Los alimentos poco saludables inundan el mercado en la actualidad. Después de todo, suelen tener más presencia en los productos de la cultura pop, como las películas, y, por su sabor, se la opción inmediata a la hora de pensar en un bocadillo delicioso. Ahora, esa tendencia a preferir la comida chatarra podría tener más que un origen en nuestro proceso consciente de toma de decisiones.

De hecho, según una reciente investigación publicada en Nature Human Behaviour, nuestra biología podría estar condicionada para preferir las comidas poco saludables. Ahora… ¿por qué? Los científicos Nicolette J. Sullivan y Scott A. Huettel se dedicaron a buscar la respuesta.

La biología detrás de nuestra preferencia por la comida chatarra

Para poder entender por qué se hace más fácil preferir la comida chatarra sobre las opciones saludables, los investigadores contaron con la colaboración de 79 voluntarios adultos. Gracias a estudios anteriores, sabemos que las comidas poco saludables pueden producir adicción -e incluso síntomas de abstinencia si se la deja de consumir de golpe–.

Donas.
Vía Piqsels.

Con ello, podemos ver que la comida chatarra es capaz de desarrollar vínculos poderosos con nuestro organismo. Debido a eso, no se hace tan extraño que de un modo u otro nuestro cerebro tienda a favorecerlos. Sin embargo, tal vez no sea por el motivo que nos imaginamos.

Para identificarlo, los investigadores solicitaron a los voluntarios que decidieran entre dos comidas una sana y otra no. En general, los que decidieron rápido tendieron a preferir aquellas calificadas como chatarra, debido a su buen sabor. Esa fue la clave que permitió a los autores del estudio identificar cómo nuestro cerebro aprender a preferir la comida chatarra.

¿Por qué nuestro cerebro tiende a preferir la comida chatarra?

Hamburguesa.
Vía PxHere.

Los investigadores encontraron que tal preferencia vino de la rapidez con la que nuestra mente toda decisiones. Al parecer, nuestro cerebro solo requiere de medio segundo para determinar si un alimento tiene o no buen sabor. Por otra parte, necesita el doble de tiempo para sopesar si es saludable y qué consecuencias podría tener consumirlo.

Esto significa que podríamos comernos una galleta, no porque el deseo de un bocadillo sabroso abrume nuestra limitada fuerza de voluntad, sino porque la información sobre las consecuencias futuras para la salud de comer esa galleta no entra en nuestro proceso de decisión lo suficientemente temprano como para influir en las decisiones que tomamos, explicó la Dra. Sullivan.

En otras palabras, podríamos hacer decidido comernos la galleta antes de que siquiera pensáramos en sus efectos sobre nuestra salud. En consecuencia, se encontró que las personas que se toman más tiempo para decidir sobre qué comerán tienden a alimentarse más sanamente. Por otro lado, los que deciden más rápido son más propensos a preferir la comida chatarra.

¿Qué diferencia hace el nuevo conocimiento?

Ponquecitos.
Vía Piqsels.

Nuestros hallazgos sugieren que a menudo no es culpa nuestra que comemos alimentos poco saludables; nuestro cerebro simplemente es más lento para procesar qué tan saludable es un alimento”, concluyó la Dra. Sullivan.

Según tal descubrimiento, los investigadores recomiendan a las personas tomarse más tiempo a la hora de decidir sobre sus comidas. De ese modo, la información sobre la salubridad de los alimentos podrá ser tomada en cuenta en el proceso de toma de decisiones.

Referencia:

Healthful choices depend on the latency and rate of information accumulation: https://doi.org/10.1038/s41562-021-01154-0

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