Los casos de personas que han sido víctimas de abusos o acosos sexuales y que no denuncian a sus agresores no son nuevos. Por mucho tiempo hemos escuchado hablar de ellos, sobre todo de aquellos relacionados al entorno laboral. En esos casos, nos hemos preguntado, ¿por qué no lo hacen?

Para los que no hemos estado en su lugar es difícil de entender. Esto debido a que no sabemos que pasa por sus mentes ni mucho menos los miedos que esa mala experiencia les pudo haber causado. Al igual que muchos de nosotros, los investigadores Alice Hsiaw y Ing-Haw Cheng se plantearon la misma pregunta. En efecto, han desarrollado un artículo donde abordan este tema, sobre el que encontraron respuestas interesantes.

“La gente puede pensar que esta es una decisión individual, pero en realidad no lo es”

Durante el estudio, los investigadores pudieron detectar que denunciar un caso de abuso o acoso sexual en el lugar de trabajo puede ser difícil para las víctimas. De hecho, Hsiaw indica que “la gente puede pensar que esta es una decisión individual, pero en realidad no lo es”.

Para encontrar una respuesta a ese duro proceso de toma decisiones al que se enfrentan las víctimas, los investigadores utilizaron la “teoría de juegos”. Se trata de un método que permite “modelar los incentivos y desincentivos asociados con la denuncia de conductas sexuales inapropiadas”.

Eso les permitió anticipar las reacciones de la víctima, agresor, compañeros de trabajo e incluso de los gerentes (de aquellos responsables de velar por el cumplimiento de las políticas de convivencia en el lugar de trabajo).

“¿Habrá represalias si la víctima denuncia la mala conducta?” es una de las incógnitas que los investigadores buscaron responder

La teoría de juegos les permitió a los investigadores abordar peguntas como “¿Habrá represalias si la víctima denuncia la mala conducta? Si se denuncia la mala conducta, ¿se creerá a la víctima? ¿Y la persona que comete la mala conducta enfrentará alguna consecuencia como resultado?”

Estas les permitieron determinar que “las personas no denuncian la mala conducta debido a la incertidumbre estratégica sobre si otros informarán y corroborarán un patrón de comportamiento”. Adicional a ello, sugieren que los gerentes pueden evitar tomar partido por los subordinados.

Asimismo, indican que muchas veces estos casos se mantienen en secreto bajo una política conocida como “tanque de retención”. Esta evita que el caso salga a la luz hasta que no se reúnan cierta cantidad de reportes en contra del presunto agresor. Eso significa que la persona puede denunciar un abuso, pero si otras no presentan una queja similar su palabra no tendrán validez.

Precisamente, ese es uno de los grandes temores de las victimas de abusos y uno de los posibles factores que evita que acusen a sus agresores.

Referencia:

Reporting Sexual Misconduct in the #MeToo Era: www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/mic.20200218

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