La invasión de los sapos de caña (Rhinella marina) ha amenazado a la fauna de Australia por décadas. Desde que fueron introducidos al país como una solución para las plagas de escarabajos, se han convertido en otro problema para el equilibrio biológico de la nación. Asimismo, sus números subieron tanto, que los propios sapos comenzaron a volverse caníbales para eliminar la competencia, lo que además, al parecer, ha desencadenado un proceso de evolución acelerada entre la especie.

Una investigación publicada recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences ha dado testimonio de tal situación. Los autores, Jayna L. DeVore, Michael R. Crossland, Richard Shine y Simon Ducatez, trabajaron con sapos de caña tanto de Australia como de sus zonas de origen reales en Suramérica para comparar las diferencias actitudinales entre los dos.

Inicialmente, solo se buscaba ver si el comportamiento caníbal entre la especie también era común en su lugar de origen. Sin embargo, los resultados del estudio revelaron que dicho cambio conductual también ha desatado toda una cadena que ha terminado por acelerar el proceso evolutivo de los sapos.

Los sapos caníbales australianos

Desde su introducción en los años 30, los sapos de caña pasaron de ser poco más de 100 a superar los 200 millones de individuos. Incluso ahora, no han llegado a poblar todo el territorio australiano. Pero, como están las cosas, realmente no hay nada ni nadie que pueda detener su avance… Excepto, tal vez… ellos mismos.

Debido a la floreciente competencia entre la especie, por la gran abundancia de individuos, las nuevas generaciones de sapos han pasado por un proceso de evolución que los convierte en caníbales en sus etapas más tempranas. En otras palabras, nacen nuevos lotes de crías que pueden comerse unas a las otras para sobrevivir.

En general, los renacuajos que consumen a las crías en su primera fase (cuando no pueden nadar ni moverse) tienden a crecer más rápido y a ser ejemplares más sanos de su especie –todo a costa de la vida de otros de su propia especie–. Se pudo comprobar que dicho comportamiento era adaptación a la competencia al observar que solo los ejemplares australianos parecían tener una tendencia caníbal, mientras que sus contrapartes suramericanas no.

La supervivencia del más apto (al extremo)

Como ya lo mencionamos, la sobrepoblación de la especie en el territorio australiano parece haberla orillado a recaer en el canibalismo. Sin embargo, las crías del sapo de la caña no son víctimas indefensas de la situación.

Renacuajos y crías de los sapos de caña caníbales de Australia.
Crédito: Anton Sorokin. Vía Alamy.

De hecho, el ataque constante de las nuevas generaciones de los sapos caníbales ha hecho que las crías aprendan a desarrollarse más rápido. Al comparar las crías australianas con las suramericanas, se observó que algunas eran capaces de pasar de “huevos” a renacuajos hasta un día antes que sus contrapartes nativas.

En otras palabras, en lugar de demorarse 5 días para desarrollarse por completo, solo les tomaba 4. Como consecuencia, los renacuajos depredadores tendrían menos oportunidades para atacar a la cría mientras estuviera indefensa y no pudiera huir.

¿Desarrollo contraproducente?

En general, la evolución de las crías para evadir el ataque de los futuros sapos caníbales las ayuda a asegurar su supervivencia. Pero, al mismo tiempo, tiende a tener que pagar un precio más adelante en su vida.

Por ejemplo, los sapos adultos que nacieron de crías que se transformaron más rápido en renacuajos terminaron por demorarse más en hacer su transición final. Asimismo, solían ser menos fuertes, ágiles y fértiles que sus contrapartes nativas que habían tenido un proceso de desarrollo inicial normal.

¿Cómo podrían influir los sapos caníbales en la evolución de la especie a largo plazo?

Tomando en cuenta que en el territorio australiano esa especie de sapos no tiene ningún depredador natural, esta “solución” podría convertirse en una especie de regulador. Por un lado, los renacuajos que se desarrollen primero atacarán tantas crías como puedan, evitando que las nuevas generaciones de la especie invasora vengan en hordas.

En general, los individuos caníbales podrán crecer más sanos y fuertes, pero probablemente sean una minoría. Mientras tanto, los renacuajos que hayan tenido que madurar apresuradamente para sobrevivir serán especímenes más débiles y con menos oportunidades para dejar descendencia.

De acuerdo a los investigadores, una situación como esa no será suficiente como para hacer que la especie se extinga o desaparezca de Australia. Pero existe la posibilidad de que actúe como un mecanismo regulador natural que evite que la invasión siga aumentando sus números descontroladamente.

Referencia:

The evolution of targeted cannibalism and cannibal-induced defenses in invasive populations of cane toads: https://doi.org/10.1073/pnas.2100765118

Escribir un comentario