Las moscas de la fruta, sus características, costumbres, rituales de apareamiento, capacidades y demás han sido ampliamente estudiados. Como consecuencia, en la actualidad contamos con una gran cantidad de herramientas específicas que nos ayudan a hacer investigaciones muy detalladas sobre las pequeñas criaturas.

Al aprovechar tal ventaja, los investigadores Philip Kohlmeier, Ye Zhang, Jenke A. Gorter, Chih-Ying Su y Jean-Christophe Billeter trabajaron en un proyecto que reveló un detalle vital de los patrones reprodictivos de las moscas de la fruta. Para compartirlo con el mundo, publicaron luego sus descubrimientos en la revista científica Nature Ecology & Evolution.

La primera diferencia entre las moscas de la fruta apareadas y las vírgenes

Lo primero que hicieron los científicos de la Universidad de Groningen fue ubicar las diferencias entre las hembras de las moscas de la fruta que ya habían pasado por al menos un ritual de apareamiento y aquellas que aún eran vírgenes.

Con esa meta, uno de los primeros detalles que se notó fue la diferencia conductual entre unas y otras ante el olor de la comida. Mientras que él actuaba como un afrodisiaco para las hembras apareadas, las vírgenes no respondían particularmente a él.

Sin embargo, a pesar de ello, las moscas de la fruta apareadas tendieron a ser mucho más selectivas y a demorar más a la hora de decidirse por un compañero. Por su parte, las vírgenes mostraron menos dudas y simplemente eligieron con rapidez. Ello habló de que las moscas de la fruta cambian sus preferencias y comportamientos una vez han iniciado los procesos reproductivos.

Luego del apareamiento, las moscas de la fruta hembras desarrollan preferencias

Moscas de la fruta apareandose.
Crédito: Caramosca. Vía Flickr.

Para poder comprobar tal idea, los investigadores realizaron un experimento con moscas de la fruta hembras y dos machos de su especie, por cada una de ellas. Los machos pertenecían siempre a una de dos cepas de mutaciones de las moscas de la fruta: la NL (de Holanda) y la Tai (originaria de África Occidental).

Se colocaron tríos de moscas de la fruta –una hembra virgen o no, un macho NL y otro Tai– divididos en cápsulas de Petri. Luego, solo quedó observar con quién decidían aparearse.

Por su lado, las hembras vírgenes no mostraron preferencia por ninguna de las dos mutaciones. Mientras que, por el otro, casi el 100% de las veces, las hembras de la mosca de la fruta que ya habían pasado por procesos de apareamiento prefirieron a los machos Tai. Según notaron los investigadores, la génesis de tal cambio pudo estar en un detalle muy específico: cambios en su forma de percibir las feromonas.

No es un comportamiento aprendido

En realidad, los resultados revelaron que se trata de una respuesta biológica. Según parece, la producción de la “hormona juvenil” –una sustancia que solo hace presencia luego de que las hembras se aparean– ocasiona cambios a nivel neuronal en el cerebro de las moscas de la fruta.

Cuando se activaba tal hormona, el receptor Odorant Or47b se hace menos sensible. Como consecuencia, responde de forma distinta a los machos Tai y NL, que tienen diferentes niveles de la feromona que activa Or47b.

En otras palabras, antes del apareamiento, cuando las moscas de la fruta son vírgenes, todos los mayos huelen igual de atractivos. Pero, una vez se aparean por primera vez, la desensibilización de Or47b hace que solo los machos con una concentración mayor de feromonas sean de interés para las hembras.

Tal como se mostró en el experimento, los machos Tai fueron entonces los preferidos –ya que tienen un nivel de hormonas hasta dos veces mayor que sus contrapartes NL–. Asimismo, si se rociaba la feromona en los machos NL, inmediatamente se hacían más llamativos para las hembras.

Como consecuencia, se observó que la preferencia de las moscas de la fruta hembras por una mutación u otra de su especie no es una conducta aprendida en su ambiente, sino un proceso biológico que viene impreso directamente en su ADN y que se activa después del primer ritual de apareamiento.

Referencia:

Mating increases Drosophila melanogaster females’ choosiness by reducing olfactory sensitivity to a male pheromone: https://doi.org/10.1038/s41559-021-01482-4

Escribir un comentario