Si bien ya se han desmentido muchas teorías conspirativas durante la pandemia, aún hay muchas personas dándoles difusión por diferentes medios. ¿Significa esto que no ha surgido evidencia suficientemente sólida? ¿O hay algo que pueda explicar esta terquedad? Sí, la falta de pensamiento crítico y la confianza excesiva en el instinto, que parecen aumentar el riesgo de creer información errada.

Los investigadores encontraron evidencia de ello en un nuevo estudio que publicaron en la revista Memory & Cognition. Y contrario a lo que muchos creen, esto no parece tener nada que ver con el intelecto. En realidad, se debe a ciertos mecanismos en nuestra mente que nos “ayudan” a tomar decisiones rápidas.

Intuición versus pensamiento crítico frente a la información errada

El estudio partió de la sospecha de que el pensamiento analítico tiene el potencial de hacer que las personas se cuestiones la información con la que se topan en las redes. Recordemos que, muchas veces, la forma en que esta se presenta apunta a provocar la indignación del público y generar revuelo.

Mujer con mascarilla contra el coronavirus leyendo noticias en una computadora.

Ciertamente, muchos de los acontecimientos reales de nuestro mundo y tiempo histórico tienen el potencial de hacernos sentir así; sin embargo, esto no quiere decir que cada cosa que veamos en las redes o que escuchemos de otros sea cierta y digna de compartir. Al menos no hasta aplacar nuestro interés por la polémica y analizarla con cabeza fría. De eso se trata el pensamiento crítico.

En cambio, el pensamiento basado en la intuición podría tener un efecto contrario. Si bien la intuición ha jugado un papel clave en nuestra evolución, nuestra capacidad de raciocinio nos has hecho superiores como especie. Aún así, es común que las personas crean de forma ciega e inmediata en lo que se topan para dar rienda suelta a sus emociones. Porque sí, también somos efusivos.

Evaluando las habilidades críticas y la confianza en el instinto

Para confirmarlo, los investigadores presentaron 10 declaraciones a 740 australianos para que las calificaran según su nivel de precisión y que informaran si compartirían dicha información en las redes sociales. Con ello, esperaban crearse una idea de cómo sería su comportamiento en línea al toparse con noticias sensacionalistas, fake news o información valedera.

Hombre con expresión de sospecha en sus ojos.

Cinco de las declaraciones fueron teorías conspirativas en torno al origen de la COVID-19 y las vacunas ya descartadas por la ciencia. Las otras cinco eran mensajes de salud pública que informaban medidas para reducir la propagación de la enfermedad y proteger a las personas vulnerables.

También midieron sus habilidades críticas; para ello, les proporcionaron también una prueba de reflexión cognitiva estándar. De este modo, tendrían una referencia con la cual correlacionar los resultados de la prueba con las declaraciones.

El pensamiento instintivo reduce la capacidad de diferenciar información real de la desacreditada

Después de analizar las respuestas, los investigadores descubrieron que las personas con habilidades analíticas más altas eran mucho menos propensas a calificar como precisas o dignas de difusión las afirmaciones de COVID-19 desacreditadas por la ciencia.

Estos individuos también eran más hábiles a la hora de diferenciar las declaraciones de COVID-19 verdaderas de la información desacreditada en comparación con las personas que se guiaban más por la intuición.

La importancia de pensarlo dos veces

Cerebro con diferentes palabras escritas en referencia al tipo de pensamiento.

Un problema derivado de la influencia del instinto en la creencia de información errada es la resistencia de muchas personas a vacunarse. Mitos como que las vacunas contienen microchips, o dañan el ADN o que la COVID-19 no es tan grave como dicen han llevado a muchas personas a desconfiar en esta estragia que ha servido para erradicar enfermedades desde hace décadas. La consecuencia inmediata ha sido la continuidad de la pandemia.

Saber esto puede ser de gran utilidad tanto para la ciencia como para los organismos de salud pública encargados de luchar contra los comportamiento derivados del pensamiento intuitivo.

Al parecer, promover el pensamiento analítico puede limitar la propagación de fake news y teorías conspirativas sin fundamento. Así que “animar a la gente a pensar dos veces antes de compartir también podría ralentizar la propagación de afirmaciones falsas”, dijo Matthew Nurse de la Universidad Nacional Australiana (ANU), investigador principal del estudio.

Referencia:

Analytic thinking predicts accuracy ratings and willingness to share COVID-19 misinformation in Australia. https://link.springer.com/article/10.3758%2Fs13421-021-01219-5

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