El calentamiento global es uno de los problemas más sonados del actual siglo. Es bien sabido que sus efectos son dañinos para el planeta. Asimismo, se sabe que procesos de absorción del dióxido de carbono en los océanos ayudan a ralentizar su paso. Lo que no se tiene tan claro aún es cómo tal acción, mientras soluciona un problema, crea otro: la acidificación de los océanos.

¿Qué es la acidificación de los océanos?

En resumidas palabras, la acidificación de los océanos es un proceso a través del cual el pH del agua disminuye, volviéndose más ácido. Ahora, tal evento se convierte en un problema cuando dicha disminución –causada por la absorción de CO2– ocurre durante largos periodos de tiempo, aclara la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA).

Tal como mencionamos, dicha absorción de CO2 se convierte en un beneficio para la naturaleza ya que limita los gases que llegan a la atmósfera para aumentar el efecto invernadero. Sin embargo, al mismo tiempo, el CO2 que sale del aire, se mezcla con el agua (H2O) para formar ácido carbónico (C2HO3).

El ácido carbónico no es tan corrosivo como otras mezclas –como el ácido de batería–. Sin embargo, en suficiente cantidad y con un tiempo de exposición prolongado, puede llegar a ser un problema para la vida marina.

Todo debido a que poco a poco puede afectar la flora y la fauna submarina, alterando el ecosistema y su cadena alimenticia, según explica la International Atomic Energy Agency (IAEA).

Acidificación de los océanos: un peligro latente

Vía euronews.com

Debido a lo anterior, aunque parezca que cambiar el pH del océano podría ayudarnos a evitar una crisis, en realidad podría simplemente llevarnos a otra igual de grave. No es por nada que se conoce a la acidificación oceánica como la “hermana gemela igualmente mala”, del calentamiento global.

Ello al menos desde la perspectiva de Jane Lubchenco, ecóloga marina y directora de la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional de Estados Unidos, según lo que declaró para National Geographic. Básicamente, la acidificación de los océanos, al igual que el calentamiento global, es un riesgo para la vida en la Tierra, solo que sus principales efectos se sienten entre las criaturas marinas y no en el mundo terrestre.

Aunque en teoría la acidificación oceánica no es un suceso nuevo, ella se ha incrementado notoriamente desde la Revolución Industrial. Según la plataforma Britannica, desde 1750, al menos un tercio del CO2 liberado por las actividades humanas ha sido absorbido por el océano.

Ello, por un lado, como ya dijimos, ha ralentizado un poco el calentamiento global. No obstante, por el otro lado, ha generado cambios en el pH oceánico que la Tierra tardaría miles de años en revertir, incluso si detuviéramos nuestra producción de dióxido de carbono justo ahora. Específicamente, el cambio ha sido un descenso de 8,19 a 8,05 en el pH marino, lo que equivale a un aumento del 30% en la acidez del agua oceánica.

¿Qué consecuencias trae la acidificación de los océanos?

Ya hemos mencionado por encima el gran rango de efectos que la acidificación del agua puede tener en los océanos. Ahora, podemos ahondar un poco más en los efectos específicos que el descenso del pH causa en los elementos y criaturas que componen el mundo marino.

Lo más obvio que se nos puede venir a la mente es la acidificación del océano per se. Pero ello es solo una parte del paquete. De hecho, la disminución de pH también trae consigo otros cambios químicos en el agua que terminan por afectar a las criaturas que viven en ella.

Para ahondar más en el tema, podemos clasificar los diferentes efectos de la acidificación de los océanos en las siguientes categorías:

Cambios en la química oceánica y las estructuras de sus organismos

Primeramente, la acidez excesiva es producida por una mayor concentración de iones de hidrógeno. Dicho aumento viene de la mano con un descenso casi inversamente proporcional de los iones de carbono.

Vía greaterclevelandaquarium.com

Esos últimos son componentes básicos para procesos relacionados con la formación de estructuras de carbonato de calcio. En otras palabras, son vitales para el desarrollo de los caparazones de variadas especies marinas y también para la formación de los esqueletos de los corales.

Para los corales, tal restricción evita que puedan reproducirse asexualmente y crear más copias de sí mismos. Como consecuencia, cuando un coral muere, no siempre hay otro para reemplazarlo, lo que poco a poco disminuye sus poblaciones.

