Investigadores del Imperial College de Londres desarrollan una tecnología que promete cambiar el futuro de los aparatos electrónicos. Todo ello, al explotar las cualidades que ofrece un metal conocido como bismuto.

Este no es más que un “metal cristalino, blanco grisáceo, lustroso, duro y quebradizo. Es uno de los pocos metales que se expanden al solidificarse. Su conductividad térmica es menor que la de cualquier otro metal, con excepción del mercurio”. En la actualidad, se emplea en soldaduras especiales, sellos de seguridad para cilindros de gas comprimido e incluso en compuestos farmacéuticos para enfermedades como diarrea, acidez y pesadez estomacal.

Bismuto: un metal que proveería energía a los dispositivos electrónicos

Además de emplearse en las áreas señaladas, el bismuto podría ser de gran utilidad en el sector de los semiconductores. Particularmente, como un componente que proveería energía limpia a ciertos dispositivos electrónicos.

“El bismuto tiene propiedades electrónicas únicas que no solo lo convierten en un buen candidato para las células solares, sino que lo hacen ideal para uso en interiores, un lugar donde la energía fotovoltaica tradicional no funciona muy bien”, explica Robert Hoye, profesor del departamento de materiales del Imperial College de Londres.

Básicamente, lo que Hoye quiere decir es que este metal podría suplir las necesidad de adquirir baterías “en miles de millones de dispositivos electrónicos de interior, como sensores domésticos y monitores de salud”.

Este metal es amigable con el medio ambiente

En comparación con otros metales (como el plomo, cadmio y telurio), el Bismuto no es toxico. Por tanto, “si termina en un vertedero, no filtrará metales tóxicos en el suelo y el agua”, convirtiéndose en un material amigable con el medio ambiente. Esta particularidad sumada a su capacidad para absorber la luz, lo convierten en el reemplazo ideal para las baterías tradicionales.

Como has podido notar, este elemento puede reemplazar las fuentes de alimentación que hasta ahora conocemos de los aparatos electrónicos. La pregunta ahora es, ¿por qué los expertos han tardado tanto en explotar sus virtudes?

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