A pesar de haber tenido un tumor en su pie, dos fracturas graves en las vértebras de su cola y algunas infecciones, el dinosaurio pico de pato logró sobrevivir durante algunos años.

Pero, ¿cómo lo logró? ¿Existía la medicina entre los dinosaurios en su época? ¿O constituyen también un buen ejemplo de resiliencia a pesar de su triste final? Los científicos no lo tienen muy claro, pero en su artículo en la revista Cretaceous Research detallan la patogenia de sus múltiples afecciones.

Una lesión diagnosticada inicialmente como una fractura

Bonapartesaurus rionegrensis fue descubierto en la década de 1980 en la región argentina de la Patagonia. Inicialmente, los científicos le diagnosticaron una fractura de pie; también exhibía otras lesiones en varias espinas neurales de las vértebras de la cola, pero los análisis se detuvieron hasta 2016, cuando el paleontólogo argentino Jaime Powell, invitó a otro equipo a reanudar la investigación.

En esta nueva oportunidad, los científicos analizaron todas las lesiones del espécimen, pero quedaron particularmente sorprendidos con el estado en el que se encontraba su pie.

Después de estudiar la histología y las tomografías computarizadas del fósil, no encontraron ninguna fractura en su pie; en su lugar, observaron un hueso deformado al punto de parecer un coliflor debido a un proceso de crecimiento excesivo.

La fractura de pie que resultó ser en realidad un tumor

Los análisis mostraron una reducción de la densidad ósea y varias áreas en las que se había destruido el tejido cortical. Esto llevó al equipo a pensar que, en lugar de una fractura, este dinosaurio padeció un tumor cancerígeno. “Probablemente estábamos ante un cáncer o una neoplasia, como un osteosarcoma”, especificó Penélope Cruzado-Caballero, la autora principal del estudio.

Ilustración que muestra el tumor y las fracturas del hadrosaurio.
Crédito: José Antonio Peñas.

Lo impresionante es que, a pesar de este cáncer avanzado, el tumor no afectó significativamente la zona de inserción del músculo. Por lo tanto, es probable que su locomoción no se viera afectada, lo que, a su vez, podría explicar cómo sobrevivió en un entorno salvaje.

El estudio abarcó una muestra de casi la mitad del esqueleto. Y aunque el afectó gravemente el metatarso, los científicos tampoco encontraron evidencia de que el tumor mal diagnosticado como fracturas del hadrosaurio se extendiera a otros huesos.

Un par de fracturas en la cola del hadrosaurio

Las verdaderas fracturas se ubicaban en las espinas neurales de dos vértebras de la cola del hadrosaurio con el tumor. Los científicos creen que la fractura en una de las vértebras fue consecuencia de un fuerte golpe que desplazó al hueso, que luego cicatrizó y curó casi por completo. El episodio también pudo haber causado la apariencia curvada de la columna del animal.

La otra fractura también pudo haber sido resultado de un evento de estrés, pero, a diferencia de la anterior, este no causó el desplazamiento del hueso. Sin embargo, el estudio reveló un hinchazón que formó un callo en el hueso a medida que la lesión se curaba.

Un dinosaurio que sobrevivió a pesar del tumor, las fracturas y las infecciones que lo aquejaron

Los autores también creen que las fracturas, y la consecuente rotura de los músculos que rodean el hueso, pudieron crear las condiciones idóneas para infecciones que probablemente limitaron la movilidad de la cola. Es probable que, en vida, el dinosaurio pico de pato experimentara mucho dolor, no solo por el tumor sino también por las fracturas e infecciones que los aquejaron.

Pero, como dijimos al principio, en un contexto tan desfavorable, el hadrosaurio sobrevivió. Es difícil cuantificar el tiempo, que pudo haber sido de meses o años, pero hasta ahora no hay indicios de que estas lesiones causaran inmediatamente su muerte.

Referencia:

Osseous paleopathologies of Bonapartesaurus rionegrensis (Ornithopoda, Hadrosauridae) from Allen Formation (Upper Cretaceous) of Patagonia Argentina. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0195667121000471

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