La pandemia del coronavirus ha desequilibrado al mundo entero y afectado nuestra normalidad como pocos eventos podrían. Ahora, a más de un año de su inicio, aún estamos aprendiendo a identificar y lidiar con todas sus consecuencias. Con eso en mente, algunas de las lecciones aprendidas al enfrentarnos al VIH podrían ser tomadas en cuenta para responder a los diferentes efectos sociales del COVID-19, entre ellos, los huérfanos que la enfermedad ha dejado a su paso.

Para hacer referencia a tal situación la profesora de la Universidad de Stony Brook, Stony Brook y miembro del Programa de Salud Pública, Rachel Kidman, desarrolló un comentario en la revista Nature. Dentro de él, tocó los puntos y lecciones que le parecieron más resaltantes a la hora de ayudar a los niños que han quedado huérfanos a causa de la pandemia.

El nacimiento de una crisis que nos afectará a largo plazo

Kidman comenta que ha pasado su carrera estudiando la forma en la que epidemias como la del VIH afectan a los niños. Igualmente, ha especializado gran parte de su trabajo en las formas en las que se puede ayudar a los más pequeños a pasar su duelo infantil y luego tener una vida tan sana como feliz.

Ahora, se da cuenta de que sus conocimientos podrían aplicarse en el mundo, sobre todo al mirar la situación crítica que está dejando atrás el COVID-19. De acuerdo a un recuento realizado por Kidman y sus colegas, al menos 40 mil niños solo en Estados Unidos quedaron huérfanos entre febrero de 2020 y febrero de 2021 a causa de la pandemia.

Un bebé cuyos padres murieron es atendido en Beni, República Democrática del Congo.
Crédito: Zohra Bensemra/Reuters. Vía Alamy.

Por su parte, otros estudios, dirigidos por la epidemióloga Susan Hillis y citados por Kidman en su escrito, también midieron cómo el COVID-19 estaba afectando a los niños en otros países. Dicho análisis cubrió a 21 naciones. Al final, detectaron que ya más de 1 millón de infantes podrían haber quedado huérfanos –al perder uno o los dos padres– debido al coronavirus.

Debemos estar conscientes de los riesgos

Con una situación como la anterior desarrollándose, es imperante que desarrollemos estrategias con la que abordar las posibles consecuencias negativas a largo plazo. Para eso, Kidman comenta que también podemos aprender algunas lecciones del apoyo a los huérfanos del VIH para atender a los que vendrán del COVID-19.

Al tener tal meta en mente, lo primero es identificar los puntos de riesgo que podrían afectar a los niños. Entre algunos de los más resaltantes desarrollados por Kidman está la propensión de los pequeños a desarrollar depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático tras la muerte de un padre. Algo que se extendió también a un mayor riesgo de suicidio.

Sumado a eso, también suelen estar en mayor riesgo de ser víctimas de abusos sexuales (con un 50% más de probabilidad que los niños no huérfanos). Igualmente, se ha visto que tienen más probabilidades de abandonar la escuela y quedar atrapados en un ciclo de pobreza durante el resto de su vida.

La buena noticia es que la mayoría de los niños son resistentes. Con la combinación adecuada de servicios y recursos, los niños huérfanos pueden estar sanos, felices y tener un buen desempeño en la escuela”, escribió Kidman.

Las lecciones que el VIH nos deja para atender a los huérfanos del COVID-19

Tomando en cuenta todo lo anterior, la investigadora considera que se pueden utilizar los conocimientos ya adquiridos por la ciencia para adaptar muchas de nuestras respuestas a las necesidades de la nueva pandemia. Como ejemplo de algunas de las lecciones que el tratamiento de la epidemia del VIH nos deja y que podemos usar para ayudar a los huérfanos del COVID-19 tenemos los siguientes puntos:

1.- La atención debe ir tanto a los niños como a las familias

Se ha identificado que la estabilidad emocional de los más pequeños se pone en riesgo cuando deben pasar por el duelo infantil. En consecuencia, una de las primeras lecciones que los huérfanos del VIH han dejado para apoyar a los del COVID-19 es que se necesita invertir en sistemas de apoyo psicológico y seguimiento.

