No hay nada como una buena historia de la Segunda Guerra Mundial protagonizada por mujeres acabando con los nazis. Ya lo hemos visto antes con el Batallón de la Muerte de mujeres, quienes lo hacían en pleno campo de batalla. Sin embargo, las chicas que hablaremos ahora tenían un modus operandi un tanto… diferente.

Las protagonistas de esta historia eran las hermanas Freddie y Truus Oversteegen, acompañadas de Hannie Schaft. Ellas eran unas holandesas que vivieron la ocupación nazi en los Países Bajos cuando eran adolescentes y que, para ayudar a su país, repartían folletos antinazis junto a su madre.

Sin embargo, no se unirían realmente a la causa sino luego de presenciar una escena terrible. Le ocurrió a Truus, quien estaba transitando cuando vio a un oficial nazi acabando con la vida de un bebé frente a sus padres y sus hermanos. Ese día cambió su vida para siempre.

Así, cuando Freddie y Truus tenían tan solo 14 y 16 años respectivamente, se unieron a la Resistencia, una organización creada para combatir a los nazis y luchar contra sus atrocidades. Por su juventud y apariencia inocente, ambas se convirtieron en candidatas perfectas para infiltrarse y engañar a los nazis.

Poco después, Hannie Schaft, que era contemporánea con las hermanas, se unió al equipo. Lo hizo luego de abandonar la escuela porque se negó a firmar un compromiso de lealtad a Alemania, así que en lugar de eso, se alistó en la Resistencia.

A esta corta edad, las tres aprendieron a disparar armas y, por consiguiente, a llevar a cabo misiones por su cuenta. Sin embargo, su modo de acabar con estos soldados era peculiar.

Discreción ante todo

Hannie Schaft. The girl with the red hair - Latitudes
Fotografía de Hannie Schaft a color

Decidieron que la mejor manera de acabar con los nazis sin llamar demasiado la atención era apartándolos del resto, ¿pero cómo lo hacían? Fácil: se acercaban a los nazis borrachos de las tabernas y los seducían sugiriéndoles ir a dar un paseo. Una vez que aceptaban, ya no había vuelta atrás.

Así, cuando el nazi se iba con ellas, se lo llevaban a un callejón apartado y aprovechaban en ese momento de matarlos con un solo disparo a la cabeza. Luego se iban del lugar como si no había pasado nada.

Con este modus operandi, se presume que estas mujeres acabaron con aproximadamente 200 nazis, dentro de los cuales también se incluyen hasta a los colaboradores holandeses que trabajaban con los alemanes capturando o poniendo en peligro a los refugiados judíos o a otros miembros de la Resistencia.

Sin embargo, no pudieron mantenerse en el anonimato por mucho tiempo debido a un factor que no habían considerado antes: el llamativo cabello rojo de Hannie.

Ocurrió gracias a un soldado nazi que se dio cuenta de que una mujer pelirroja se llevaba a sus compañeros y estos nunca regresaban. Una vez que dio el aviso, comenzaron las investigaciones para encontrar a la holandesa.

Ella, al tanto de que la estaban buscando, se tiñó el cabello de negro y casi es liberada, pero una persona notó las raíces rojas creciendo en su cabello y esta fue su perdición.

Fue sentenciada a muerte por fusilamiento. Cuando llegó el día, en medio del pelotón de fusilamiento, un primer tiro de un soldado falló, apenas rozándole el cuerpo. La respuesta de Hanna fue sonreír y decir en voz alta sus últimas palabras: “idiotas, yo disparo mejor”.

Sobreviviendo a los nazis

Las Oversteegen, las hermanas que seducían y mataban nazis
Freddie y Truus Oversteegen

No había pasado un mes después del asesinato de Hannie cuando Holanda fue liberada de la ocupación nazi. Las hermanas Oversteegen se lamentaron de su fallecimiento, pero lograron sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial.

Truus falleció en el año 2016 y Freddie lo hizo dos años después. Fueron honradas como Justas entre las Naciones, un reconocimiento entregado por el Estado de Israel a personas no judías que arriesgaron sus vidas por ellos.

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