Comparadas con los callejones que suelen asociarse al acoso sexual, las bibliotecas académicas parecen muy aburridas para ello. Sin embargo, una encuesta, – la primera de su tipo-, revela que, contrario a lo que muchos creían, estos lugares suelen ser escenario frecuente para este tipo de violencia.

Los investigadores de CU Boulder, William & Mary y Radford University descubrieron que la mayoría de los bibliotecarios académicas son víctimas de acoso sexual en el trabajo. Sus hallazgos, publicados en la revista College & Research Libraries, revelan también que la mitad de estos comportamientos son perpetrados por sus colegas, y la otra mitad por parte de los usuarios.

Una encuesta inspirada en el movimiento #MeToo

En general, la evidencia anecdótica de acoso sexual en las instituciones académicas es muy escasa. Por tanto, tampoco se ha explorado lo suficiente como para dar por sentado que se debe simplemente a que no ocurre.

Inspirada en el movimiento #MeToo, la autora principal, Candice Benjes-Small, jefa de servicios de investigación de las bibliotecas William & Mary, decidió explorar el tema junto con Jennifer Knievel, bibliotecaria de CU Boulder que se ha dedicado a investigar el acoso sexual, la gestión y el liderazgo en bibliotecas académicas.

En escala de grises, mujer de rasgos asiáticos siendo observada en una biblioteca.

Pero la mención del movimiento va más allá de una inspiración por tendencias. Las confesiones e investigaciones derivadas de #MeToo hicieron ver al mundo cuántas diferencias existen respecto a lo que es el acoso y la agresión sexual. Incluso a estas alturas del siglo, muchas personas siguen creyendo que ciertos comportamientos que las han hecho sentir incómodas son aceptables aunque no tiene por qué ser así.

Por esta razón, las investigadoras descartaron la definición legal y usaron una versión complementada; esta incluía comportamientos inapropiados de naturaleza sexual y que resultaban traumáticos para quienes eran el objetivo.

La mayoría de las bibliotecarias sufre acoso de sexual en su trabajo

La encuesta se diseñó precisamente para medir su prevalencia e identificar a los grupos de riesgo. 613 personas distribuidas en diferentes partes de Estados Unidos respondieron las preguntas planteadas proporcionando información inédita sobre el tema.

Los resultados mostraron que 78 por ciento de las bibliotecarias que trabajan en estas instituciones han experimentado acoso de género. Asimismo, 64 por ciento afirmó haber experimentado comportamiento seductor por parte de los usuarios y 35 por ciento afirmó haber sido víctima de agresión sexual.

Mujer leyendo un libro en un pasillo de una biblioteca con una expresión de temor por riesgo de acoso sexual.

Particularmente, las mujeres más jóvenes que pasaban más tiempo con los clientes a diario eran más propensas a experimentar acoso de género, comportamiento seducto y agresión sexual.

También hubo diferencias notorias entre el riesgo de los trabajadores dependiendo de la institución. Quienes trabajaban en bibliotecas de universidades públicas tenían más probabilidades de sufrir acoso sexual que los trabajaban en instituciones privadas.

Se necesitan mejoras en las políticas de comportamiento dentro de las bibliotecas

Comportamiento cercano entre un hombre y una mujer en una biblioteca.

De modo que, al igual que las personas que trabajan en negocios nocturnos, restaurantes e incluso en enfermería, las personas que trabajan en bibliotecas también están propensas a ser objeto de acoso sexual. Curiosamente, en todos estos campos los clientes siempre esperan que quienes los atienden sean personas educadas, amables y atentas bajo cualquier condición.

El problema es que, entre ciertos grupos, existe una tendencia a malinterpretar la amabilidad con el ofrecimiento de carácter sexual. De hecho, otra investigación revela que es mucho más probable que los hombres la amabilidad del sexo opuesto como interés sexual.

Quizás educar tanto al público como al personal respecto a los comportamientos adecuados e inaceptables dentro de las bibliotecas podría reducir los eventos. Y si bien las causas son muy complejas y variadas, esto podría funcionar al menos cuando están asociados a malentendidos.

Referencia:

MeToo in the Academic Library: A Quantitative Measurement of the Prevalence of Sexual Harassment in Academic Libraries. https://crl.acrl.org/index.php/crl/article/view/25012

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