Si bien algunos podrían considerar que, para estar viviendo en el 2021, a Hollywood le hace falta seguir saliéndose de la caja, la verdad es que por durante más de 30 años la industria del cine tuvo que cohibir su espíritu creativo y dejarse llevar por el reconocido Código Hays.

Este fue el reglamento al Hollywood tuvo que regirse para evitar sanciones del gobierno de los Estados Unidos, que estuvo vigente desde 1934 hasta 1969.

El Código Hays obtuvo su nombre por William H. Hays, quien fue miembro del partido republicano y fue el primer presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine de América, también conocida como la MPPDA, por sus siglas en inglés.

Aunque puede pasar que muchos amantes del cine, actualmente, consideren que a la industria todavía le falta “retar al sistema”, si somos objetivos y evaluamos el Código Hays podemos concluir que están mucho mejor que antes.

Sin embargo, para darle valor a nuestra hipótesis, hemos decidido conversar con ustedes sobre los orígenes del código y y cómo este ha evolucionado a lo que ahora consideramos como autocensura.

Origen y aplicación

Barbara Stanwyck en la película ‘Baby face’ (1933).

Desde sus primeras producciones, el “viejo” Hollywood se vio acosado por las acusaciones públicas que denunciaban el nivel de contenido lascivo que se desplegaba en las primeras películas de la industria del cine americano, por lo mismo el gobierno estadounidense pensó que era su turno de interceder, por petición de la audiencia.

Ustedes pensarán: “¿es decir que esta no es la primera vez en la que la industria es controlada por el Estado?”, si somos objetivos, actualmente no vivimos en una censura controlada y penada por el gobierno como desde los años 30 a los 60, sin embargo, de eso hablaremos más adelante.

Por ahora, nos centraremos en 1915, el momento en el que la Corte Suprema de los Estados Unidos consideró que era necesario crear una junta nacional dedicada a la censura del contenido cinematográfico.

Cuando el gobierno consideró que era el momento de censurar el contenido de las películas y además tener control sobre cuáles salían “al aire”, y cuáles no, Hollywood decidió adelantárseles y darle vida al Código Hays, un método de censura que adoptaron para “limpiar su imagen” y evitar que el Estado tuviera la palabra final.

Algunos pensarán que el Código Hays es una forma de autocensura, pero no necesariamente. La autocensura se define como la acción de cohibir las propias ideas, por decisión autóctona, en cambio, este reglamento nació por una coacción del público y como una forma de evitar que las consecuencias del gobierno fueran peores.

Antes de darle vida al Código de Producción Cinematográfica, que tuvo en vigencia un total de 34 años, Hollywood decidió atacar con todo y crear la MPPDA, que nació en 1922 cuando los jefes de los estudios cinematográficos decidieron crear la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos.

William H. Hays fue nombrado como el presidente al que se le encomendó la misión de restablecer la imagen pública de Hollywood, y al mismo tiempo dictaminar los estándares morales de las producciones de la industria de cine americano.

Fue entonces, en 1929, cuando Hays se reúne con el editor católico Martin Quigley y el sacerdote jesuita Daniel A. Lord para elaborar el código de normas que sería adoptado desde 1930, luego de ser revisado por los dirigentes de todos los estudios.

El Código de Producción o Código de Hays tenía como función preservar la moralidad de las producciones, así como trazar las pautas de comportamiento al momento de abordar aspectos como escenas de sexo, violencia, blasfemia o lenguaje inapropiado.

Por ejemplo, las escenas pasionales fueron reducidas al mínimo, es decir, una cinta como ’50 sombras de Grey’ no podría haber visto la luz, ni siquiera de las salas en casa, en una época como la del Código Hays.

Los besos fueron minimizados al punto de que eran hasta cronometrados y ni hablar de las escenas violentas que quedaron echas polvo cuando la brutalidad y el uso de armas fue azotado por las nuevas leyes.

Sin embargo, no todos estuvieron dispuestos a cumplir el código al pie de la letra, mucho menos si en sus líneas se puntualizaban aspectos como que no se podría mostrar el ombligo bajo ningún aspecto.

Cintas como ‘A Farewell to Arms’ de Frank Borzage sufrieron las consecuencias de la censura cuando tuvieron que recortar toda su producción de tal forma de que hoy en día solo se conserva su versión “adaptada” y no la original. Otras producciones, como las de los hermanos Marx, fueron duramente juzgadas, sobre todo por lo audaces de sus parlamentos o por lo “exuberante” de sus protagonistas femeninas.

Sin embargo, maestros como Ernst Lubitsch entendieron que las reglas se hicieron para romperse, o por lo menos para intentarlo. Como, por ejemplo, ocurrió en ‘Notorius’ donde se proyectó el beso más largo durante la época del código, durando más de los 5 segundos estipulados en la ley, pero con un director como Alfred Hitchcock detrás del lente para juzgar con las “letras pequeñas”.

Rompiendo el código

Greta Garbo como ‘Queen Christina’ (1933).

Es evidente que si el Código Hays existió por durante 30 años, para evitar las inmoralidades e improperios que podían alterar los nervios de la audiencia conversadora de la década de los 30, muchas “minorías” iban a quedar por fuera de la industria del entretenimiento. Sobre todo, la comunidad homosexual.

Si un beso no podía durar más de 5 segundos, imagínense qué pasaba con los actores homosexuales, queers o trans de la época. Por supuesto que tuvieron que pasar desapercibidos y ni hablar de no soñar con una producción que les hablara directamente a ellos y a sus historias.

