A medida que mejoramos nuestra tecnología y conocimientos científicos, mayores serán las incursiones que podremos hacer en el cosmos. Sin embargo, es tan poco lo que sabemos sobre él y sus efectos, que aún debemos preocuparnos por determinar cómo una exploración profunda del mismo podría afectarnos. Para el caso actual, un grupo de investigadores intentó determinar si viajar al espacio podía dificultar el tener descendencia.

Para comprobarlo, en equipo internacional con investigadores de Estados Unidos y Japón trabajó con esperma de ratones. Luego de adquirirlo, se lo envió a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) y se lo dejó por años allí. De ese modo, intentaron replicar la exposición a la radicación espacial que viven los astronautas.

El primer desafío, conservar el esperma en el espacio

Ratón blanco sobre fondo negro.
Vía Wikimedia Commons.

A diferencia de en la Tierra, en la ISS los astronautas no cuentan con espacios en los que se pueda almacenar efectivamente el esperma de formas convencionales. Es decir, no se lo puede mantener a largo plazo debido a que la estación carece de congeladores para el almacenamiento celular.

Fue por ello que entonces se optó por liofilizar las 12 muestras de esperma de cada ratón que se utilizó en el experimento. Mientras dicha docena estuvo en el espacio, un par espejo, proveniente de los mimos ratones, se mantuvo en la Tierra.

Una vez en la estación, el esperma se expuso a la radiación espacial –que en la ISS es 100 veces más fuerte que en nuestro planeta– durante entre 3 y 6 años. Luego de ello, se lo trajo de vuelta a la Tierra para averiguar, luego de rehidratarlo, si aún era capaz de fecundar un óvulo.

El esperma se mantuvo funcional y la descendencia de los ratones fue sana

Ratones blancos cuyo esperma fue sometido a radiación espacial para averiguar si aún serían capaces de dejar descendencia.
Vía Wikimedia Commons.

Al final, el esperma “espacial” terminó por dar vida a más de 240 “ratones del espacio” completamente sanos. Para asegurarse de ello, el equipo de investigación analizó el ADN de los roedores y los comparó con sus contrapartes terrestres.

Sus resultados no revelaron diferencia alguna a nivel genético entre unos y otros ratones. Por lo que, se pudo concluir que el tiempo de exposición a la radiación espacial no fue dañino para la capacidad reproductora de los ratones, ni para el bienestar de su descendencia.

Una vez las “crías espaciales” alcanzaron la edad adulta, los investigadores también monitorearon a sus vástagos. Nuevamente, no se observó evidencia de que viajar al espacio del esperma de sus abuelos afectaran de algún modo la salud de la descendencia en segundo grado.

Viajar al espacio no parece afectar la posibilidad de tener descendencia

En resumen, la investigación recientemente publicada en Science Advances nos presenta un futuro prometedor para la exploración espacial. Después de todo, señala que una exposición prolongada a la radiación del espacio durante uno o varios viajes no debería afectar la capacidad de tener descendencia posteriormente.

Es claro que, como el experimento trabajó con esperma liofilizado, solo se ha comprobado la capacidad de supervivencia de los espermatozoides en dicho estado de deshidratación. En todo caso, todavía faltaría averiguar si, al remover el proceso de conservación, los espermatozoides aún son capaces de sobrevivir.

Claramente, dicha idea requerirá el desarrollo de más experimentos futuros. Por lo que, hasta el momento, no se tiene una respuesta definitiva sobre el efecto viajar al espacio podría tener sobre los humanos o su capacidad de tener descendencia. Pero, al menos, se presenta un panorama prometedor que nos sugiere que nuestras visitas al espacio podrían tener menos consecuencias negativas de las esperadas.

Referencia:

Evaluating the long-term effect of space radiation on the reproductive normality of mammalian sperm preserved on the International Space Station: https://doi.org/10.1126/sciadv.abg5554

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