más los lineamientos de lo que consideramos humano.

El futuro del transhumanismo

Como podemos ver, el transhumanismo, a pesar de sus ventajas prometidas, viene de la mano con una variedad de incertidumbres que en la actualidad no podemos resolver. Aun así, el interés en sus propuestas no disminuye. Eso sobre todo si pensamos en los planteamientos de figuras como Raymond Kurzweil, que llevan décadas realizando proyecciones acertadas sobre el futuro tecnológico de la humanidad.

Publicaciones como ‘La era de las máquinas inteligentes’ (1990), ‘La era de las máquinas espirituales’ (1999) y, la más actual ‘La singularidad está cerca’ (2005) presentan sus perspectivas para el futuro de la humanidad. Dos de ellas ya han demostrado ser altamente acertadas y la tercera parece estar encaminada al mismo rumbo.

De entre todas sus predicciones, las de su último capítulo, orientado al año 2099, nos hablan de un futuro en el que el ser humano ha fusionado su existencia con las máquinas. Elementos como al inteligencia artificial han llegado a capacidades de procesamiento iguales y superiores a la nuestra.

En consecuencia, nuestra existencia está íntimamente ligada con la nueva inteligencia no-biológica. Una que, desde su perspectiva, al final también podríamos terminar por considerar humana.

Sus proyecciones también abordan la idea del mejoramiento de las capacidades del cuerpo y la mente, de forma que nos convirtamos en transhumanos. Es decir, básicamente humanos que se encuentran en un proceso de transición para ser algo más. Algo que, específicamente, va más allá de los límites de la naturaleza.

Al final, el transhumanismo no sería una meta, sino un camino. Uno que seguiríamos durante un largo proceso de transformación para llegar a un nuevo nivel de existencia más allá de lo natural: el posthumanismo.

Escribir un comentario