La forma en la que nos alimentamos puede determinar en gran medida qué tan saludable estará nuestro organismo. Como una nueva prueba de eso, podemos mencionar una reciente investigación que ha calculado cómo el comer un perro caliente u otras comidas puede afectar nuestra esperanza de vida.

Detrás de la iniciativa para llevar el estudio a cabo estuvieron los investigadores Katerina S. Stylianou, Victor L. Fulgoni III y Olivier Jolliet. En conjunto, publicaron los frutos de su esfuerzo a través de la revista científica Nature Food, durante agosto de este año.

Nuestra esperanza de vida podría variar con cada cosa que comemos

El grupo de investigación de la Universidad de Michigan trabajó con un total de 5.853 alimentos comunes en la dieta estadounidense. Con cada uno de ellos, se tomaron el tiempo de estudiar su contenido calórico y estudiar cómo él podría sumar o restarnos minutos de vida.

Queríamos hacer una evaluación, basada en la salud, de los impactos beneficiosos y perjudiciales de los alimentos en toda la dieta”, dijo el profesor Jolliet, a CNN.

Perro caliente.

Para poder lograr su meta, los científicos desarrollaron un índice capaz de establecer relaciones y calcular la “carga neta de salud” medida en minutos de vida asociada con las diferentes porciones de comida. De ese modo, lograron descubrir qué alimentos pueden darnos un “saldo positivo” y cuáles podrían terminar literalmente restándonos minutos de vida.

Como un ejemplo de eso, Jolliet hizo mención de las carnes procesadas, que nos hacen perder 0,45 minutos de vida por cada gramo. Por otro lado, las frutas suelen darnos 0,1 minuto más de vida con por gramo. Con esos datos individuales, se pueden realizar los cálculos necesarios para determinar el saldo neto que ciertos tipos y cantidades de comida pueden cobrar a nuestro organismo.

¿Cuánto nos “cuesta” un perro caliente?

De entre todas las combinaciones, una de las comidas estadounidenses típicas que llamaron la atención de los investigadores fueron los conocidos ‘hot dogs’. Según sus cálculos, un perro caliente simple (solo la salchicha de 61 gr de res estándar y el pan) pueden costarnos hasta 27 minutos de vida.

Ahora, si sumamos a eso los toppings con los que usualmente acompañamos el platillo, podemos subir ese número hasta 36 minutos. Por lo que, con cada perro caliente que comamos estaríamos eliminando más de media hora de nuestra esperanza de vida.

Por su parte, otros alimentos como las legumbres, las nueces, los mariscos, las frutas y los vegetales sin almidón parecen ser fuentes de un “saldo positivo” para el organismo. En consecuencia, al consumirlos, estaríamos agregando poco a poco algunos minutos de vida a nuestra expectativa general.

Entonces… ¿el secreto está en el balance?

No exactamente. Los investigadores fueron cuidadosos en aclarar que su estudio no fue diseñado para ser usado como una especie de receta para la longevidad o como una tabla de equivalencias. La información provista simplemente nos permite entender de forma fácilmente cuantificable los diferentes efectos que nuestra alimentación puede tener en nuestro organismo.

Debido a eso, los autores esperan que su investigación nos permita educarnos más para tomar decisiones mejor informadas con respecto a nuestra salud. Ello no con la intención de comer la “combinación perfecta” para ganar más años de vida, sino de establecer hábitos saludables que nos aseguren un mayor bienestar general.

¿Es la métrica definitiva que le dirá exactamente qué comer mañana y determinará por completo su esperanza de vida? No. (…) Es una métrica útil que puede ayudarlo a tomar decisiones más informadas y simplifica la identificación y la realización de pequeños cambios adecuados en nuestra dieta”, concluyó Jolliet.

Referencia:

Small targeted dietary changes can yield substantial gains for human health and the environment: https://doi.org/10.1038/s43016-021-00343-4

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