Con todo lo que está ocurriendo actualmente en Afganistán luego de la ocupación de los talibanes, los derechos de la mujer en el país se está convirtiendo en una de las principales preocupaciones de la nación. Anteriormente se han llevado a cabo varios esfuerzos dirigidos a mejorar la calidad de vida de las mujeres afganas y hoy en día la importancia de conocer y difundir al respecto se ha vuelto algo imperativo.

En ese sentido, Meena Keshwar Kamal es la activista afgana que debes conocer, además creadora de la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán, mejor conocida como RAWA.

Una época de paz

El rey Amanulá y la reina Soraya

Antes de llegar al origen de RAWA, debemos ponernos al día con lo que ha ocurrido en la historia de Afganistán. Comencemos por el hecho de que el contexto del país hace un siglo era mucho más esperanzador para las mujeres, pues les estaba brindando una mayor calidad de vida. Esto ocurrió durante el mandato de Amanulá Khan entre 1919 y 1929.

Este monarca había dictaminado que habría derechos igualitarios para todos, mujeres y hombres, asegurando educación para todos y eliminando los estrictos códigos de vestimenta. De hecho, para demostrarlo, incluso su propia esposa, la reina Soraya Tarzi, primera Reina consorte de Afganistán, hizo una demostración pública en la cual se retiró el velo en pleno discurso.

Ambos realizaron reformas en pro de sus ideales de igualdad y derechos, lo cual incluía la eliminación de los matrimonios forzosos, se subió la edad mínima en la que una mujer debía casarse y pretendía que la poligamia se volviera ilegal. Sin embargo, tantos cambios bruscos generaron rechazo y obligaron al monarca a abandonar su puesto en 1929.

Fue suplantado por Muhammad Nadir Shah, un tradicionalista que pretendía volver a imponer duras reglas a los civiles. Sin embargo, no duraría muchos años en el poder, pues en 1933 fue asesinado y, posteriormente, su propio hijo, Muhammad Zahir Shah, comenzó a implementar muchas de las políticas de Amanulá entre 1933 y 1973.

Durante su gobierno, contrataron asesores extranjeros, volvieron a permitir que las niñas pudieran estudiar, fundaron una nueva universidad, crearon una nueva constitución que introdujo un marco democrático y otorgó a las mujeres afganas el derecho al voto, las mujeres comenzaron a trabajar, crear negocios e incluso formaron parte de la política.

El nacimiento de una activista

Meena Keshwar Kamal y RAWA
Meena Keshwar Kamal

Durante esta época, específicamente el 27 de febrero de 1956, nació Meena Keshwar Kamal. Era parte de una familia rica de Kabul perteneciente al pueblo pastún la cual abogaba por que sus hijos disfrutaran de una educación plena, incluyendo a sus cinco hijas. Podríamos decir que Meena fue muy afortunada por el contexto en el que llegó a este mundo.

Sin embargo, a finales de la década de 1970, la evolución del feminismo en Afganistán retrocedió abruptamente con el golpe de estado de 1978 perpetrado por el grupo afgano de comunistas. A partir de entonces empezó una especie de guerra fría en el país que concluyó en una rebelión en contra de las nuevas políticas.

En vista de la situación, Meena, quien para entonces era Presidente del Consejo en la Universidad de Kabul, decidió fundar en 1977 la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA). Este movimiento buscaba luchar por la igualdad y la justicia social para las mujeres, incluyendo los derechos para estudiar y para la atención médica, y además rechazaba a las fuerzas de invasión rusas y a la ocupación talibán.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo desde la fundación de RAWA para que los rusos ocuparan el país. Ocurrió el 24 de diciembre de 1979 con motivo de defender el nuevo gobierno comunista de las tropas rebeldes que se oponían a su mandato. Fue cuestión de meses para que Afganistán se llenara con más de 100.000 tropas soviéticas.

Una organización, una esperanza

Des Afghanes plus libres dans les années 1970? Pourquoi cette photo  d'étudiantes à Kaboul ne le prouve pas
Mujeres afganas en Kabul, 1970

No era sino un terrible contexto. El conflicto reinaba el país y las mujeres, que habían vivido una época en la que se comenzaban a respetar sus derechos, comenzaron a sufrir las consecuencias de la guerra.