De acuerdo a otro estudio realizado por Kidman, al menos en Estados Unidos, la mayoría de los niños huérfanos dejados por la pandemia estaban en su etapa de adolescencia. Por lo que recomienda el entrenamiento y capacitación de figuras como los consejeros escolares para que realmente puedan acompañar y guiar al joven durante su duelo.

Niños que representan a los huérfanos dejados por el COVID-19 que podrían atenderse con las lecciones dejadas por el VIH.
Vía Hippopx.

Sumado a eso, se reconoce también que el rol del resto de la familia del niño –tíos, abuelos, nuevos cuidadores, etc.– tiene un papel fundamental en su desarrollo a largo plazo. Por ese motivo, también se plantea que se creen redes de apoyo, acompañamiento y educación para el padre sobreviviente o el nuevo familiar a cargo.

De ese modo, también contarán con una ayuda para procesar y superar su propio luto mientras le ofrecen al niño un ambiente seguro y estable en el que desarrollarse.

2.- Favorecer el apoyo tanto psicológico como económico

Además de lo anterior, Kidman citó numerosos casos en su escrito donde el uso de apoyos económicos se tradujo en una mejor calidad de vida en general para los niños. De allí que entonces también plantee su utilización generalizada como respuesta a la actual pandemia.

Eso debido a que una de las lecciones que ha dejado la epidemia del VIH es que, si queremos ofrecer buenas oportunidades de vida a los huérfanos, del COVID-19 o cualquier otra causa, es imperante brindar apoyo a los familiares que frecuentemente se enfrentan a presiones económicas elevadas tras la muerte de uno o ambos padres.

3.- Los estudios e investigaciones deben mantenerse en constante renovación

Incluso ahora no hay suficientes estudios sobre el duelo infantil o la forma en la que él afecta a los más pequeños a largo plazo. De acuerdo a Kidman, otra de las lecciones vitales del VIH para cuidar de los huérfanos del COVID-19 es que las investigaciones nunca deben detenerse.

En momentos como los actuales, la pandemia se mantiene activa y los datos se estarían recopilando “en caliente”. Pero ese no es el único momento para hacer investigaciones. Con la finalidad de estar preparados para responder de la mejor manera posible, es necesario que se hagan estudios continuos. Solo así se podrán construir bases para reaccionar satisfactoriamente a las consecuencias tanto de esta pandemia como de las crisis que puedan venir en el futuro.

Las intervenciones tempranas son cruciales para reducir el trauma y promover la salud futura. La comunidad científica debe dar un paso al frente para ayudar a adaptar las acciones actuales y trabajar para llenar los siguientes vacíos de investigación”, concluyó Kidman.

4.- Desarrollar una estructura de soporte a largo plazo

Finalmente, como un complemento de lo anterior, la investigadora también menciona lo importante de realizar un seguimiento continuo. Solo de tal forma se podrá determinar cómo los infantes se desarrollan a largo plazo, si se han visto perjudicados y de qué forma las medidas de apoyo pueden o no hacer la diferencia

Para eso, Kidman ha recomendado la creación de una cohorte longitudinal. Eso puesto que, en su opinión, se necesita una “infraestructura de investigación que pueda capturar datos sobre cómo les está yendo a los niños huérfanos ahora y que pueda seguirlos en el futuro”.

Una cohorte longitudinal es una herramienta flexible para identificar desafíos emergentes, evaluar rápidamente el potencial de las intervenciones y probar las opciones del programa de manera rigurosa. Las cohortes longitudinales, como el Orphan Resilience Study en Sudáfrica, ayudaron a fundamentar la respuesta al VIH en la ciencia.

Es hora de aprovechar esas lecciones [dejadas por la epidemia del VIH] para apoyar a los niños que han quedado huérfanos por COVID-19”, completó.

Referencia:

Use HIV’s lessons to help children orphaned by COVID-19: https://doi.org/10.1038/d41586-021-02155-9

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