Suena lógico pensar que con el avance en la distribución de las vacunas contra COVID-19 y la disminución de las infecciones por el SARS-CoV-2, las conspiraciones que tanto circularon en las redes el año pasado se extinguirían. Sin embargo, una de estas teorías, que plantea que el coronavirus salió de un laboratorio, aparentemente sobrevivió a un estado de catalepsia y es motivo de investigación nuevamente.

El presidente Joe Biden ordenó a las agencias de inteligencia de los Estados Unidos profundizar nuevamente en el origen del patógeno que detuvo al mundo por año y medio. Al igual que Trump, su interés radica en determinar si en realidad saltó de la naturaleza a los humanos, o si, por el contrario, su propagación fue resultado de una filtración a través del Instituto de Virología de Wuhan.

El origen de una teoría conspirativa que explicaba la pandemia

Como muchos saben, Donald Trump fue el principal representante de la teoría conspirativa que planteaba que el coronavirus se había escapado de un laboratorio de China, seguido por otros personajes de su círculo.

Partículas del SARS-CoV-2, causantes del COVID-19, alrededor del planeta Tierra.
Crédito: Photocreo Bednarek/stock.adobe.com

Durante su gobierno, la inteligencia estadounidense realizó investigaciones minuciosas sobre el origen del patógeno a fin de confirmar o descartar dicha posibilidad. Los resultados mostraron que no había evidencia de que hubiese ingeniería genética, por lo que era más probable que se desarrollara en la naturaleza, como sugirieron estudios independientes posteriores.

Pero esto no fue suficiente para el ex presidente. Y no conforme con los informes de investigadores de su propio país, dijo en una conferencia de prensa en abril de 2020 que había visto información clasificada que indicaba que el virus provenía del instituto de Wuhan. Pero el problema con estas declaraciones fue que no tuvieron suficiente sustento para tomarlas en serio; cuando le preguntaron qué evidencia tenía de ello, su respuesta fue “No puedo decirlo”.

¿Por qué se había descartado la teoría de fuga del laboratorio?

Con aproximadamente el 30 por ciento de los estadounidenses creyendo que el coronavirus salió de un laboratorio, en un país con una situación política tan caldeada y dividida, con el fanatismo como principal motivación, es difícil creer que el resultado de dicha investigación fuera suficiente para derrumbar los ánimos de los más adeptos.

Una de las razones que generó más rechazo hacia la teoría del fuga del coronavirus del laboratorio fue precisamente el escepticismo del público internacional hacia Trump. Partamos del hecho de que se trataba de una afirmación infundada, con claros matices racistas proveniente de un personaje que había negado problemas tan evidentes como el calentamiento global.

Mujer con mascarilla contra el coronavirus leyendo en su móvil teorías conspirativas.

Paradójicamente, fue también la popularidad de Trump la que llevó a muchos a desconfiar de la teoría del derrame a través de un murciélago o un pangolín. Muchos admiran a Trump precisamente por su forma tajante de que expresar sus ideas, su escepticismo y radicalismo.

Otra explicación es que también surgieron otras teorías conspirativas casi de forma simultánea; entre ellas, que la COVID-19 estaba vinculada con la tecnología 5G, o que las vacunas que se estaban diseñando implantarían microchips de rastreo en las personas.

Con tantas fake news sobre el coronavirus, las autoridades y las redes sociales tuvieron que intervenir para dar prioridad al acceso a información con bases científicas. Y esto, de cierta forma, ayudó a alivianar la indignación, mensajes de odio, discriminación y, en definitiva, la propagación de desinformación sobre la pandemia.

A ello sumamos la declaración firmada por varios científicos que afirmaban que el coronavirus no se había diseñado ni se había fugado del Instituto de Virología de Wuhan. Esta se publicó en la prestigiosa revista The Lancet.

Lo que revivió el interés por la teoría de fuga del coronavirus de un laboratorio

Con tantos puntos en contra, y con un buen panorama por delante respecto al fin de la pandemia, ¿cómo es que esta teoría vuelve a resurgir? ¿Se ha encontrado nueva evidencia que la apoye?

Pues bien, es difícil responder que “sí” a la última pregunta, ya que las pruebas son cuestionables. Pero al parecer hay informes de que varios trabajadores del Instituto de Virología de Wuhan se enfermaron en noviembre de 2019, antes de que el gobierno chino reconociera que había un virus nuevo propagándose. Pero debemos tener en cuenta que la afirmación se basó en informes extraoficiales de funcionarios de inteligencia.

Médico con traje aislante sostiene un globo terráqueo de plástico frente a un fondo azul.
Crédito: Jernej Furman/Flickr.

Luego, tenemos un conflicto de intereses bastante notorio. Se reveló que Peter Daszak, uno de los organizadores clave de la declaración publicada en The Lancet, tenía vínculos con el Instituto de Virología de Wuhan. Por si fuera poco, Daszak es el director de EcoHealth Alliance, una organización que financiada por EE.UU. para investigar la manipulación de virus en dicho instituto. Cabe destacar que las subvenciones de Daszak se cancelaron en abril de 2020, y luego fueron restituidas más adelante.

El absolutismo es bastante relativo en nuestro mundo, y parte de la base de nuestro avance como especie es el cuestionamiento. Así que, más que dejar evidencia de una conspiración, estos hechos nos recuerdan cuántos intereses, propios y políticos, ha habido en juego en esta pandemia.

Referencia:

COVID-19: why lab-leak theory is back despite little new evidence. https://theconversation.com/covid-19-why-lab-leak-theory-is-back-despite-little-new-evidence-162215

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