RAWA se mantuvo trabajando arduamente durante estos años del lado de la resistencia, brindándole oportunidades a las mujeres en medio de la tragedia y en la defensa de la democracia y el secularismo. La prioridad era la contratación de mujeres, lo cual se hacía de forma clandestina por la seguridad de los participantes de la organización. Sin embargo, Meena aseguraba que los logros sociales no estaban siendo suficientes para garantizar los derechos de las mujeres en Afganistán.

Así, en 1979 comenzaron a organizar campañas contra el Gobierno y reuniones en las escuelas con el objetivo de movilizar a los estudiantes para defender los derechos de las mujeres. Dos años más tarde, RAWA fundó una revista bilingüe en los idiomas persa y pastún llamada Payam-e-Zan (Mensaje a la Mujer), la cual explicaba la necesidad de oponerse al fundamentalismo talibán.

A finales de 1981, Meena recibió una invitación de parte del gobierno francés para representar al movimiento de resistencia afgano en el Congreso del Partido Socialista de Francia. Su intervención fue tan emotiva y bien recibida que la delegación soviética en el Congreso, encabezada por Borís Ponomariov, abandonó la sala mientras los participantes aplaudían a una Meena que agitaba un signo de victoria.

Meena Keshwar Kamal y RAWA
Meena durante el Congreso del PSDI, 1982

Unos meses después, en marzo de 1982, Meena participó en Milán en el 19º Congreso del PSDI como representante de la resistencia afgana contra la invasión soviética. En vista de que su voz estaba comenzando a ser escuchada, las represiones contra RAWA se incrementaron y la organización tuvo que mudar su sede a Pakistán.

En el campo de refugiados de Quetta, en Pakistán, se encontraban cientos de afganos que habían estado huyendo del conflicto bélico del país. Así, Meena decidió fundar la escuela Watan (“patria” en lengua farsi), la cual estaba dirigida a los niños y mujeres de los campos que no habían contado con educación ni formación profesional en los últimos años. La escuela logró aceptar a 500 niños y a 250 niñas, lo cual representaba un éxito para la Meena, quien ya estaba organizando una recaudación internacional de fondos para la construcción de un hospital.

A mediados de la década de 1980, la resistencia Muyahidín se retiró a las montañas para pelear una guerra de guerrillas contra el ejército soviético, y Estados Unidos junto a otros países decidieron intervenir, brindándole ayuda financiera y armamentística a los rebeldes.

Esto causó que la situación con los miembros de RAWA empeorara. Uno de los afectados fue el propio esposo de Meena, Faiz Ahmad, médico y miembro de la organización de liberación de Afganistán que fue asesinado en 1986 por los esbirros del líder fundamentalista Gulbuddin Hekmatyar.

Un año más tarde, la propia Meena sufrió las consecuencias de la guerra. Fue asesinada presuntamente por agentes del servicio de inteligencia afgano KHAD, también al mando de Hekmatyar. Los tres hijos que tuvo la pareja le fueron confiados a amigos muy cercanos de ambos que se encargaron de cuidarlos y hoy en día se desconoce su paradero.

En 1989, casi una década después de guerras constantes en el país, los soviéticos abandonaron Afganistán y en lugar de que se estableciera un gobierno más pacífico en Kabul, explotó una nueva guerra civil en el país entre los propios miembros de la resistencia que luchaban contra las fuerzas soviéticas.

El peor momento para las mujeres

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Fotografía de la yemení Boushra Almutawakel parte la colección ‘The Hijab Series’, la cual muestra la desaparición de las mujeres bajo sus velos.

A raíz de la nueva guerra civil, la situación en el país, que de por sí era bastante mala, empeoró aún más. No había cumplimiento de leyes, los hombres morían en la guerra mientras sus viudas se convertían en mendigas, las violaciones se convirtieron en el pan de cada día y la tasa de suicidio en las mujeres se incrementó.

En pleno caos, los talibanes lograron extender su autoridad por todo el país, prometiendo alternativas a la guerra que parecían mejores y basándose en postulados del pashtunwali (código social tradicional del pueblo pastún), aunque ciertamente no lo eran para las mujeres del país.

Mientras los talibanes tomaban más terreno, las mujeres sufrían más, al punto que se instauró una sociedad regida por los elementos más machistas y misóginos existentes justificados porque están basados en los fundamentos del Corán, los cuales están institucionalizados como leyes.

En el año 2001, los talibanes fueron derrocados, lo cual supuso una nueva esperanza para las mujeres. Las afganas pudieron volver a trabajar, se creó un Ministerio de Asuntos de la Mujer y los pequeños esfuerzos parecían estar dando frutos.

