Las ciudades grandes por lo general van acompañadas de mucha contaminación y pocos espacios verdes, dos elementos que suelen asociarse con una mala salud. Sin embargo, una nueva investigación desafía la creencia de que los entornos rurales son más saludables al encontrar que las personas en ciudades pequeñas están expuestas a condiciones desfavorables.

Los hallazgos, publicados en la revista PLOS ONE, sugieren que las poblaciones vulnerables en las ciudades pequeñas enfrentan más riesgos de salud pública que las ciudades promedio estatales en el estado de Iowa, Estados Unidos.

“Comunidades paralelas”, pequeñas ciudades derivadas de entornos rurales

Aunque el estudio se realizó en Estados Unidos, la afluencia de la migración a pequeños centros de agricultura industrializada se ha incrementado a nivel mundial. En el proceso, las ciudades han evolucionado, pero los cambios no han incluido las comodidades necesarias para apoyar el bienestar humano.

Y aunque parezca bueno, en realidad existen muchos problemas derivados que son dignos de atención. Las personas con menos recursos que suelen refugiarse en estas pequeñas ciudades rurales también suelen residir en comunidades de bajos ingresos. Dentro de ellas, quedan expuestas a altos niveles de riesgo ambiental y, por lo general, a amenazas sociales como el racismo.

Calle principal de Marshalltown, una de las tres pequeñas ciudades rurales incluidas en el estudio.
Marshalltown, Iowa. Crédito: Kepper66/Wikimedia Commons.

“Existe una paradoja de la salud rural: estos pequeños pueblos pueden parecer en el exterior que son más saludables y seguros”, dice el líder del estudio, Benjamin Shirtcliff. “Pero la realidad es que las métricas que usan las ciudades no son realmente compatibles”.

Shirtcliff se refiere a ellas como “comunidades paralelas”, poblaciones en las que la interacción es prácticamente nula debido a los horarios laborales y grandes diferencias sociales.

Mayor exposición a riesgos ambientales y condiciones precarias

En este caso, el enfoque estuvo en tres ciudades del estado de Iowa: Marshalltown, Ottumwa y Perry. El objetivo los investigadores era estudiar el cambio de las poblaciones que, de pequeñas áreas rurales, pasaron a ser pequeñas ciudades. Pero, sobre todo, obtener detalles sobre la exposición a riesgos ambientales entre los habitantes vulnerables.

El estudio mostró que las tres ciudades tienen exposiciones a riesgos ambientales significativamente más altas que otras del mismo estado. Esto incluye una mayor exposición al diésel, las toxinas del aire, la pintura con plomo en las casas antiguas y la proximidad a posibles accidentes químicos.

Riesgos mitigados en las grandes ciudades

En las pequeñas grandes ciudades estos riesgos se agravan y aumentan el estrés físico y mental de las personas vulnerables, bien por ser minoría étnica, sufrir aislamiento lingüístico, tener bajos ingresos, etc. Y aunque parezcan mínimos, en otros entornos de mayor relevancia en otros aspectos, como las grandes ciudades, ya hay medidas solventándolos.

Las áreas urbanas contienen espacios verdes mejor cuidados con medidas novedosas y adaptadas a los hallazgos más recientes. En cambio, estos entornos rurales con poblaciones desfavorecidas siguen aplicando métodos obsoletos, como el uso de pesticidas, fertilizantes y otras toxinas orgánicas e inorgánicas.

Con estos hallazgos, Shirtcliff espera que los arquitectos del paisaje que suelen participar en el diseño de las ciudades, también tomen en cuenta estos espacios durante su transición. Aunque las recomendaciones apuntan a incluir grandes parques y al saneo ambiental dentro de las metrópolis, también es necesario abordar los “entornos humanos más banales”. Cosas tan básicas como la disposición de una acera, un árbol o el paso de los peatones pueden hacer la diferencia.

Referencia:

Crosscutting environmental risk with design: A multi-site, multi-city socioecological approach for Iowa’s diversifying small towns. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0252127

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