Los hábitos que cultivamos día a día son vitales para determinar nuestra condición a futuro. Recientes estudios apuntan a que los estilos de vida poco saludables pueden causar rápidamente efectos negativos en la población joven bajo la forma de ataques cardiacos y condiciones afines.

Gracias a un comunicado publicado por la European Society of Cardiology (ESC) ahora tenemos un vistazo más profundo al efecto de los malos hábitos en la salud a mediano plazo de las personas jóvenes. Algo que nos recalca la importancia de realizar más investigaciones en el área y de construir una base de conocimientos con la que informar adecuadamente a las futuras generaciones. Todo con la finalidad de que cuiden adecuadamente de su salud.

La genética no es la única culpable

Mujer con un estilo de vida poco saludable.
Vía shutterstock.com

En muchos casos se habla de que el historial de problemas cardiacos de los padres puede influir enormemente en la salud cardiovascular de los hijos. Efectivamente, ese es un factor de riesgo. Pero, tal como muestra la investigación mencionada durante el Congreso de la ESC 2021, los estilos de vida poco saludables también pueden aumentar el riesgo de ataques cardiacos en los adultos jóvenes.

Para probar tal idea, la investigación trabajó con 522 individuos alemanes que habían ingresado al menos una vez al hospital por infarto agudo de miocardio a los 45 años o antes. Asimismo, contó con 1.191 personas que funcionaron como controles seleccionados aleatoriamente y que fueron emparejados basados en su sexo y edad.

Los estilos de vida poco saludables aumentan el riesgo de ataques cardiacos entre los adultos jóvenes

Para poder distinguir qué tipo de influencia tenía cada elemento de los estilos de vida poco saludables en la incidencia de los ataques cardiacos, los investigadores prestaron atención a la presión arterial alta, los casos de diabetes, el tabaquismo activo, el índice de masa corporal y el consumo de alcohol.

Estilos de vida saludables y poco sanos enfrentados.
Vía shutterstock.com

Los fumadores activos tuvieron un 82,4% más de presencia entre el grupo con problemas cardiacos que el de control (con un 24,1%). Por su parte, la presión arterial alta fue notoria en un 25,1% de la muestra, mientras que en el grupo de controles apenas marcó un 0,1%.

Sumado a eso, la diabetes también tuvo una incidencia similar, con un 11,7% de presencia en el grupo con problemas cardiacos, y solo un 1,7% en el de control. Igualmente, la obesidad fue más común en el primer grupo y el índice de masa corporal promedio (28,4kg/m2) fue mayor que el de los controles (25,5 kg/m2).

Siguiendo lo que ya sabemos, también se vio la incidencia de la genética. El 27,6% del grupo de muestra tenía padres con antecedentes de problemas cardiacos, frente al 8,1% del grupo de control.

Los malos hábitos pasan factura

Al final, se observó cómo los estilos de vida poco saludables tendían a relacionarse con un mayor riesgo de tener ataques cardiacos. Lo que reiteró el planteamiento de que no solo la genética debería preocuparnos a la hora de crear planes de prevención y cuidado para la salud de los adultos jóvenes.

Persona teniendo un ataque cardiaco producto de un estilo de vida poco saludable.
Vía maxpixel.net

En las personas con hipertensión, el riesgo de tener un ataque cardiaco a los 45 años o menos era 85 veces más alto que el de aquellos sin la condición. En quienes tenían tabaquismo activo el riesgo era 12 veces más alto. Por su parte, se mostró hasta 5 veces más alto en los diabéticos, 3 veces en quienes tenían antecedentes genéticos y 2 veces en las personas con sobrepeso (es decir, aquellos con un IMC de 30 kg/m2 o superior).

El único caso en el que un hábito considerado poco saludable no llevó a un mayor riesgo de ataque cardiaco fue con el consumo de alcohol. Según los registros, la muestra solo tuvo 7,1% de personas que consumían bebidas alcohólicas al menos cuatro veces por semana. Por su parte, los controles subieron esa incidencia al 11,2%.

Ese último detalle, de acuerdo a los investigadores, parece alinearse con la idea de que un consumo moderado de alcohol puede tener un efecto “protector” para el corazón. Por ahora, dicha afirmación aún se encuentra en debate, ya que existen otras investigaciones que recalcan los riesgos de su consumo y que no existe una “cantidad segura” para su ingesta.

Escribir un comentario