Producciones como ‘Pose’ o ‘Queer Eye’ no podrían ver la luz de sus estrenos, mucho menos cintas como ‘Call Me By Your Name’ o ‘Carol’ podían soñar con optar a reconocimientos de la Academia y de los grandes festivales.

Si nos sentamos a comparar la época del código junto con la que vivimos, es casi imposible no destacar los cambios notorios en la industria del cine, y, si bien queda por cumplir, la verdad es que para los años 30 a los 60, los homosexuales eran tapados con una sábana y menospreciados hasta por una de las formas de artes más impactantes a nivel mundial.

Tras la llegada del Código Hays, se prohibió que cualquier perversión sexual apareciera en pantalla, y, si buscamos en nuestro diccionario de la lengua “muy muy antigua” ese término sale justo al lado del sinónimo: no mostrar relaciones homosexuales.

Como el código pretendía prácticamente arrancar desde la raíz cualquier aspecto que se considerara indecente para la comunidad, los censores de la MPPDA contaban con el poder de cambiar los diálogos y las escenas a su antojo, y eso fue justo lo que ocurrió con ‘La Reina Cristina de Suecia’, donde la relación de la monarca con una de sus sirvientas quedó eliminada de la cinta.

Al igual que muchas producciones de la realeza, la historia se centra en uno de los tantos rumores que afirmaban que la Reina Cristina sostuvo una relación amorosa con una de sus sirvientas, lo que la convirtió en uno de los grandes iconos lésbicos de la época, junto con Greta Garbo, quien fue la actriz encargada de darle vida a la reina.

Las insinuaciones se volvieron el artilugio perfecto de los creadores, siendo uno de los recursos más utilizados para poder “colar” entre los reglamentos a los personajes e historias homosexuales, como fue el caso de Joel Cairo en ‘El Halcón Maltes’.

A través de la música, su comportamiento en las escenas y hasta su olor, el equipo de la producción jugó con la imaginación para dejar bien en claro cuáles eran los intereses del personaje interpretado por Peter Lorre, cuidándose de los censores del código.

Sin embargo, con el paso de los años, incluyen el fin de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, las insinuaciones se quedaron de lado, poco a poco. Lo que llevó a los censores a ser más estrictos, sin imaginarse que poco después su código quedaría en desuso.

El Código Hays vio su fin en la década de los sesenta, donde la categorización por edades entro en vigor y la “normalidad” se sintió parte del cine. Fue justo 5 años después del quiebre del código, cuando los disturbios de Stonewall tuvieron lugar en la ciudad de Nueva York, y se logró que tal historia fuera llevada a la pantalla, sin ningún censor que la prohibiera.

De la censura a la autocensura

Liu Yifei como ‘Mulan’ (2020) de Disney Plus.

Ahora bien, el momento que algunos quizás estaban esperando: hablemos de censura y autocensura. Si nos han seguido la pista, ya habrán entendido que el Código Hays, que nació desde las intenciones de Hollywood de evitar conflictos políticos, es considerado por algunos como el primer acto de autocensura de la industria.

Sin embargo, creemos que la línea de diferencia es muy fina. Hollywood fue prácticamente coaccionado a crear el reglamento para evitar que el gobierno se pusieran mucho más “literales” con las penalizaciones.

A ver, no es que creemos que un beso no pueda durar más de 5 segundos o que mostrar el ombligo es ideal, pero, estas decisiones se tomaron por un pueblo conservador que estaba dispuesto a llevar a toda una industria a la quiebra si las producciones no se adaptaban a sus demandas.

No obstante, consideramos que, por ejemplo, el hecho de que Disney no haya podido poner canciones en el live action de ‘Mulan’, o que Mushu haya quedado por fuera de la cinta, es un acto de “autocensura” con todas sus letras que la compañía del ratón eligió hacer para evitar que conflictos políticos con China y además para lograr que la cinta se “vendiera” en el continente asiático.

La censura es una ley explícita que implica en qué no ocurrir para evitar ser penalizado, la autocensura es simplemente el temor a salirse de la caja por el qué dirán, o los beneficios propios. Piénselo de esta forma: censura es que alguien les prohíba decir algo, autocensura es su decisión de no decirlo para evitarse problemas.

Si llevamos este ejemplo a la vida real, una cosa es que tu pareja te mande a callar y otra muy distinta es que prefieras no decirle lo que piensas para evitar una discusión innecesaria. ¿Sí lo ven?

Entonces, siguiendo con este hilo de comunicación, que solo pocos espacios como plataformas como Netflix se atrevan a, por ejemplo, ser tan directos con temas polémicos como la homosexualidad, las enfermedades de transmisión sexual, el consumo de drogas, la diversidad de género, entre otras cosas, parece casi inaudito, entendiendo que el Código Hays no existe desde hace años.

Pareciera que Hollywood quedó tan marcado por esos 30 años que, de forma automática, prefieren callar sus ideas antes de romper el molde y ganarse uno que otro mal comentario, pero quizás, solo quizás, ganarse el corazón de muchos.

Por supuesto que hay producciones que la sacan del parque, y que solo buscan transmitir su mensaje aunque a muchos les parezca crudo, y “muy real”, como ‘Parasite’, o hasta ‘Euphoria’ de HBO. Sin embargo, otras cadenas siguen tratando abordar temas de importancia con un toque muy sutil, como si estuvieran tratando a la audiencia con pinzas.

Claro, no queremos que ahora todo se malinterprete y que pienses que la fantasía debe quedar eclipsada por la realidad, pero, ¿por qué no dejar que solo Disney se encargue de “hacernos vivir la magia” y que otras compañías se enfoquen en dejar mensajes claves que sumen a las minorías? Cuéntanos qué producción sientes que se sale de la caja y cuál se dejó llevar por la autocensura.

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