Nuestro sistema solar está poblado por una gran variedad de planetas, cometas, meteoritos, asteroides y demás desechos espaciales que aún debemos explorar en profundidad. Hasta la fecha, habíamos considerado que gran parte de ellos simplemente eran una parte permanente del panorama. Ahora, una reciente investigación sobre cometas interestelares podría demostrarnos que recibimos muchos más “visitantes” de lo que esperaríamos.

El estudio que sustenta esa idea se presentó en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Por su parte, sus autores (Amir Siraj y Abraham ‘Avi’ Loeb) también realizaron una publicación en el Centro de Astrofísica|Harvard & Smithsonian (CfA) explicando sus hallazgos y conclusiones.

“Visitantes” interestelares

Ilustración de cometas interestelares.
Vía Pixabay.

De acuerdo a las observaciones realizadas hasta la fecha, la humanidad solo ha llegado a detectar un cometa interestelar. Se vio a la bola de nieve helada durante el 2019, viajando a 110.000 millas por hora en nuestro sistema solar. En su momento, los astrónomos la denominaron Borisov.

Por ahora, Borisov se mantiene como la única representante de los cometas interestelares en nuestro sistema solar. Sin embargo, gracias a sus datos, Siraj y Loeb han podido desarrollar cálculos que dan indicios sobre la posible existencia de muchos más “visitantes” ocultos en los confines de nuestro sistema planetario.

Antes de la detección del primer cometa interestelar, no teníamos idea de cuántos objetos interestelares había en nuestro sistema solar, pero la teoría sobre la formación de sistemas planetarios sugiere que debería haber menos visitantes que residentes permanentes. (…) Ahora estamos descubriendo que podría haber muchos más visitantes”, resumió Siraj, estudiante de pregrado y posgrado en el Departamento de Astronomía de Harvard.

Cometa interestelar.
Vía Pxfuel.

De acuerdo a sus conclusiones, podríamos encontrarnos muchos más meteoros, cometas, asteroides y otros desechos que no pertenecen originalmente a nuestro sistema solar. Todos confinados en las partes más oscuras de la Nube de Oort –una capa de escombros ubicada en las regiones más lejanas de nuestro sistema planetario–. Una tendencia que se mantiene incluso después de eliminar las “incertidumbres significativas” que todavía se encuentran en los cálculos del dúo.

¿Por qué no hemos detectado más cometas interestelares entonces?

Sencillo: aún no tenemos los equipos necesarios para detectar los cometas y otros elementos interestelares. Podría decirse que Borisov fue un golpe de buena fortuna ya que en la Nube de Oort –a diferencia de en otras partes del sistema solar– los elementos que la componen no producen su propia luz.

En consecuencia, las tecnologías actuales que manejamos en la Tierra suelen ser insuficientes para captar la sutileza de sus señales. En un futuro cercano, con la llegada de instalaciones y herramientas de nueva generación como el Observatorio Vera C. Rubin (planteado para el 2022) y el Transneptunian Automated Occultation Survey (TAOS II), esa situación podría cambiar.

Es hora de mirar incluso más de cerca a la Nube de Oort

Ilustración del espacio por donde transitan los cometas interestelares.
Vía Picryl.

Con la nueva tecnología podríamos estudiar con más claridad la Nube de Oort, ubicada entre 200 mil millones y 100 billones de millas de distancia de nuestro Sol. De esa forma, pronto podríamos saber más de los confines de nuestro sistema solar y su composición.

Para estos momentos, otras investigaciones han notado que existe una fuerte abundancia de objetos de la Nube de Oort más cerca del Sol que de Saturno. Sin embargo, aunque se los han detectado, no se ha hecho un seguimiento detallado de muchos.

En el futuro, esos mismos objetos podrían convertirse en los cometas, asteroides y meteoros interestelares que Siraj y Loeb proponen en sus cálculos. Por ahora, la idea de mantiene solo como una hipótesis, pero muy pronto la tecnología nos podría ayudar a determinar su veracidad.

Referencia:

Interstellar objects outnumber Solar system objects in the Oort cloud: https://doi.org/10.1093/mnrasl/slab084

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