En la actualidad vivimos saltando de una tarea a otra y estamos acostumbrados a enfrentarnos a un flujo de información constante y aparentemente interminable. De allí que se hayan desarrollado estrategias para intentar que nuestra mente recupere su calma. Una de ellas es el ayuno de dopaminas que, si no es entendido correctamente, puede venir con su propio set de riesgos o peligros.

Entonces, para asegurarnos de entender bien lo que es, y así poder aprovecharlo al máximo, profundicemos en lo que la técnica tiene para ofrecernos y cómo podemos aplicarla a nuestra vida. De ese modo, lograremos evitar sus peligros mientras aprovechamos todos los beneficios que trae para nuestra calidad de vida.

¿Qué es la dopamina?

Antes que nada, debemos aclarar lo que son las dopaminas para poder entender realmente en qué consistiría su “ayuno” y dónde comenzarían los peligros de él. Para empezar, simplemente podemos decir que se trata de un neurotransmisor crucial que existe en nuestro cerebro.

De forma general, los neurotransmisores son los “vehículos” a través de los que las neuronas pueden comunicarse para realizar todo tipo de procesos. Ellos van desde tareas sencillas como la determinación del movimiento, hasta elementos más complejos abstractos como la formación y retención de memorias, así como parte de la regulación del ánimo.

Neurotransmisores de dopamina.
Vía Shutterstock.

Ahora, en el caso específico de las dopaminas, las podemos ver comúnmente denominadas como el “químico del placer”, según BBC. Esto se debe a que están relacionadas con la liberación de “recompensas” en el cerebro cada vez que realizamos alguna tarea. En otras palabras, están altamente ligadas con la regulación de nuestra motivación.

La liberación de dopamina puede ser provocada por una variedad de estímulos externos, especialmente eventos sobresalientes e inesperados”, comentó para BBC, Joshua Berke, profesor de neurología y psiquiatría en la Universidad de California, San Francisco.

En general, puede aparecer en nuestro cerebro desde el momento en el que anticipamos una recompensa hasta que finalmente realizamos la tarea y obtenemos lo que esperábamos. Gracias a ella, logramos dar el paso entre planificar lo que vamos a hacer y realmente ponernos manos a la obra.

El detalle está en que, en la sociedad actual, hemos encontrado multitud de estímulos que nos ofrecen un “acceso fácil” a la dopamina. Lo cual nos hace preferirlos sobre otras actividades o elementos que podrían ser mejores para nosotros, pero que requieren de más esfuerzo y no ofrecen la gratificación inmediata a la que rápidamente nos acostumbramos.

¿Podemos hacernos adictos a la dopamina?

No exactamente. La dopamina es un neurotransmisor que siempre está en nuestro cerebro y, como tal, no es un químico del que podamos desarrollar dependencia como tal. No podemos verla como si se tratara de una droga, puesto que es un componente natural de nuestro organismo.

El detalle está en que, en la cultura en la que vivimos, nos hemos acostumbrado a mantener los niveles de dopamina constantemente altos en nuestro cerebro. Como consecuencia, podemos desarrollar algo muy similar a la “resistencia” a sus efectos. Lo que, al final, nos hace necesitar picos cada vez más altos de dopamina para conseguir la misma gratificación.

Debido a eso, terminamos aferrándonos a fuentes fáciles de recompensa como la comida chatarra, las redes sociales, los videojuegos, las drogas y el alcohol, entre otras. Algo que se nos hace cada vez más difícil de sacar de nuestra cotidianidad ya que “entrenamos” a nuestra mente para desearlo.

El problema de la falta de dopamina

Crédito: Ryan Lee.

Ahora, alejarnos de dichas fuentes fáciles de dopamina para hacer el “ayuno” que tanto se recomienda no debería tener peligros en sí. De hecho, cortar con cada uno de esos elementos ni siquiera nos causaría un “déficit” del neurotransmisor, sino que sus niveles volverían a los valores estándar que necesita nuestro cerebro.

