A estas alturas, la idea de que espacios muy limpios pueden debilitar nuestro sistema inmunológico ya es parte de la creencia popular. Por ello, se considera que las personas que crecen en ambientes “demasiado limpios” tienden a tener una salud más frágil y mayores problemas con el desarrollo de patologías.

La ciencia ha dado continuas evidencias de que tal creencia no es una realidad. Sin embargo, la idea se ha quedado incrustada en nuestra memoria colectiva. Para hacer algo al respecto, el par de investigadores, Graham A. W. Rook y Sally F. Bloomfield, realizaron una revisión sistemática de la literatura.

Los resultados de su recorrido por las investigaciones relacionadas con el sistema inmunológico y los ambientes limpios se publicaron en Journal of Allergy and Clinical Immunology. Gracias a ello, ahora existe un solo trabajo en el que se pueden ver los varios motivos por los que la llamada “hipótesis de la higiene” no tiene bases científicas.

 “Hipótesis de la higiene”: ¿un hogar demasiado limpio es malo para nuestra salud?

La investigación, llevada a cabo en el Reino Unido, abordó la idea con la intención de estudiar todas sus aristas. La “hipótesis de la higiene”, plantea que los ambientes demasiado limpios son culpables de “debilitar” nuestro sistema inmunológico.

Según la lógica de tal enunciado, la falta de exposición –sobre todo en la infancia– a las colonias de organismos que se acumularían en nuestro hogar si no limpiáramos son vitales para el desarrollo de nuestro propio sistema inmune. Según el microbiólogo Rook, del London College, tal narrativa pública se ha mantenido por más de 20 años.

Ahora, tanto él como Bloomfield han abordado la temática con la esperanza de presentar suficientes evidencia como para que, finalmente, la creencia se deje de lado. Con ello en mente, presentaron tres motivos principales por los que la “hipótesis de la higiene” no se puede validar.

No, nuestro sistema inmunológico no se va a debilitar por estar en espacios “muy higiénicos”

Productos de limpieza.
Crédito: Marco Verch.

Lo primero que detallaron los investigadores es que, en efecto, la presencia de microbios es vital para nuestro organismo. De hecho, el cuerpo humano es capaz de funcionar debido a su relación simbiótica con cientos de colonias de diversos microbios y bacterias.

Sin embargo, ello no implica que si dichos microbios no están en el pomo de nuestra puerta, nuestro sistema inmunológico se va a debilitar. De hecho, uno de los primeros hallazgos comunes en su revisión de la literatura es que los niños rara vez construyen sus defensas inmunes basados en el ambiente de su casa –esté limpio o no–.

La exposición a nuestras madres, miembros de la familia, el entorno natural y las vacunas puede proporcionar todos los insumos microbianos que necesitamos”, comentó Rook.

Sumado a ello, como segundo punto resaltante también se destacó que las vacunas, aplicadas según sugieren los organismos de salubridad, son más que suficientes para ayudar a robustecer el sistema inmunológico. En otras palabras, la falta de microbios en casa no causará una carencia en la inmunidad de la persona si ella se ha colocado sus vacunas correspondientes.

Finalmente, también observaron que, si hay un ambiente que va a influir en nuestro sistema inmunológico, será el externo. En otras palabras, vieron que las incursiones al aire libre sí tuvieron un efecto sobre la construcción de defensas en el organismo. Un fenómeno que no se vio repetido al evaluar nuestra interacción con espacios interiores.

El verdadero peligro detrás de los ambientes excesivamente limpios

Aunque su investigación no circuló principalmente dicho tema, la revisión de la literatura de los investigadores reveló en menor medida que, cuando los ambientes limpios parecían relacionarse con problemas de salud, el factor dañino no era la eliminación de organismo, sino el contacto con los productos de limpieza.

En otras palabras, no detectaron que el sistema inmunológico se pudiera debilitar por tener una casa muy limpia. Sin embargo, tener constante contacto con los químicos de los productos de limpieza sí podría estar teniendo un efecto negativo en la salud de las personas.

De allí que, según los investigadores, lo más recomendable sea intentar limitar la exposición directa a los compuestos –sin tener que renunciar a nuestras prácticas de higiene y limpieza general.

Así que limpiar la casa es bueno y la limpieza personal es buena, pero, como se explica con cierto detalle en el documento, para evitar la propagación de la infección, es necesario apuntar a las manos y las superficies que con mayor frecuencia están involucradas en la transmisión de infecciones. (…) Al enfocar nuestras prácticas de limpieza, también limitamos la exposición directa de los niños a los agentes de limpieza”, concluyó Rook.

Referencia:

Microbial exposures that establish immunoregulation are compatible with targeted hygiene: https://doi.org/10.1016/j.jaci.2021.05.008

Escribir un comentario