Nuevas observaciones de la superficie de la Luna han comprobado la gran influencia de la radiación solar sobre su superficie. Hasta la fecha, se pensaba que los vientos solares tenían alguna pequeña incidencia sobre ella. Ahora, se ha descubierto que en realidad podrían tener un rol protagónico en la conformación de la corteza lunar.

Para expresar la nueva posibilidad se ha publicado un estudio en la revista científica Geophysical Research Letters. El candidato a doctorado de la Universidad del Norte de Arizona, Christian J. Tai Udovicic, trabajó en el estudio junto a sus colegas E. S. Costello, R. R. Ghent y C. S. Edwards.

En conjunto, analizaron las observaciones realizadas por la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) y la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA). Al final, fueron los resultados de tales análisis los que nos llevaron a mirar de forma distinta la relación entre la Luna y la radiación solar.

La superficie de la Luna está mucho más influenciada por la radiación solar de lo que creíamos

Para el caso actual, los investigadores se enfocaron en entender el origen de las nanopartículas de hierro que se encuentran en la superficie de la Luna. Con anteriores estudios se determinó que ellas parecían tener un origen distinto a aquellas que se encuentran en la Tierra. Por lo que no quedó más que preguntarse de dónde podrían provenir y cómo terminaron en la superficie lunar.

Ilustración de la radiación solar iluminando la Luna en el espacio mientras ella está frente a la Tierra.
Crédito: Kevin Gill. Vía Flickr.

La respuesta a esas preguntas llegó al comparar los procesos de aparición de las nanopartículas de hierro en la Luna con el daño por radiación en las muestras lunares tomadas de las misiones Apolo. De acuerdo a los investigadores, existían grandes similitudes en la producción de nanopartículas de hierro.

En otras palabras, se toparon con el primer indicio que sugería a la radiación solar como fuente generadora de las nanopartículas de hierro en la Luna. Un detalle que cambiaría por completo la forma en la que nos planteamos la relación e interacciones entre nuestro satélite natural y el Sol.

Hemos pensado durante mucho tiempo que el viento solar tiene un pequeño efecto en la evolución de la superficie lunar, cuando de hecho puede ser el proceso más importante que produce nanopartículas de hierro. (…) Dado que el hierro absorbe mucha luz, se pueden detectar cantidades muy pequeñas de estas partículas desde muy lejos, lo que las convierte en un gran indicador de cambios en la Luna”, resumió Tai Udovicic.

Pero… ¿por qué la radiación solar podría generar nanopartículas de hierro en la Luna?

Básicamente, todo se debe a la falta de protección atmosférica. En el caso de la Tierra, tanto su campo magnético como su atmósfera la protegen del impacto directo de la radiación solar, impactos de asteroides y demás fenómenos espaciales.

Ahora, la Luna carece de cualquiera de dichas protecciones para disminuir los efectos de la radiación solar y afines. En consecuencia, su superficie queda totalmente expuesta al proceso de descomposición que inician los rayos solares. Como resultado, las rocas y suelo lunar se descomponen para generar las nanopartículas de hierro.

La nueva información podría cambiar la forma en la que se realizan misiones lunares a futuro

Imagen de la superficie de la Luna.
Vía Pixabay.

Este estudio muestra que la radiación solar podría tener una influencia mucho mayor en el cambio activo en la Luna de lo que se pensaba anteriormente, no solo oscureciendo su superficie, sino que también podría crear pequeñas cantidades de agua utilizables en misiones futuras”, continuó Tai Udovicic.

En resumen, para los investigadores, su estudio podría tener una gran utilidad para la planeación y desarrollo de las futuras misiones lunares. Como bien sabemos, las misiones Artemisa de la NASA tienen planeado llevar a la primera mujer a la Luna en el 2024.

Con eso, se daría inicio a una nueva era de exploración lunar que incluiría la llegada de más rovers al satélite natural y, a largo plazo, incluso el asentamiento de campamentos humanos. Pero, para poder llevar a cabo cualquiera de esas metas, se necesitará tener un conocimiento profundo de la Luna, sus fenómenos y sus recursos.

Referencia:

New Constraints on the Lunar Optical Space Weathering Rate: https://doi.org/10.1029/2020GL092198

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