Actualmente, tal parece que el país volverá a retroceder unos cuantos pasos luego de que las fuerzas estadounidenses, las cuales se mantuvieron en el país desde la guerra contra los soviéticos, se retirararan por completo y el gobierno de Afganistán se rindiera ante las tropas talibanesas una vez más.

¿Qué ocurrirá ahora con las mujeres?

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Clarissa Ward, reportera estadounidense de CNN, antes y después de la ocupación de los talibanes en Kabul

Afganistán de por sí había sido declarado el peor país para ser mujer en el año desde el año 2011 según Amnistía Internacional, y esto fue luego de que los fundamentalistas talibanes se retiraran del poder en el país. Ahora con su retorno, la nación se convertirá en no menos que un infierno para las mujeres afganas.

Para que tengan una idea, estas son las prohibiciones impuestas por los talibanes a las mujeres del país según RAWA:

  • Trabajo fuera de sus hogares.
  • Asistir a cualquier tipo de actividades fuera de su casa, a menos que la mujer esté acompañada por su mahram (guardián masculino).
  • Hacer tratos comerciales con hombres.
  • Ser tratadas por doctores hombres.
  • Dejarse ver sin su burka (velo largo). Este debe cubrirlas de la cabeza a los pies, incluyendo sus tobillos.
  • Usar maquillaje y cosméticos. La pena por utilizar pintura de uñas incluso podría llevar a una mujer a la amputación de sus dedos.
  • Hablar con un hombre que no sea su mahram.
  • Utilizar zapatos que produzcan sonidos al caminar. Un hombre nunca debe escuchar los pasos de una mujer.
  • Hablar o reír en voz alta. Un extraño nunca debe escuchar la voz de una mujer en público.
  • Aparecer en la radio, televisión o algún medio masivo. No pueden ser fotografiadas ni pueden aparecer en videos.
  • Practicar deportes o montar en bicicleta.
  • Vestir colores llamativos. Estos son considerados como “sexualmente atractivos”.
  • Lavar ropa en ríos o plazas públicas.
  • Asomarse a los balcones o a las ventanas de sus casas. Los vidrios deben ser opacos para que las mujeres no puedan ser vistas desde afuera de sus hogares.
  • Acceso a los baños públicos.
  • Viajar en el mismo autobús que los hombres. Estos están divididos en transportes solo para mujeres o solo para hombres.
  • Los sastres no pueden tomar medidas a las mujeres ni coser ropa femenina.
  • Los nombres de calles y plazas no pueden incluir la palabra “mujer”.

Aunado a esto, hay otros tipos de prohibiciones no legisladas, que va desde escuchar música, ver películas o celebrar tradiciones paganas, como el año nuevo.

De incumplir cualquiera de las prohibiciones legisladas, las mujeres podrían ser sometidas a azotes, palizas, abusos verbales e incluso lapidadas hasta la muerte.

¿Podemos ayudar?

Estas son las reglas que deberán cumplir las mujeres de Afganistán con la  llegada de los talibanes

RAWA, con la imagen de Meena como una mártir y líder de la organización, se ha mantenido luchando arduamente por la defensa de los derechos de las mujeres en afganistán. Hoy en día necesitan más ayuda que nunca para lograr reestablacer algunos de los derechos de las mujeres en el país.

En su página web oficial cuentan con una lista de cosas que pueden hacerse para apoyar a la organización, dentro de las cuales se encuentran las siguientes:

  • Presentar a RAWA y sus actividades en escuelas, organizaciones e instituciones.
  • Organizar reuniones, encuentros, seminarios para explicar la situación de la vida de las mujeres afganas bajo el poder de los fundamentalistas.
  • Ayudar a sus escuelas, económicamente o con material escolar. Ayudar asus hospitales, económicamente o con medicamentos y otros materiales sanitarios.
  • Donar ordenadores e impresoras para sus publicaciones.
  • Donar películas con temas antifundamentalistas (preferiblemente subtitulados en persa, y si no es posible, en inglés) y también libros, manuales, enciclopedias, diccionarios, diarios, etc. para sus centros de educación.
  • Pensar nuevas maneras sobre cómo ayudar a RAWA.

Si quieres conocer más información sobre la organización o cómo dar tu granito de arena para ayudar a las mujeres afganas en dicha situación, puedes ingresar a su sitio web haciendo click aquí.

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