Cocinar con la ventana abierta puede ser un gran problema para los humanos. Con ello, no solo es fácil avisar a los comensales afuera que la comida está lista, sino atraer huéspedes no deseados que buscarán probar cada uno de los platillos preparados. Las moscas también consumen alimentos, y aunque no en las cantidades que nosotros, sí llegan a ser muy selectivas.

Un nuevo estudio publicado en Nature Communications nos ayuda a comprender qué pasa en el cerebro de estos insectos voladores mientras escogen qué alimento ingerir. Y, sorprendentemente, esto es, de cierta forma, similar a lo que ocurre en el nuestro.

Las moscas parecen tener preferencia por los alimentos dulces

Cuando hacemos una comida al aire libre, las moscas suelen ser un problema. Parecen tener gusto por absolutamente todo lo que esté sobre nuestra mesa, pero seguro muchos habrán notado que los dulces y los carbohidratos son sus preferidos.

Los científicos también están al tanto de ello y aseguran que los gustos de estos insectos voladores son bastante exigentes aunque se paran en casi todos lados. De hecho, dedican mucho tiempo y energía en buscar calorías nutritivas, evitando en la medida en que sea posible alimentos amargos y potencialmente tóxicos.

Sin embargo, había curiosidad por saber qué es lo que las hace tan meticulosas al escoger en el menú. Puede que el veganismo o el interés por mantener su figura constituyan una explicación potencial en estos casos; sin embargo, comprender cómo las moscas escogen sus alimentos podría también ayudar a comprender mejor cómo los escogemos los humanos.

Un experimento engañoso

Para determinarlo, los investigadores las sometieron a un experimento engañoso. Dieron a moscas de la fruta que se encontraban hambrientas la opción de elegir entre dos grupos de alimentnos: un grupo que incluyó ingredientes dulces y nutritivos mezclados con quinina amarga; y alimentos menos dulces, pero no amargos, que contenían menos calorías.

Mientras estas sopesaban sus decisiones, los investigadores tomaron neuroimágenes para monitorear la actividad neuronal en sus cerebros. De este modo, identificarían las vías neuronales implicadas en el proceso de decisión.

Las elecciones de las moscas en cuanto a alimentos no dependen solo del hambre

Las moscas transmiten información sensorial a una parte de su cerebro llamada cuerpo en forma de abanico; este constituye el punto en el que se integran las señales emitidas, y su procesamiento da lugar a lo que, en términos de humanos, se conoce como decisión ejecutiva.

Durante el experimento de búsqueda de alimentos, los patrones de la actividad neuronal de las moscas en el cuerpo en forma de abanico cambiaban continuamente; los cambios surgían de forma adaptativa, a medida que se topaban con nuevas opciones de alimentos. En función de ello, las moscas tomaban su decisión sobre qué comer, de forma un poco similar a los humanos.

De forma simple, la decisión alimentaria de las moscas “depende del hambre que tengan”, dijo Michael Nitabach, profesor de fisiología celular y molecular, genética y neurociencia en la Facultad de Medicina de Yale. “Cuanto más hambre tienen, más probabilidades hay de que toleren el sabor amargo para obtener más calorías”.

Pero descubrieron algo aún más interesante. La elección alimentaria de las moscas podía cambiarse al manipular las neuronas en las áreas del cerebro que alimentan las señales que se integran en el cuerpo en forma de abanico.

Por ejemplo, los investigadores notaron que al disminuir la actividad de las neuronas involucradas en el metabolismo, las moscas hambrientas eligieron los alimentos con menos calorías. “Es un gran ciclo de retroalimentación, no solo una toma de decisiones de arriba hacia abajo”, dijo Nitabach, autor principal del estudio.

Los humanos y las moscas se parecen a la hora de comer

Lo curioso es que la actividad neuronal en el cerebro de una mosca, al igual que en el cerebro humano, está regulada por la secreción de neuropéptidos y el neurotransmisor dopamina; como muchos saben, esta sustancia interviene en la regulación de la sensación de recompensa, muy habitual al comer. Un cambio en esta red puede modificar también la forma en que el cerebro responde a ciertos tipo de alimentos.

De modo que las moscas y los humanos eligen sus alimentos de forma más o menos similar. La quimica en nuestros cerebros a veces nos lleva a hacer elecciones que creemos que estamos haciendo de forma consciente.

Referencia:

Dopaminergic mechanism underlying reward-encoding of punishment omission during reversal learning in Drosophila. https://www.nature.com/articles/s41467-021-21388-w

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