Por otra parte, otros organismos con caparazones y estructuras de carbonato de calcio –como las ostras, almejas, erizos de mar y plancton calcáreo pueden verse afectados también, según señala el PMEL Carbon Program de NOAA. En sus casos, sus estructuras protectoras podrían desarrollarse con malformaciones o simplemente ser demasiado débiles. Algo que los convierte en presas mucho más apetecibles para los depredadores, disminuyendo sus oportunidades de sobrevivir y multiplicarse.

Modificaciones en la cadena alimenticia

Otro de los efectos más notorios que irían de la mano con la acidificación de los océanos es el cambio de equilibrio en la cadena alimenticia. Como ya mencionamos, algunas especies de animales, con caparazones naturalmente duros que antes las protegían, pasarán a ser parte del menú de más depredadores.

Ello podría ocasionar no solo una merma de los ejemplares por especie, sino –como contraparte– también un resurgimiento de los depredadores, que tendrán más alimento para prosperar.

Crédito: M. Madsen/IAEA.

Por su parte, National Geographic también hizo mención a cambios en la actitud de algunos animales a causa de la acidificación del agua. Como ejemplo, se tiene a los peces payaso que, al parecer, pierden la capacidad de orientarse en aguas con un pH muy bajo.

Como consecuencia, pueden perderse sin encontrar el camino de regreso a sus hogares y protectoras, las anémonas. Sumado a ello, también se han visto casos de peces payasos que se ven atraídos hacia sus depredadores naturales, lo que los hace presas fáciles y ocasiona una disminución en sus números.

Un océano más ruidoso

También de acuerdo a la publicación de National Geographic, podríamos vernos con océanos mucho más llenos de ruido, debido a la acidificación. Todo ya que el agua podría perder hasta un 40% de sus capacidades para amortiguar el sonido. Un detalle que, al final, terminaría por afectar la vida tanto de animales y otras estructuras vivas que no están acostumbradas a niveles tan altos de contaminación sónica.

Tal situación podría afectar gravemente el comportamiento de las especies marinas, ya que muchas de ellas se valen de herramientas como la ecolocalización para mantenerse seguras, orientarse y también para ubicar y cazar sus alimentos.

Algo similar también podría pasar con la entrada de luz en las aguas superficiales. Los océanos podrían hacerse más claros y, como consecuencia, las especies que no se adapten rápido a tales cantidades de iluminación –y el incremento térmico que vendrá con ellas– también podrían sufrir.

Dificultades para reproducirse

Los corales no serán los únicos que verán sus procesos de reproducción afectados por la acidificación de los océanos. En el caso de otras criaturas marinas, el nacer en aguas ácidas implica venir al mundo con ligeras deformaciones que dificultan su crecimiento y supervivencia. Todo producido por una condición conocida como acidosis.

Vía Shutterstock.

Como resultado, habría cada vez menos individuos que lograran llegar a la madurez sexual. Es decir, menos animales se reproducirían y, poco a poco, sus números empezarían a mermar.

¿Estamos a tiempo para cambiar?

Sabemos bien que un tercio de nuestras emisiones de CO2 terminan en el océano. También tenemos claro que, incluso si detuviéramos toda la producción ahora, pasarían miles de años para que el océano recupere sus niveles de pH preindustriales.

¿Deberíamos preocuparnos por hacer algo entonces?

Por supuesto.

A pesar de que un gran daño ya se ha hecho, aún no es muy tarde para intentar implementar cambios. Para el 2100, la acidificación de los océanos podría llegar a un pH de 7, según Britannica y National Geographic. Con un panorama como ese, todos los efectos antes mencionados se potenciarían y alcanzarían más partes del océano.

Al final, la disminución de especies marinas también afectará a nuestras sociedades, al privarlas de una de nuestras fuentes de alimento más explotadas en todo el mundo. Un cambio tan masivo en el ecosistema marino también implicaría que entremos en una crisis económica y alimenticia con la que simplemente no podríamos lidiar.

De allí que aún estemos a tiempo para crear programas que corten las emisiones de CO2 y que, en el proceso, busquen formas de regular el pH oceánico. En la actualidad, las alternativas existentes simplemente no funcionarían a gran escala.

Por lo que, al menos por ahora, nuestra apuesta más segura sería trabajar para disminuir nuestra contaminación atmosférica, para que el mar no tenga que seguir limpiando los restos que nuestra sociedad deja atrás.

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