Algo que es altamente positivo, ya que los verdaderos bajos niveles de dopamina están altamente asociados con problemas para la salud. Por ejemplo, las personas pueden experimentar rigidez corporal o también temblores, algo que irá de la mano con otros problemas neuronales como el decaimiento y el déficit de atención. Un detalle que además podría estar coronado con episodios continuos de mal humor y falta de motivación en general.

Dicho problema podría llevar a las personas a dejar de esforzarse y a renunciar a situaciones, personas o elementos que son beneficiosos para su vida. Como un ejemplo, podríamos ver a individuos dejando sus carreras, estudios o a sus parejas, simplemente por el desequilibrio ocasionado por la falta de dichos neurotransmisores en el cerebro.

En resumen, cuando hablamos de un “ayuno de dopaminas” no nos referimos a eliminar dichos neurotransmisores de nuestro sistema, ya que ahí empiezan los peligros. En realidad, hablamos de hacer lo posible por devolver el equilibrio a nuestra mente al quitarle la costumbre de funcionar con constantes picos de dopamina –que a la larga son insostenibles–.

Ayuno de dopaminas: en la búsqueda del equilibrio perfecto

Ayuno de dopaminas.



Crédito: Express Ilustrations.

Ya que hemos dejado claro lo anterior, podemos pasar a hablar con más detalle sobre lo que es el ayuno de dopaminas y cómo evitar sus posibles peligros. De acuerdo a psicólogos como el doctor Cameron Sepah, la técnica es básicamente una variante de una terapia conductual basada en el “control de estímulos”.

En ella, simplemente se devuelve el “control” a las personas al evitar que se hagan dependientes de fuentes externas para generar su propia motivación –como quien escucha música para trabajar– o su estado de ánimo –como quien podría necesitar ver su serie preferida o jugar su videojuego favorito para tener un buen día–.

En general, no hay nada malo con disfrutar lo que nos gusta. Pero el problema empieza cuando eso se transforma, más que en un pasatiempo o distracción, en una necesidad. Es allí donde se hace necesario trazar nuestro límite y buscar que nuestro cerebro deje de lado esas costumbres que, en su mayoría, terminan siendo un detrimento para nuestra calidad de vida, ya que suplantas otras que podrían ser más saludables para nosotros –como hacer ejercicio, meditar, interactuar con nuestra familia, etcétera–.

Algunos expertos como la profesora de psicología y estudiante de neurociencia de la Universidad de Cambridge, Amy Milton, opinan que el “ayuno de dopaminas” no debería llamarse así. Ya que, como lo explicamos, realmente no estamos intentando eliminarlas de nuestro organismo, sino simplemente restablecer sus valores.

El cualquier caso, la terminología alrededor de la técnica aún se encuentra en discusión. Pero, sea cual sea el nombre con el que termine, los beneficios y peligros del actualmente llamado ayuno de dopaminas seguirían siendo los mismos.

Para hacer correctamente el ayuno de dopaminas

Si queremos tomar acción para mejorar nuestra calidad de vida, podemos seguir los consejos dados por el Dr. La Rosa a través de su canal de YouTube. A través de un sencillo video explicativo, no solo nos presenta los trucos que podemos usar para aplicar el ayuno de dopaminas a nuestra vida, sino también cómo podemos evitar sus posibles peligros.

En resumen, podemos mencionar cuatro grandes acciones para llevar a cabo el ayuno de forma adecuada. En primer lugar, debemos comprometernos a evitar las sustancias o situaciones que pueden aumentar artificialmente la dopamina.

Es decir que debemos evitar las situaciones que ofrecen una recompensa fácil. Como algunos ejemplos podemos nombrar los videojuegos, redes sociales, entretenimiento por streaming, los sitios de contenido para adultos, el alcohol y las drogas, así como la comida rica en sodio o hidratos de carbono.

