La estrella central de nuestro sistema solar ha existido por miles de millones de años. Actualmente, tenemos la oportunidad de observarla en su madurez, pero aún tenemos infinitas preguntas sobre sus primeros momentos de vida. Ahora, gracias a los registros adquiridos de una estrella bebé, podemos imaginarnos con más claridad cómo fue la apariencia de nuestro Sol cuando fue joven.

Para poder realizar la investigación, se requirió a la colaboración de los científicos Catherine C. Espaillat, C. E. Robinson, M. M. Romanova, T. Thanathibodee, J. Wendeborn, N. Calvet, M. Reynolds y J. Muzerolle. Su trabajo conjunto luego se publicó de forma digital a través de la reconocida revista científica Nature.

El momento de las grandes preguntas

Hemos detectado miles de planetas en otros sistemas estelares de nuestra galaxia, pero ¿de dónde proceden todos estos planetas? ¿De dónde vino la Tierra? Eso es lo que realmente me impulsa” declaró Espaillat, profesora asociada de astronomía en la Universidad de Boston.

La autora principal del presente estudio también ha planteado que las más recientes observaciones de una estrella joven, podrían darnos indicios para responder todas las preguntas anteriores. Eso debido a que nos ofrece la oportunidad de proyectarnos en el tiempo e imaginarnos un Sol naciente, que presenció y fue parte de la formación del sistema solar que habitamos hoy.

Una estrella bebé podría llevarnos a las respuestas

Específicamente, la investigación se enfocó en una estrella joven conocida como GM Aur. El astro bebé se encuentra ubicado en la nube molecular Tauro-Auriga de la Vía Láctea. Técnicamente, está demasiado lejos como para poder tomar una fotografía típica. Sin embargo, las diferentes longitudes de onda de luz que emite se pueden registrar para luego generar una imagen que la represente.

Apariencia del Sol.
Vía Getty Images.

Con esa posibilidad se procedió a estudiar el “punto caliente” en el disco protoplanetario que rodeaba a la estrella naciente. Hasta la fecha, se había teorizado que dentro de tal disco, el movimiento de las nubes moleculares magnetizadas terminaba generando las colisiones que poco a poco transformarían al centro de calor en una estrella. Una que además podría tener residuos del disco protoplanetario en la forma de planetas u otros objetos atrapados en órbitas alrededor de ella.

Antes de obtener las imágenes de GM Aur, se tenía ese proceso como una hipótesis basada en cálculos. Ahora, se ha confirmado como una realidad, lo que nos permite usar ese conocimiento para hacer proyecciones. Entre ellas, una de las más llamativas es la posibilidad de imaginarnos la apariencia de un Sol joven durante la formación del sistema solar.

Ahora podemos imaginar la apariencia que tuvo nuestro Sol cuando joven

Los datos que han dado pie a este nuevo conocimiento se obtuvieron gracias a las observaciones realizadas por el Telescopio Espacial Hubble de la NASA, el Satélite de Estudio de Exoplanetas en Tránsito (TESS), el Observatorio Swift y la red global de telescopios del Observatorio Las Cumbres. Las diferentes entidades llevaron registros de los rayos X, ultravioleta (UV), infrarrojos y luz visible emitidos por GM Aur.

Inicialmente, se esperaba observar picos paralelos en cada uno de los registros a medida que la estrella culminaba su ciclo de rotación de poco más de una semana. Sin embargo, al final se detectó que los ratos UV tendían a alcanzar su punto máximo un día completo antes que todos los demás.

Apariencia del Sol.
Crédito: S. Wiessinger/SDO/Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.

Luego de comprobar que no se trataba de un problema de medición, los científicos entendieron que la diferencia en las mediciones se debía a que le “punto caliente” en realidad no era uniforme. De hecho, por lo que parece, lo que más ayudaría a describirlo es imaginarlo como un arco caliente que tiene una zona específica con una concentración de calor aún mayor.

Espaillat explica que, con ese conocimiento, podemos imaginar la apariencia de nuestro Sol joven también como un arco de calor con un punto de temperaturas incluso más altas. Con el paso del tiempo, el disco protoplanetario que lo rodeaba fue sumándose a su masa u organizándose a su alrededor.

Al final, nos topamos con el sistema solar que hoy conocemos. Dentro de él, los vestigios que quedan de ese disco protoplanetario son el cinturón de asteroides que divide nuestro sistema y los propios planetas que habitan alrededor del gran astro.

Referencia:

Measuring the density structure of an accretion hot spot: https://doi.org/10.1038/s41586-021-03751-5

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