Otro evento particular en el mundo de la medicina se desencadenó luego de que una prueba PCR revelara un “secreto” oculto por décadas en las fosas nasales de una mujer. Según parece, la pieza de un juego de mesa debió haber ingresado a su nariz durante su infancia y haber permanecido allí mientras crecía.

Algo similar ocurrió en el caso de un adolescente que pasó ocho años con un objeto atorado en su nariz, sin notarlo. Sin embargo, Mary McCarthy, de 45 años, llevó tal acontecimiento un paso más allá al pasar 37 años de su vida con tal pieza incrustada en su nariz, sin siquiera sospechar de ella, según reportó el portal STUFF.

Encuentran una pieza de juego de mesa en la nariz de una mujer

Recientemente, una mujer ingresó a la sala de emergencias del Christchurch Hospital en Nueva Zelanda, debido a fuertes dolores en su nariz. Dicha mujer era McCarthy, quien –semanas después de haberse hecho una prueba PCR– seguía presentando goteos y dolores nasales.

A pesar de que había hecho una cita privada para visitar a un médico en las próximas semanas, el dolor se hizo tan fuerte para McCarthy que tuvo que ir a emergencias. En otras oportunidades, los doctores que visitó acuñaron sus dolores a una posible afección de sus senos nasales.

Afortunadamente, el doctor y la enfermera que la atendieron en emergencias no asumieron tal cosa. Por lo que, gracias a su intervención, se pudo descubrir la pieza de juego de mesa que había estado en la nariz de McCarthy por casi 40 años.

Un juego de ‘tiddlywink’ que lo cambió todo

Una vez los doctores le preguntaron a McCarthy si alguna vez se le había atorado algún objeto en la nariz, ella inmediatamente tuvo un recuerdo muy claro de su infancia. Como una entre siete hermanos, siempre estaba buscando nuevas formas de jugar con ellos.

De allí que pensara en una “creativa” manera de jugar ‘tiddlywink’ un juego de mesa neozelandés que podría traducirse como “pulgas saltarinas”. Y que consiste en utilizar grandes fichas circulares para hacer saltar otras fichas circulares más pequeñas dentro de una estructura con agujeros de diferentes puntajes.

Para “reinventar” el juego, a sus 8 años McCarthy decidió colocarse las piezas del juego de mesa (conocidas como “winks”) en la nariz. Luego, ella solo debía exhalar con fuerza y ver dónde caían las fichas.

Lastimosamente, en una ocasión inhaló por accidente en lugar de exhalar y ello fue más que suficiente para que un ‘wink’ se fuera hasta el fondo de su nariz. McCarthy comenta que estuvo tan preocupada por contarle a su mamá lo que había ello que simplemente decidió no hacerlo. Como la pieza no causó nunca molestias graves, rápidamente se olvidó del episodio y siguió con su vida.

Ahora, McCarthy entiende de dónde pudieron provenir gran parte de los problemas respiratorios que tuvo en su vida, así como la ligera torcedura de su nariz que se acrecentó con los años.

¿Y qué pasó con McCarthy y la pieza de juego de mesa?

En un principio, el doctor intento remover la pieza por la nariz, pero era demasiado grande y se había calcificado. Como consecuencia, moverla con McCarthy despierta sería demasiado doloroso para ella.

Al final, hubo que dormirla, empujar la pieza de juego de mesa hasta el fondo de su nariz y luego recuperarla a través de la boca, una vez cayó en la garganta de McCarthy. Cuando la mujer recobró el sentido, finalmente ya no tenía la particular ficha en su fosa nasal. Cuando los doctores se la mostraron, fue notoria la calcificación que había ocurrido a su alrededor, pero, además de eso, la pequeña pieza no había ni siquiera perdido su color amarillo.

¿Qué tuvo que ver la prueba PCR en todo esto?

Como ya lo mencionamos, McCarthy nunca estuvo muy interesada en hacer chequeos detallados a la salud de su nariz. En efecto, tenía algunos problemas respiratorios, pero nunca la molestaron lo suficiente como para buscar atención médica.

Sin embargo, ello cambió cuando fue a hacerse una prueba PCR para determinar si estaba o no contagiada con el SARS-CoV-2. Según parece, el hisopo con el que se tomó la muestra había tocado la pieza del juego de mesa, lo que había ocasionado que se moviera y causara una infección en la nariz de la mujer.

De no ser por tal movimiento, McCarthy probablemente todavía tendría la pequeña pieza amarilla incrustada y calcificada en sus fosas nasales. Ahora que finalmente se ha librado de ella, la mujer espera disfrutar de una respiración más sencilla y, con suerte, de una nariz un poco menos ladeada.

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