Los felinos, al igual que los canes, son unas de las mascotas más populares y demandadas del mundo. De hecho, según los conteos de organizaciones como la World Animal Foundation, hay al menos 500 millones de ellos dispersos en hogares de todo el planeta. Pero, a pesar de su popularidad, siempre se nos ha hecho más difícil saber qué piensan los gatos, en contraposición con sus contrapartes perrunas.

Sin embargo, dicha dificultad no tiene por qué acompañarnos siempre. Sobre todo cuando entendemos que, para poder comunicarnos con nuestro gato, todo lo que tenemos que hacer es aprender a prestar atención a los detalles.

De ese modo, primero podremos conocerlo e identificar su personalidad. Todo de forma que, en un futuro, sepamos interpretar bien sus señales y entender lo que tratan de decirnos sin palabras.

El primer paso, entender a nuestro gato

Gato abrazado a su dueño, mostrando el vínculo social que se puede crear entre gatos y humanos.
Vía istockphoto.com

Para poder descifrar qué nos tratan de decir nuestros amigos felinos, lo primero que tenemos que entender es qué piensan los gatos sobre nosotros. Ello aunado a lo que les permite a ellos interactuar con humanos y lo que podrían estar “esperando” de nuestra parte.

Según el experto en comportamiento felino de la Universidad de Bristol, John Bradshaw, dijo a National Geographic es posible que los gatos no nos perciban como una especie diferente a ellos. Tal afirmación no implica que no noten las diferencias de tamaño o morfología. Simplemente indican que, aunque los felinos las ven, no se sienten intimidados por ellas y, en general, nos tratan como tratarían a otro de su especie.

En consecuencia, muchas de las señales que los gatos envían y que podrían indicarnos que piensan, usualmente se trabajan con los mismos códigos que se usan para comunicarse con otros gatos. Por ende, los felinos esperarían que al darnos señales que son claras para ellos instintivamente, nosotros deberíamos también captar el mensaje.

Claramente, nosotros no poseemos ese instinto. Por lo que debemos poner esfuerzo y prestar atención tanto a la personalidad de nuestro gato como a sus actitudes. Ya que solo así podremos realmente comprender qué quiere decirnos en algún momento determinado.

Las 5 personalidades felinas

Cinco gatos bebés uno junto al otro como representación de las cinco grandes personalidades de los gatos, que definen la forma en la que actúan y piensan.
Vía williamsonsource.com

Para facilitar nuestra tarea, contamos con clasificaciones como los “Feline Five” que abarca básicamente las cinco grandes ramas por las que las personalidades gatunas se pueden decantar. Ellas fueron clasificadas por primera vez en una investigación publicada durante el 2017 en la revista científica PLOS ONE. Según su categorización, la personalidad de los gatos puede ser:

  • Asustadiza: con un gato que huye de las visitas, se asusta ante cambios o nuevas situaciones y es generalmente tímido.
  • Aventurera: suelen ser felinos curiosos y extrovertidos. Se aburren con facilidad y requieren de estimulación cerebral constante.
  • Dominante: es más común en los gatos salvajes, puede ser problemática si hay más felinos en casa y se caracteriza por una necesidad constante de establecer el dominio sobre los objetos, alimentos y el territorio.
  • Espontánea: y no en el sentido más positivo de la palabra. Los gatos espontáneos suelen ser impredecibles y susceptibles a problemas de ansiedad.
  • Amistosa: tienen a ser los gatos más cariñosos de la clasificación, cómodos con las interacciones sociales con sus dueños y otros humanos, así como más propensos a acompañar o a buscar compañía.

Dependiendo de la personalidad que veamos en nuestros gatos, será posible analizar sus conductas y entender qué piensan. Por ejemplo, un felino asustadizo probablemente estará buscando un lugar para esconderse si pasa corriendo junto a ti cuando llegan visitas.

Por su parte, si un gato aventurero te interrumpe mientras trabajas, probablemente esté aburrido y quiera un juguete; mientras que uno amistoso posiblemente solo quiere tu compañía; y así con las demás personalidades.

Lenguaje corporal: la forma perfecta de entender qué piensan los gatos

Ahora, dejando de lado las personalidades, existen lugares comunes que podrían ayudarnos a entender lo que piensan los gatos. El ejemplo más claro de ello es su lenguaje corporal.

