Aunque Venus lleva el nombre de la diosa griega del amor, en realidad es más parecido al infierno. A pesar de ello, lo poco que se sabe sobre este planeta terrorífico nos hace pensar precisamente en el que habitamos los humanos, lo que lo ha hecho merecedor también del apodo “hermano gemelo malvado de la Tierra”. Ahora un nuevo estudio sobre actividad tectónica en Venus arroja evidencia que le da más sustento.

Los hallazgos, publicados en la revista PNAS, alimentan la expectativa de que este inframundo planetario en realidad no está muerto. Puede que muy en sus adentros haya corrientes de calor y material fundido circulando y que lo hagan geológicamente activo.

El vínculo entre la actividad tectónica y la vida

Para comprender mejor las comparaciones entre Venus y la Tierra, podemos empezar hablando de nuestro hogar. La litostera terrestre, que comprende su corteza y manto superior, está conformada por placas que se mueven y chocan entre sí. Gracias a ello, sus paisajes se decoran con montañas, existen fosas océanos profundas y actividad volcánica y sísmica.

Como bien han mostrado varios estudios, la actividad tectónica también juega un papel importante en el ciclo del carbono, un potente gas de efecto invernadero. Este ciclo incluye los procesos de liberación y absorción del gas en los ecosistemas. Y bien sabemos cuán necesario es esta regulación de la cantidad de carbono en la atmósfera para la vida en nuestro planeta.

Científicos no habían podido comprobar actividad tectónica en Venus… hasta ahora

Venus tapando una luz.

Ahora bien, investigaciones previas nunca encontraron una actividad tectónica similar en Venus, pero tampoco han podido descartarlo. Es un buen momento para hablar de la “maldición de Venus” y la imposibilidad de larga data de entrar al planeta y estudiarlo con detalle.

Las observaciones desde la distancia son muy difíciles debido a las nubes espesas que cubren su superficie, y las misiones espaciales han sido mayoritariamente fallidas. Con temperaturas superficiales de hasta 471 °C y presiones superficiales 100 veces mayores a las de la Tierra, cualquier nave espacial que aterrizara allí se desintegraría.

Bloques gigantes que han estado empujándose en Venus

En esta oportunidad trabajaron con lo que tenían. Los científicos usaron las observaciones de la sonda Magellan, que orbitó Venus desde 1990 hasta 1994 que permitió trazar un mapa del planeta. Sin embargo, aplicaron un modelo informático novedoso capaz de reconocer las deformaciones que ha sufrido la superficie.

Así descubrieron bloques del tamaño de Alaska que parecen haber estado empujándose unos contra otros, tal y como las placas de la Tierra. Una conclusión plausible y apresurada sería que Venus podría tener actividad tectónica.

Sean Solomon, investigador de la Universidad de Columbia y coautor del nuevo estudio dice que este movimiento “está muy extendido en las tierras bajas de Venus y aboga por un estilo de tectónica global no reconocido anteriormente”.

Nuevas misiones hacia Venus podrían arrojar la respuesta

Pero no es momento de celebrar ni de dar por hecho nada. Lo que los investigadores notaron fue bastante diferente a la tectónica de placas actual en la Tierra. Puede que los patrones observados fueran una transición de un período anterior de tectónica de placas en Venus, de un período en el que se parecía más al nuestro.

Lo bueno es que la NASA y la Agencia Espacial Europea están planeando nuevas misiones hacia Venus. Y aunque aún son lejanas, puede que estas arrojen los datos necesarios para confirmar o descartar muchas de las especulaciones hechas en la distancia.

Referencia:

A globally fragmented and mobile lithosphere on Venus. https://www.pnas.org/content/118/26/e2025919118

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