Una investigación reciente mostró que la mayoría de los sobrevivientes de cáncer de células escamosas de cabeza y cuello experimentan cambios, e incluso pérdida de su sentido del gusto, después de recibir el tratamiento con radiación.

Los autores destacan en su artículo en Chemical Senses que la pérdida de la capacidad de saborear hace que estos pacientes pierdan el interés por comer, lo que a su vez reduce su calidad de vida.

Pérdida del gusto posterior al tratamiento contra el cáncer

Los pacientes con cáncer de cabeza y cuello pueden perder las papilas gustativas mientras se someten al tratamiento, ya sea radiación y/o quimioterapia. La consecuencia inmediata es una reducción en su capacidad para saborear denominada hipogeusia, o en la capacidad de percibir los sabores, percibiendo la mayoría como desagradables (disgeusia). Los investigadores creen que esto se debe al daño de los nervios durante la recepción del tratamiento.

Sin embargo, la vida útil promedio de las papilas gustativas es de aproximadamente 10 días; esto permite una rápida recuperación siempre que se conserven las células madre. Por esta razón, los investigadores consideraban transitoria esta pérdida del gusto en los sobrevivientes de cáncer.

La disfunción del gusto permanece en algunos sobrevivientes del cáncer

La mayoría de los estudios sobre el tema sugieren que la capacidad de saborear se recupera a los pocos meses de tratamiento; sin embargo, incluso años después de finalizado, los pacientes siguen informando disfunción del gusto.

Los resultados, hasta ahora, son mixtos, lo cual puede atribuirse, en parte, a que muchos de estos se basaron en experimentos de “boca completa”. Es probable que estos pasaron por alto daños regionales que podrían explicar la pérdida del gusto a largo plazo en pacientes recuperados de cáncer.

Comparando la función del gusto en toda la boca con la percepción en la punta de la lengua

Por ello, los investigadores decidieron explorar la disfunción del gusto y el olfato en 40 sobrevivientes de cánceres de cabeza y cuello por separado y los compararon con un grupo de control.

Persona sacando la lengua en referencia al sentido del gusto.

Al igual que los anteriores, este estudio evaluó la función o pérdida del gusto en toda la boca de los sobreviviente de cáncer; para ello, los hicieron enjuagar su boca con nueve líquidos que contenían componentes sensoriales tanto del gusto como del olfato durante cinco segundos y luego escupirlas.

Pero a diferencia de los estudios previos, este evaluó la capacidad de la lengua de los participantes para saborear regionalmente; esto mediante la aplicación de hisopos de algodón empapados en soluciones aromatizadas en la punta de la lengua. Luego, en ambos experimentos, debieron calificar los sabores que percibían (o no percibían).

Los participantes calificaron de manera similar el sabor y el olor de casi todas las muestras en la prueba de boca completa; en cambio, cuando se evaluó solo la función del gusto solo en la punta de la lengua, los sobrevivientes de cáncer tenían más probabilidades de responder que no percibían un sabor, o de identificar erróneamente la calidad del sabor.

La pérdida del gusto parece ocurrir en la punta de la lengua

“Aunque los resultados de la prueba del gusto en toda la boca sugirieron que la función del gusto de los sobrevivientes de cáncer de cabeza y cuello era normal y estaba bien conservada, los resultados de las pruebas regionales indicaron que tenían algunos déficits”, dijo la investigadora M. Yanina Pepino.

“La disfunción sutil del gusto en la punta de la lengua persistió durante varios meses después de completar sus tratamientos oncológicos”, dijo, confirmando así los informes previos. Así concluyeron que, en efecto, persistía una disfunción del gusto en la punta de la lengua de los sobrevivientes del cáncer.

Puede que la pérdida del gusto en la lengua como efecto secundario del tratamiento del cáncer parezca algo mínimo, pero la pandemia de COVID-19 nos ha dado pruebas de que no es así.

El gusto es un sentido importante a través del cual podemos satisfacer necesidades y mejorar nuestro estado de ánimo; pero, más importante aún, motiva la alimentación y nos permite detectar alimentos en mal estado y, por consiguiente, protegernos de ello.

Referencia:

Taste and Smell Function in Head and Neck Cancer Survivors. https://academic.oup.com/chemse/advance-article-abstract/doi/10.1093/chemse/bjab026/6288444

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