El funcionamiento de nuestro cerebro es un enigma complejo que la ciencia ha tratado de comprender por décadas. En la actualidad, estamos cada vez más cerca de lograrlo, pero aún estamos lejos de entenderlo por completo. Ahora, parte del camino que nos falta por recorrer podría estar en el estudio de cómo los bebés perciben el mundo.

Después de todo, es allí donde podemos ver las primeras etapas de desarrollo del cerebro humano. Por lo que, las pistas y patrones que encontremos en ellos, podrían ayudar a explicar el funcionamiento y actividades de nuestra mente durante las etapas adultas.

Con tal meta presente, la investigadora candidata a un doctorado en el MIT, Heather Kosakowski, ha iniciado un estudio dedicado a conocer en profundidad el funcionamiento del cerebro de los bebés. Una investigación que, hasta la fecha, no se ha llevado a cabo debido a la gran cantidad de complicaciones que implica ahondar en la mente de los infantes.

La mente de los bebés: un mundo de conocimiento por descubrir

La investigación de Kosakowski es la más ambiciosa que se ha llevado a cabo a la hora de comprender cómo los bebés perciben el mundo. No obstante, no es la primera en incursionar en tal área para intentar comprender un poco más sobre el cerebro infantil.

Estudios anteriores nos han mostrado que el cerebro de los bebés, aunque ya viene “preprogramado” para reconocer palabras, no está diseñado para manejar las emociones con la misma profundidad con la que lo hacemos en la adultez. Asimismo, otras investigaciones nos han dado pequeños vistazos al funcionamiento de la memoria de los bebés recién nacidos.

Pero, hasta la fecha, ningún estudio nos ha dado una visual generalizada del funcionamiento de la mente de los bebés durante su primera infancia. Por los resultados que Kosakowski ha estado recolectando durante años podrían marcar un antes y un después en los estudios neurológicos de la mente de los bebés.

¿Qué nos ha detenido hasta ahora?

Vía Stock Photo Editor.

En general, el hecho de que nuestras herramientas requieren un nivel de cooperación por parte de los bebés que es casi imposible de conseguir. Para poder realizar los escaneos cerebrales que se requieren para entender el funcionamiento de los pequeños, es necesario que se acuesten totalmente inmóviles en el escáner de resonancia magnética funcional (fMRI) y vean las imágenes que se presentan ante ellos.

Como es natural, los bebés no pasan mucho tiempo totalmente inmóviles y, si sí logran mantener una misma posición, tienden a dormirse rápidamente. En consecuencia, a pesar de que las sesiones de fMRI pueden llegar a ser de hasta 2 horas, los datos suficientemente claros como para ser utilizados no suelen superar los 10 minutos.

En consecuencia, se requiere de una cantidad enorme de paciencia, dedicación y tiempo para poder obtener una cantidad suficiente de datos que se pueda analizar. Antes de Kosakowski todas las resonancias magnéticas habían sido transversales, por lo que sus esfuerzos nos traerán los primeros escaneos cerebrales de bebés en tiempo real para identificar cómo perciben el mundo, a las personas y demás elementos que los rodean.

Para ello, cuenta actualmente con la tutoría de las profesoras de neurociencia cognitiva Nancy Kanwisher y Rebecca Saxe. Ambas han acompañado a Kosakowski en su cruzada por comprender a fondo el origen de las estructuras cerebrales humanas.

Heather es probablemente la persona más capacitada en la actualidad para obtener datos de resonancia magnética funcional de alta calidad de bebés humanos”, dijo Kanwisher.

MIT Technology Review

¿Qué hemos aprendido hasta ahora?

Gracias a las investigaciones de la Kanwisher sabemos que el cerebro humano reacciona de forma distinta al observar rostros de personas, partes del cuerpo y paisajes sin humanos. Ante los primeros estímulos, se activa el área fusiforme de la cara (FFA, por sus siglas en inglés). Por otro lado, ante los segundos vemos cómo se estimula el área del cuerpo extraestriada (EBA). Finalmente, ante los paisajes notamos actividad en el área de lugar parahipocampal (PPA).

No solo somos genéricamente inteligentes. Somos inteligentes en formas muy particulares sobre cosas muy particulares que hacen los humanos. (…) Si miras la estructura, ves este conjunto de docenas de regiones del cerebro, cada una de las cuales hace algo muy distintivo y diferente… Es imposible mirar eso y no preguntarse, ‘¿Cómo se conectó esa estructura?’”, explicó Kanwisher.

MIT Technology Review

Ahora, gracias a los datos preliminares de las investigaciones de Kosakowski hemos descubierto que tales conexiones no se realizan con el tiempo. De hecho, los bebés de entre 3 y 9 meses ya vienen con las estructuras cerebrales necesarias para activar FFA, EBA y PPA al exponerlos a sus respectivos estímulos.

Kosakowski deberá terminar su doctorado en el 2022, pero la pandemia ha evitado que continúe con su labor de recolección de datos durante todo el 2020 y parte del 2021. Con suerte, podrá realizar algunos escaneos más antes de que sea momento de defender su investigación.

Pero, en cualquier caso, con la información obtenida hasta ahora, ya podemos ver cómo el conocimiento científico podría estar al borde de dar un gran paso, para finalmente comprender cómo perciben el mundo los bebés –y de qué forma ello determina la forma en la que interactuamos con él como adultos–.

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