Estudiar la resistencia a los antibióticos parece una cosa de hospitales y laboratorios, y ciertamente lo es, pero bien nos ha enseñado la ciencia que, para obtener resultados más fiables, hay que explorar diferentes escenarios y sujetos. En un estudio muy particular, un equipo internacional de científicos recurrió a colecciones de osos pardos en museos para estudiar la resistencia a los antibióticos.

Sus hallazgos, publicados en la revista Current Biology, muestran que el aumento del uso de estos útiles medicamentos entre 1950 y 1990 condujo al fortalecimiento de las bacterias. Aunque difícil de creer, las pruebas están precisamente en las bacterias que aún habitan las bocas de osos pardos escandinavos que vivieron hace algún tiempo.

Un problema de larga data

La resistencia a los antibióticos es un problema más amplio de lo que muchos creen. Sí, puede que buena parte de este inicie en los hospitales, donde los médicos, desde hace unas ocho décadas, los han recetado para sanar infecciones que antes mataban a los humanos.

La resistencia a los antibióticos es un problema más amplio de lo que muchos creen. Sí, puede que buena parte de este inicie en los hospitales, donde los médicos, desde hace unas ocho décadas, los han recetado para sanar infecciones que antes mataban a los humanos.

El problema es que las bacterias, como la humanidad, son resilientes. Desde hace varios años, las autoridades sanitarias han advertido sobre microbios que se han vuelto resistentes a los antibióticos. Estos se están extendiendo cada vez más rápido y amenazan con devolvernos al lugar donde empezamos: con infecciones difíciles de tratar y letales. De hecho, cientos de miles de personas mueren cada año debido a infecciones con bacterias resistentes.

Así es como se propaga la resistencia a los antibióticos

Pero, si el problema está en los hospitales, ¿cómo es que pueden extenderse con tanta facilidad? El estudio reciente de las bacterias en la boca de los osos pardos nos da una buena oportunidad para hablar de las vías de propagación de la resistencia a los antibióticos.

Oso pardo nadando en un lago.

Las bacterias resistentes a los antibióticos tienen muchas formas de salir de los hospitales y llegar al medio ambiente y, por tanto, a los seres vivos. Entre ellas, las plantas de tratamiento de aguas residuales, donde el líquido vital y el viento pueden arrastrarlas largas distancias.

Una vez afuera, los animales salvajes pueden infectarse o llevarlas consigo hasta estar en contacto con los humanos, bien por actividades recreativas o de caza, y transferírselas. Aunque a simple vista parece que la vida salvaje no tiene nada que ver en el problema, la realidad es que sí es digna de atención. Sin embargo, estudiarla no es tan sencillo como nos gustaría.

Los dientes de los osos pardos alojan bacterias resistentes a los antibióticos

Mandíbula de un oso pardo parte de la colección del museo para estudiar la resistencia a los antibióticos.
Crédito: Crédito: Katerina Guschanski.

Los científicos se enfocaron en osos pardos suecos de hasta 180 años, buscando específicamente genes bacterianos responsables de la resistencia a los antibióticos. Así descubrieron que la presencia de estos genes casi coincide con la del uso de los medicamentos de parte de los habitantes de Suecia.

Los hallazgos muestran que la resistencia aumentó en el siglo XX y luego experimentó un declive significativo en los últimos 20 años. Esto último podría ser consecuencia de las intervenciones implementadas entre 1980 y 1995 para luchar contra esta crisis y limitar su propagación.

Parte de la colección histórica de osos pardos suecos usados para el estudio.
Crédito: Katerina Guschanski

También encontraron una mayor diversidad de genes relacionados con la resistencia en el pasado reciente. Puede que esto se deba al uso de diferentes tipos de medicamentos contra infecciones, que derivaron en diferentes vías de tolerancia en los microbios.

La vía de transmisión descrita inicialmente fue confirmada también por los científicos. “Encontramos niveles similares de resistencia a los antibióticos en osos de áreas remotas y en los que se encuentran cerca de la habitación humana”, dice Katerina Guschanski, autora principal principal del estudio. “Esto sugiere que la contaminación del medio ambiente con bacterias resistentes y antibióticos está muy extendida”.

La importancia de las intervenciones gubernamentales contra las amenazas de salud pública

Suecia fue uno de los primeros países del mundo en aplicar acciones estrictas para controlar el uso de antibióticos, tanto en los hospitales como en la agricultura. Tanto la prohibición de la década de 1980 como el estratégico nacional contra la resistencia a los antibióticos en la medicina en 1995 parecen haber surtido efecto.

Como prueba, las bacterias orales presentes en los osos pardos que nacieron después de 1996 que muestran una baja resistencia a los antibióticos. Por supuesto, esta no era tan baja como la observada antes del uso masivo de las drogas, pero demuestra que demuestra que las políticas gubernamentales pueden ser efectivas para mitigar amenazas de salud pública.

Referencia:

The oral microbiota of wild bears in Sweden reflects the history of antibiotic use by humans. https://www.cell.com/current-biology/fulltext/S0960-9822(21)01112-X

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