La falta de certeza por conocer qué sucederá respecto a una situación determinada puede llevarnos a tomar decisiones apresuradas. Pero, ¿por qué la incertidumbre tiende a alterar nuestro comportamiento?

De acuerdo a un artículo publicado en la revista The Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory, and Cognition, cuando los seres humanos experimentamos cambios drásticos en nuestro entorno, tendemos a cambiar nuestro comportamiento y a idear estrategias que nos permitan tomar el control de la situación.

Nuestro cerebro necesita anticiparse a ciertas situaciones

Imagen desenfocada del rostro de una

Por naturaleza, los seres humanos tendemos a caer en la rutina. Es por ello que nos fijamos un horario para laborar, comer y hasta compartir con la familia. Si bien es una forma de llevar nuestra vida de la forma más organizada posible, ante cualquier imprevisto que altere ese orden, caemos en un mar de incertidumbre.

Básicamente eso sucede porque nuestra mente necesita saber a qué se enfrentará para anticipar ciertas situaciones. En ese sentido, el autor principal del artículo, Adrian Walker, expresa:

“Cuando las personas experimentan un cambio inesperado en su entorno, comienzan a buscar formas de reducir esa incertidumbre. Pueden cambiar su comportamiento y estrategias de toma de decisiones para tratar de encontrar una manera de recuperar cierto sentido de control”.

Incertidumbre inesperada

Flechas sobre una carretera
La incertidumbre afecta nuestra toma decisiones

Según se explica en la investigación, los seres humanos podemos experimentar dos tipos de incertidumbre: esperada e inesperada. La forma en la que se presente determinará nuestro comportamiento. Por ejemplo: cuando una persona deduce qué resultados esperar de una situación, no sufrirá cambios drásticos en su comportamiento. Por el contrario, cuando una situación no sale como se espera, el efecto será contrario.

Para probar este antecedente, los investigadores llevaron a cabo un experimento (realidad virtual) en el que solicitaban a grupo de 35 participantes que vendieran un par de objetos a dos sujetos (alienígenas) para conseguir sumar puntos como fuera posible (recompensa de 15 puntos).

“Los participantes debían elegir a qué extraterrestre vender un par de productos químicos, pero solo uno de los productos químicos determinaba cuánto pagaría el extraterrestre. Necesitaban averiguar qué combinación química y alienígena les permitiría obtener las mayores recompensas”, se explica en el estudio.

Inicialmente, los participantes se familiarizaron con la tarea e idearon una estrategia que les permitirá alcanzar los objetivos. Sin embargo a mitad del experimento, las reglas cambiaron (recompensa entre 8 y 22 puntos). Ante la incertidumbre, los participantes comenzaron a cambiar de táctica. “El truco es que, en todos los casos, lo mejor que pudieron hacer fue utilizar su antigua estrategia”, dice Walker. 

Incertidumbre esperada

En un segundo experimento, los investigadores volvieron a cambiar las reglas del juego, pero de forma gradual (cambiaron a 14-16 puntos, luego 13-17 puntos, hasta los 8-22 puntos). En respuesta, los participantes mantuvieron sus viejas estrategias y su comportamiento no cambió repentinamente. Es evidente que cuando la incertidumbre es inesperada nuestro comportamiento cambia, provocando que nos aceleremos en la toma de decisiones.

“La incertidumbre está a la base de todos los desórdenes de ansiedad, porque siempre están orientados hacia el futuro”, explica Jack Nitschke, profesor de psicología de la Universidad de Wisconsin.

Mientras mayor sea nuestra incertidumbre, mayor será la capacidad de nuestro cerebro de imaginar los peores escenarios. Por eso es que nuestro comportamiento cambia y tendemos a tomar decisiones apresuradas sin medir sus consecuencias. Un ejemplo claro de ello, son las compras compulsivas que se realizan a raíz de la pandemia ocasionadas por el COVID-19.

Referencia:

Protection from uncertainty in the exploration/exploitation trade-off. http://doi.org/10.1037/xlm0000883

Intolerance of uncertainty as a mediator of reductions in worry in a cognitive behavioral treatment program for generalized anxiety disorder. http://doi.org.10.1016/j.janxdis.2015.05.004

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