El mundo parece estar dividido entre quienes aman el clima nublado y los que aman los días soleados, pero en realidad hay bastantes matices. Lo que sí parece ser cierto es que todos (o al menos la mayoría) estará de acuerdo en que la humedad en el aire se siente incómoda sobre nuestra piel.

¿Hay una explicación detrás de esto? Amar los días soleados no implica amar estar sudados, y amar los días de lluvia no implica amar vivir empapados. Entonces, ¿qué pasa con la humedad? ¿Qué la hace tan sofocante?

Fenómenos físicos que solemos ignorar

Podemos definir la humedad como la cantidad de vapor de agua que posee el aire, y su mayor o menor presencia puede dificultar la capacidad de regulación de la temperatura. Como de seguro muchos habrán notado, los días en los que la humedad es alta, solemos sentir más calor que en los días secos, y esto se debe a que limita la eliminación del exceso de calor corporal a través del sudor.

Meses atrás explicamos que el sudor es un mecanismo de regulación de temperatura que tenemos integrado. Cuando el sudor está sobre nuestra piel, el calor de nuestro cuerpo trabaja conjuntamente con el aire para evaporarlo. De este modo, podemos empezar a sentirnos frescos.

Mujer con ropa ligera al lado de un termómetro con altas temperaturas que influyen en la humedad.

Pero si el aire del entorno en el que estamos es muy húmedo, será más difícil que el sudor se evapore con la misma facilidad. Y, mientras menos se evapore la humedad sobre nuestra piel, nuestro mecanismos de enfriamiento funcionará menos. Es por ello que nos sentimos incómodos y acalorados durante los días húmedos.

Otro factor que actúa casi a la par con la humedad es la temperatura. Según los Centros Nacionales de Información Ambiental del Servicio Meteorológico Nacional de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), un aumento de 0,55 grados Celsius de temperatura equivale a un aumento de 4 por ciento del vapor de agua (humedad) en la atmósfera. Por ello, nos sentimos más térmicamente incómodos en verano que en invierno.

¿Podemos mejorar adaptarnos a los entornos con mayor humedad?

Por fortuna, nuestros cuerpos tienen la capacidad de adaptarse un poco a las altas temperaturas y la alta humedad. No por nada hemos llegado a este punto de la historia en la Tierra. Sin embargo, no lo hacemos tan rápido como ameritarían ciertas situaciones.

“Se tarda un promedio de nueve a 14 días en aclimatarse por completo, según el [nivel] físico, el tamaño corporal y la aclimatación previa”, dijo Larry Kenney, profesor de fisiología y kinesiología en Penn State.

El proceso ocurre en etapas. En las primeras, ocurre la dilatación de los vasos sanguíneos que permite un mayor flujo de sangre cerca de la superficie de la piel; así, el sudor puede salir fácilmente fuera del cuerpo. Esto, a su vez, da lugar a un descenso de la frecuencia cardíaca, y proporciona más líquido para la sudoración.

Finalmente, tres a cuatro días después, la tasa de sudoración comienza a aumentar, aunque el experto destaca que se trata de un adaptación temporal. Es probable que nuestra pierda esta adaptación térmica y su capacidad de tolerar la humedad tal y como perdemos parte de nuestra resistencia muscular al dejar de ir al gimnasio.

Referencia:

Heat and Humidity Dangers. https://www.weather.gov/oun/safety-summer-heathumidity

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