Persona realizando un ayuno de dopamina.
Vía stock.adobe.com

Sumado a eso, como segunda recomendación, el experto sugiere que realicemos el ayuno de dopaminas entre al menos 3 y 7 días para lograr los mejores resultados. En caso de no disponer de tanto tiempo, su tercer consejo que es sumemos la meditación a nuestra rutina y que intentemos practicarla cuando usualmente estaríamos buscando la gratificación inmediata con algún hábito poco saludable.

Como un punto extra, recomienda también que intentemos recorrer nuestro día a día sin música motivacional. Principalmente porque el Dr. La Rosa argumenta que también puede subir subir nuestros niveles de dopamina artificialmente y luego dejarnos desmotivados cuando ya no tenemos el estímulo.

Resumidamente, lo que plantea el Dr. La Rosa es que reemplacemos las fuentes de motivación externa con las internas. Así seremos más productivos y tendremos más tiempo para compartir con nuestros seres queridos. Algo que nos ayudará a iniciar el camino entre la vida que tenemos y aquella que deseamos.

Bonus:

Para más detalles sobre cómo poner en práctica el ayuno de dopaminas, acá te dejamos el video original del Dr. La Rosa.

Entonces… ¿El ayuno de dopaminas también tiene sus propios peligros?

Sí, pero solo cuando está mal hecho o mal entendido. En otras palabras, cuando se lo exagera, se lo usa por los motivos incorrectos o no se entiende exactamente qué es lo que debemos “regular” en nuestra vida y qué no. Pero, por sí mismo, es inofensivo.

Eso lo podemos ver con más claridad en el escrito en la sección de salud del blog de la Universidad de Harvard. En él, se estipula que:

Si bien la dopamina aumenta en respuesta a recompensas o actividades placenteras, en realidad no disminuye cuando evita las actividades sobreestimulantes, por lo que un “ayuno” de dopamina en realidad no reduce sus niveles de dopamina”.

Tal como lo explicamos más arriba, de allí que la idea del “ayuno” no sea eliminar la dopamina del organismo, sino ayudarla a regresar a su equilibrio natural. Pero, si no se comprende bien tal concepto, entonces la práctica del ayuno de dopaminas sí empieza a tener sus peligros.

(…) legiones de personas han malinterpretado la ciencia, así como todo el concepto de ayuno de dopamina. Las personas ven la dopamina como si fuera heroína o cocaína, y están ayunando en el sentido de darse un “descanso de tolerancia” para que los placeres de lo que sea de lo que se estén privando (comida, sexo, contacto humano) sean más intensos o vívidos cuando se consumen de nuevo, creyendo que las reservas de dopamina agotadas se habrán reabastecido. Lamentablemente, no funciona de esa manera en absoluto”, continúa el escrito en el blog.

El verdadero peligro aparece cuando no se entiende correctamente el proceso

Como consecuencia, las personas llegan a extremos e incluso intentan aislarse de las interacciones sociales como si ellas fueran parte de las fuentes de sobreestimulación. Claramente, eso no es así y los resultados terminan dejando a las personas con una sensación de decepción –ya que no lograron lo que buscaban– y aún sin un verdadero equilibrio en los niveles de sus neurotransmisores, que no tuvieron la oportunidad de estabilizarse en las áreas que realmente cuentan.

De allí que sea imperante entender bien qué buscamos hacer y cómo lo llevaremos a cabo antes de emprender el “ayuno”.

Todos los días estamos sobreestimulados, ahogados en el ruido de estas cosas, y ahora podemos dar un paso atrás, reflexionar y volver a involucrarnos de la manera que queremos, no de la forma en que hemos estado entrenados”, comentó Milton para BBC.

Efectivamente, aunque la psicóloga no está de acuerdo con la nomenclatura del proceso, en esencia, tampoco ve nada peligroso en la práctica. Todo ya que ella básicamente busca devolver a las personas el control sobre sus propias fuentes de motivación, de forma que no se hagan dependientes de las recompensas fáciles y sepan priorizar las actividades, relaciones y elementos que tienen un valor positivo para su salud y su vida en general.

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