Durante la adolescencia, los jóvenes viven sus emociones intensamente hasta el punto de que en arrebatos de ira pueden llegar a lastimarse sin medir las consecuencias de sus actos. Si bien pareciera que autoagredirse les puede causar mucho dolor físico, una nueva investigación ha determinado que los jóvenes que se han autolesionado más de cinco veces en su vida tienen el umbral del dolor –intensidad mínima a partir de la cual un estímulo se considera doloroso– más alto en comparación con los chicos que no lo han hecho.

En el artículo, publicado en la revista JAMA Network Open, se evidencia que los jóvenes que se han autolesionado en el pasado son más tolerantes al dolor. Por lo tanto, son más propensos a caer en el suicidio.

La autolesión puede arrastrar a los adolescentes al suicidio

Un chico intentando lanzarse de un techo

Como parte del análisis, se reclutaron a un total de 64 adolescentes con edades entre los 12 y 17 años, a los cuales se les aplicaron una serie de 13 pruebas que incluían detección termina y umbrales del dolor por presión. De esa manera, pudieron detectar en qué punto empezaron a sentir dolor por primera vez.

A través de este método, los investigadores esperan identificar a los jóvenes con mayor tolerancia al dolor e identificar a los que tienen mayor riesgo de perder la vida, pues consideran que la autolesión es uno de los factores que más propicia el suicidio. En ese sentido, el coautor del estudio Dennis Ougrin expresa:

Una vez que una persona se ha sentido lo suficientemente cómoda con el dolor, cuando ha elevado el umbral muy por encima de lo que sería normalmente en alguien que no se ha autolesionado, es en ese momento que podemos decir que tiene un mayor riesgo de suicidio”.

Ahora bien, si hablamos de edades y los riesgos de autolesionarse, los niños de 12 años (por lo menos, en el Reino Unido) son los más propensos a lastimarse a sí mismos, según el estudio.

Hiposensibilidad al dolor físico

Además de tolerar el dolor, los chicos con el umbral del dolor más alto mostraron una hiposensibilidad significativa a estímulos inocuos, lo que se traduce en una falta reacción al dolor. Si bien los resultados son sorprendentes, los investigadores no están seguros si esta hiposensibilidad sensorial es un factor de riesgo preexistente de autolesión o producto de ella.

Se espera que este análisis sirva de base para futuras investigaciones que ayuden a esclarecer estas anomalías sensoriales. Así como a buscar estrategias que ayuden a las personas con conductas autolesivas a superar sus trastornos mentales.

Referencia

Assessment of Somatosensory Function and Self-harm in Adolescents. https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2781925

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