El mundo de la exploración espacial está a punto de pasar al siguiente nivel con los estudios del universo temprano que planea realizar la NASA. A través de ellos, podremos conocer más de los primeros estadios de nuestro cosmos y qué procesos lo llevaron a ser lo que vemos hoy.

Para poder conseguir esa meta, la agencia espacial estadounidense estudiará los quásares (o cuásares). Básicamente, ellos son agujeros negros supermasivos que se destacan por su inmenso brillo. De hecho, se califican como los objetos más brillantes de cada galaxia y de todo el universo.

Usualmente, se encuentran en el centro de las galaxias y se alimentan de la materia que queda atrapada en su gravedad. Luego de ello, liberan chorros de radiación que pueden ser observados con las herramientas que tenemos ahora en la Tierra.

Por lo general, su acción afecta los elementos inmediatos que los rodean. Sin embargo, también parecen tener la propiedad de hacer grandes modificaciones en la disposición de sus galaxias. Como consecuencia, se convierten en un punto de investigación crucial para poder comprender los cambios que ha tenido en el tiempo nuestro cosmos.

La misión del telescopio espacial James Webb

Telescopio espacial James Webb de la NASA destinado a estudiar el universo temprano.
Vía NASA.

Para poner en práctica la investigación del universo temprano, la NASA trabajará con el nuevo telescopio espacial James Webb. Se ha planteado que su lanzamiento se dé el 31 de octubre del presente 2021.

Luego de ello, el telescopio Webb llegaría al espacio para relevar al Hubble, que ya tiene más de tres décadas recolectando información en el espacio. Algo que parece ocurrir en el momento perfecto, ya que la NASA últimamente ha tenido problemas para establecer conexión con el telescopio más antiguo.

Una vez en el espacio, el telescopio Webb se dedicará a estudiar los ya mencionados cuásares, que tienen de millones a miles de millones de veces la masa del Sol. Pero, no se enfocará en cualquiera. El Webb específicamente buscará los quásares más alejados del universo, aquellos cuyas primeras emisiones de luz se hicieron en el universo temprano y que, apenas ahora, están llegando a esta parte del cosmos, donde agencias como la NASA pueden captarla.

La NASA estudiará el pasado… en el presente

Imagen de la Vía Láctea.
Crédito: CATA/DAS. Vía cata.cl

Pero… ¿cómo podrá el telescopio Webb estudiar las emisiones del luz del pasado? Simple, los cuásares a investigar están tan lejos en el espacio que sus emisiones de luz se han tardado miles de millones de años en alcanzarnos. Como resultado, las señales que recibimos ahora, se corresponden con las primeras ráfagas de plasma emitidas por los cuásares en el universo temprano.

Hasta ahora, solo los finos sensores del telescopio Webb son capaces de captar tales señales. Todo debido a que, por el efecto del “corrimiento al rojo cosmológico” (que hace que las emisiones de luz tiendan al color rojo mientras más se desplazas en el espacio) las emisiones de los cuásares llegan como señales infrarrojas muy tenues a nuestra sección del universo.

De allí que solo los del espectrógrafo infrarrojo cercano (NIRSpec) especializados del Webb sean capaces de captar las pequeñas variaciones que, por años, han pasado desapercibidas.

Todos estos cuásares que estamos estudiando existieron muy temprano, cuando el universo tenía menos de 800 millones de años, o menos del 6 por ciento de su edad actual. Así que estas observaciones nos dan la oportunidad de estudiar la evolución de las galaxias y la formación y evolución de los agujeros negros supermasivos, en esos tiempos tan tempranos”, explicó Santiago Arribas, el miembro del equipo de investigación y profesor investigador del Departamento de Astrofísica del Centro de Astrobiología de Madrid, España.

Fuente: Comunicado oficial de la NASA.

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