Efectivamente, sus maullidos y vocalizaciones también tienen un propósito. Sin embargo, cuando todo lo demás falla, una sola postura de los felinos podrá valer más que mil palabras –o, en este caso, maullidos–. Algo que será vital entender si queremos tener una relación sana con nuestro gato, resalta la American Society for the Prevention of Cruelty to Animals (ASPCA).

Los ojos serán tu primer indicio

Ojos de gato.
Vía Photostockeditor.

Como el primer detalle que deberíamos observar si queremos saber que piensan nuestros gatos, tenemos que mencionar a los ojos. Sus pupilas, al igual que las nuestras se dilatan o contraen dependiendo de estímulos externos como la luz o de cambios en el organismo, como una activación de las actitudes de alerta.

Aun así, las pupilas de los felinos son mucho más cambiantes que las nuestras y, como consecuencia, un indicador más claro de sus pensamientos y estados emocionales. Por ejemplo, cuando los gatos sienten miedo o enojo, sus pupilas suelen contraerse.

Por otro lado, las pupilas dilatadas durante la noche son una adaptación para captar más luz y ver mejor. Pero, si están así durante el día, pueden indicar que el gato está en un humor jueguetón o que está cazando algo, por lo que se mantiene alerta, aunque no está asustado.

Asimismo, si los gatos entrecierran los ojos en nuestra presencia, o parpadean lento, es una señal de que confían en nosotros. Por lo que se sienten lo suficientemente seguros como para bajar la guardia.

Curiosamente, ese es un mensaje de dos vías. Como dijimos, los gatos nos consideran uno de los suyos, por lo que, parpadear lento puede enviarles el mensaje de que también confiamos en ellos, lo que podría hacer que la relación mejorara.

Las orejas serán el segundo

Gato con las orejas hacia atrás en pose alerta.
Vía PxHere.

Por su parte, el movimiento de las orejas también es un claro indicador de los estados emocionales de los gatos. Como un ejemplo podemos pensar en la comparación entre un estado de relajación y otro de alerta. Aunque las diferencias son mínimas, nos dicen todo lo que necesitamos saber.

Si el gato está relajado, sus orejas estarán viendo al frente y ligeramente inclinadas hacia atrás. Pero, si llega a percibir algo que capte su interés, sus orejas se erguirán más y perderán la inclinación, quedando totalmente perpendiculares.

Ahora, si el felino siente miedo o percibe una amenaza, las orejas se retraerán hacia atrás y se pegarán de su cabeza. Mientras más bajas y pegadas, mayor será el miedo que siente el gato.

No obstante, si tiene miedo, pero también muestra agresión, las orejas se traerán hacia atrás, pero no se pegarán a la cabeza. De hecho, se mantendrán en punta para mostrar la mayor cantidad de dominio que sea posible.

Finalmente, si el gato está inseguro en su entorno, pero no tiene miedo, sino que solo no sabe cómo responder, las orejas también manifestarán dicha confusión. Para ello, una se mantendrá erguida y viendo hacia adelante, mientras la otra puede estar baja.

La posición del cuerpo te dirá todo lo demás que quieras saber

Gato recostado de una alfombra en el piso con el cuerpo relajado.
Vía Stocksnap.io

Para finalizar, el detalle que nos permitirá entender mejor lo que piensan nuestros gatos será su lenguaje corporal. Ellos tienen áreas altamente expresivas como la cola, que puede indicar desde miedo y sumisión, hasta agresión, confusión, comodidad y/o relajación.

Pero ella no es la única que envía señales útiles. Por ejemplo, un mismo lomo arqueado puede tener diferentes significados dependiendo de los detalles.

Si los pelos están en punta, al igual que los de la cola, es probable que el gato tenga miedo y esté expresando agresividad como una forma de intimidar a lo que lo amenaza. Por otra parte, si el lomo está arqueado pero el pelo sigue raso, lo más probable es que el pequeño solo quiera que lo acaricien.

Otro ejemplo puede ser un gato echado. Si se coloca boca arriba y ronronea, es posible que quiera que lo acaricies –aunque la mayoría de los felinos no disfrutan de las caricias en la panza, a menos que confíen mucho en el humano que se les acerca–. Por otra parte, si está patas arriba, pero gruñe, entonces es una posición defensiva y es probable que se ponga agresivo si nos acercamos.

Referencias:

Le comportement onirique du chat (1979) Physiology & Behavior: https://doi.org/10.1016/0031-9384(79)90344-5

The ‘Feline Five’: An exploration of personality in pet cats (Felis catus) (2017) Plos ONE: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0183455

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